martes, 8 de febrero de 2011

El dios de cada uno de Francisco Mora

Desde que Roger Bacon iniciara el curso de la ciencia moderna distanciándola con firmeza del dominio de la razón, la filosofía ha tenido una relación complicada con las llamadas ciencias de la naturaleza, acentuando su divorcio en el curso del siglo pasado. Sabemos que Descartes, Leibniz, Kant, Nietzsche y otros filósofos modernos estuvieron al tanto de los descubrimientos y teorías científicas de sus épocas, llegando en ocasiones a estar sus filosofías sumamente comprometidas con ellas (la metafísica kantiana, por ejemplo, con la física de Newton); sin embargo, desde Dilthey, Husserl y Heidegger se ha instalado un prejuicio general en contra de las ciencias naturales. Está fuera de discusión si las críticas de estos filósofos son o no válidas; podríamos estar perfectamente de acuerdo con ellos, pero esto no debería habernos llevado a la situación actual donde son escasas las ocasiones de diálogo entre filósofos y científicos. La filosofía analítica sí ha mantenido ciertas vías de diálogo, pero ella carece del bagaje histórico sobre el que la filosofía continental se ha desarrollado. En la actualidad, dos parecen ser los ámbitos científicos que más prometen para el interés filosófico: la física cuántica y la neurociencia.

Francisco Mora es un prolífico ensayista en temas de neurociencia. En esta ocasión aborda una cuestión no sólo polémica, sino además compleja, pero lo hace con una mirada lo suficientemente aguda como para no caer en posiciones carentes de rigor metódico. En El dios de cada uno se pregunta por las razones del monoteísmo, buscándolas en las condiciones cerebrales que, aun cuando anatómicamente sean casi las mismas desde hace quince mil años, habrían hecho que hace sólo cinco mil años apareciese entre nosotros -y con rotundo éxito- la idea de un dios único. El autor se remite a Moisés, pero, como se sabe, en la tradición filosófica el surgimiento del monoteísmo se remonta a los presocráticos y alcanza su forma más acabada con la idea platónica del Bien. Allí tiene el filósofo contemporáneo motivo suficiente para interesarse en lo que pudiese decirle la neurociencia sobre su propia constitución como metafísica. No obstante, puede también proyectarse a su situación actual, en la que la metafísica tradicional ha sido denunciada, para evaluar los alcances de la tesis del autor: la idea de Dios fue una invención necesaria para la supervivencia humana. Teniendo en cuenta ese télos, cabe preguntarse si ahora seguirá siendo igualmente necesaria. Nietzsche, como fisiólogo, estaría "en su salsa".


Título: EL DIOS DE CADA UNO. POR QUÉ LA NEUROCIENCIA NIEGA LA EXISTENCIA DE UN DIOS UNIVERSAL
Autor: FRANCISCO MORA
Formato: 16 x 23 cms.
Páginas: 296
Editorial: Alianza Editorial
Ciudad: Madrid
Año: 2011
ISBN: 978-84-206-8321-8

Reseña editorial:
La idea del Dios único y universal es muy joven. Nació a la vez que la escritura, hace apenas unos 5.000 años. ¿Por qué si el cerebro humano actual tiene una conformación anatómica idéntica a la del hombre de hace unos 15.000 años se tardó tanto en alumbrar la idea de Dios? ¿Se debe esta idea a Moisés? ¿Existió realmente Moisés? ¿Han contribuido las enfermedades mentales a consolidar las ideas sobre Dios? Si en esos tiempos hubiese habido la medicación antiepiléptica de nuestros días ¿hubiera sido Pablo de Tarso san Pablo y, sin su enfermedad, hubiera existido el cristianismo? ¿De dónde arrancan las concepciones de lo sobrenatural? ¿Qué es el pensamiento mágico? ¿Está Dios en el mundo real? ¿Qué es la realidad? En el mundo de hoy las ideas religiosas se desvanecen. Estamos entrando en la era de la post-religión. La Física sugiere un principio del Universo que no necesita de ningún Dios, ni tampoco Dios parece necesario para explicar el origen del hombre. La idea de Dios fue construida por el cerebro humano porque es útil a la supervivencia. Hoy la Neurociencia nos enseña que la idea de Dios se construye por los sistemas cognitivos del cerebro sin ninguna connotación especial ni sobrenatural, tal cual lo hace para otras ideas y buscando un propósito, aquel de la supervivencia. Dios no existe en el mundo. Dios no existe más allá de la existencia del hombre. Al hombre sólo le queda ese sentimiento último, personal, incomunicable con el que crea su propia religiosidad con la que nace y muere.

Página Web de Alianza Editorial.

12 comentarios:

  1. Convendría que Francisco Mora leyera el artículo que próximamente se publica en la Revista de Neurología volumen 52, número 04, página 0253, 2011. Creo que el reduccionismo de Don Francisco es patente.

    Dr. Amadeo Muntané Sánchez
    Departamento de Neurorradiología
    Hospital Universitario de Bellvitge

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    1. VA A A DECIR ESA PAGINA QUE DIOS EXISTE

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  2. Gracias por la información. Si existe la posibilidad de divulgar ese artículo por vía digital, no dude en hacérmelo saber para publicarlo en esta página.

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  3. Amadeo Muntané Sánchez, la neurociencia me apasiona. No tengo estudios en medicina, pero he intentado leer y entender, todo lo que mi tiempo "libre" me permite, lo que han escrito neurocientíficos de prestigio -la mayoría poco mediáticos- sobre el cerebro y la mente.
    Francisco Varela y Damasio Alonso llegaron tarde en mi lectura, pero aprendí mucho de las emociones, sentimientos y los actos!
    Por favor, si puede aconsejarme alguna buena lectura se lo agradecería.
    Atentamente, S.Navarro

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  4. Antes de la escritura, lo hombres creían (crearon en su ignorancia) a los dioses. Mucho más tarde, surgieron los monoteismos, tal vez para sobrevivir del mundo que no entendían. El hombre moderno es de hace unos 100.000 años, la escritura es de unos 5.000 años, y coexistieron monoteismos y politeismos. La idea de dios estaba y está en nuestro celebro, pero es una quimera, fábula e impostura

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  5. Es solo un escandalo, otro nino haciendo pataletas en el agua. y me encanta que recordemos algo "Dios ha Muerto" Nietzche ...."Nietzche ha Muerto" Dios. Si Dios de verdad solo fuera un cuento humano, en ese mismo instante no habrian creyentes. Nisiquiera existiria la religion. y Que sentido tiene la vida si hay muerte? Para que existir si igual vamos a morir, la vida no tiene sentido si existe la muerte, la vida solo tiene sentido cuando hay vida eterna.

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    1. ¿ Qué sentido tiene la vida si hay muerte ? el hombre es un ser biológico - social. Sobrevivimos en nuestros descendientes y sobrevivimos también en la estructura social. Ese es el sentido de la vida o como afirma Nietzsche somos puentes entre el hombre y el súper-hombre del futuro.
      Precisamente la idea de dios es la que genera ese malestar existencial y miedo absurdo a la muerte. No hay dios ni más allá sólo el aquí y ahora, lo demás es consuelo para quienes no aceptan la realidad tal cual es.

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  6. O sea, que según "michin" como no nos conformamos con tener una vida corta que inevitablemente se acaba con la muerte, tenemos que inventarnos una vida "eterna" para justificar el por qué vivimos.
    !Vamos! Lo del avestruz, como no me gusta que la vida sea tan corta, pues nos inventamos un dios y el camino hacia la eternidad y de paso viven como dioses muchos clérigos.

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  7. por qué la ciencia dice que el universo tiene una estructura matemática---en física,química y biológica-------seria bueno responder a esa pregunta.....MOllendo

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  8. Supongo que la vida de tu perro tampoco tiene sentido si va a morir, Michin. Somos seres vivos como cualquier otro en este planeta, y formamos parte del ciclo vital. Lo de la vida eterna es una fantasía de tus neuronas.

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  9. Justo al revés, el ser humano ha creado el lenguaje matemático para que se ajuste a la naturaleza del universo.

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  10. El reduccionismo biológico del que se jacta el Dr. Mora es bastante lamentable. Este hombre se mueve a un nivel completamente diferente al que realmente está el ser humano. No doctor, no todo está en las conexiones cerebrales. El amor, la felicidad… no consiste en la activación de ciertas zonas del placer, porque el cerebro, que según usted es tan listo, no sabe que esas zonas son de placer, somos nosotros los que interpretamos esas sensaciones, es nuestra conducta la que expresa el amor y la felicidad. CONDUCTA, NO CEREBRO.

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