jueves, 17 de febrero de 2011

Discusión sobre el pecado entre Bataille, Daniélou, Hyppolite, Klossowski y Sartre

París, 1944. La guerra no ha acabado aún, sino que recrudece, pero las discusiones filosóficas se mantienen en la capital francesa a la par que los actos de resistencia. En ese contexto, para bien o para mal, Georges Bataille era un escritor muy influyente. Curiosa época, aquella en la que los parisinos se entusiasmaban por un escritor que quería organizar un ritual de sacrificio humano. Hubo quienes se ofrecieron como víctimas; no se crea que no. Lo que no hubo fue alguien que aceptara ser el verdugo; ni siquiera el buen Bataille, con su pecado y su culpa. Por esos años había publicado también su Summa Ateológica, compuesta por tres libros (El culpable, La experiencia interior y Sobre Nietzsche), que más que un tratado de ateísmo era una confusa mezcladera de las alucinadas experiencias, lecturas y pensamientos del autor. Curiosa época, aquella en la que podían reunirse, a pesar de todo, Georges Bataille, Pierre Klossowski, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Maurice Merleau-Ponty, Jean Hyppolite, Maurice Blanchot, Gabriel Marcel, Maurice de Gandillac, el jesuita Jean Daniélou, entre otros, reunidos todos en la casa de Marcel Moré. En realidad, todos esperaban una confrontación entre Bataille y Sartre. Éste, unos meses antes, había escrito el artículo "Un nuevo místico" con duros comentarios sobre La experiencia interior de Bataille; en particular sobre su uso del lenguaje, calificándolo como meramente exhibicionista y carente de provecho alguno.

Sabemos que Sartre no es el menos dogmático de los filósofos en lo que se refiere a juicios literarios, pero esta vez sus críticas dan en el blanco y hasta resultan empáticas. En ellas no encontramos sólo a monsieur Sartre - es más, diría que éste se cuida de que no lo encontremos en absoluto. Allí tenemos más bien a todo filósofo -a la filosofía misma, si se quiere- exigiendo rigor intelectual frente a los sueños especulativos del visionario de moda. A Nietzsche inclusive, malgre Bataille, que lo reclama para sí en tanto "que Nietzsche advirtió: la falsedad de los predicadores que dicen haz esto o aquello" (Diario). Bataille piensa en el predicador Sartre, pero "olvida" que Nietzsche también dice haz esto o aquello, y que Zarathustra también es un poeta mentiroso. Ciertamente, uno lee a Bataille y encuentra una retórica hueca que hace agua por todas partes, inconsistente y a veces inentendible. Ante el arrinconamiento de Sartre, el escritor mismo lo admite: "Sólo hablé desde una posición insostenible". Pero el orgullo del autor místico es una objeción seria para el filósofo.

¿Por qué leer entonces este libro? En primer lugar, porque no es frecuente encontrar discusiones de este tipo editadas y menos en nuestro idioma. En segundo lugar, porque Bataille tiene una actitud respecto a Nietzsche que, aunque me parece que no la desarrolla bien, es mucho más honesta que la de aquellos que quieren cristianizar a Nietzsche. Esa actitud es la de no querer cambiar una sola de las líneas de éste contra el cristianismo, sino incluso acentuarlas, para que de esa negación radical espontáneamente surja un mejor cristianismo, un "hipercristianismo" sin cristianismo. Eso no es lo que Nietzsche quisiera de sí, dado que él sí propone dejar atrás el cristianismo, pero Bataille es libre en sus querencias. Y en tercer lugar, conviene leer esta discusión porque en ella uno puede ver, como he dicho antes, una actualizada defensa de la filosofía, encarnada por Sartre, similar a la de Platón contra los sofistas, la de Kant contra Swedenborg o la de Nietzsche contra la moral de esclavos del vulgo. La Discusión sobre el pecado, que empieza con una recensión hecha por Klossowski de las tesis principales del texto "La cima y la decadencia" (que Bataille colocaría después como capítulo de su Sobre Nietzsche) y un comentario del cura Daniélou, incluye también comentarios sobre la amistad, la risa, el tedio, la ambivalencia de lo sagrado, el ser y la nada, etc.

Me imagino a Camus. ¿Por qué estaba allí? El pecado no podía interesarle demasiado, pero sí que se discutiese sobre Nietzsche. La grabación sólo registra su silencio. Yo daría mi reino por saber lo que se dijo a sí mismo. A lo mejor no me equivoco y miraba -como yo- con una mirada amable al niño Bataille. Por otro lado, a su amigo Sartre, lo vería como alguien que se tomaba quizá demasiado en serio las travesuras literarias del pueril escritor, pero también como el filósofo que está en todo su derecho de denunciar la falta de coherencia y de integridad intelectual de esa "mística" que lo soporta todo y bajo cuya protección Bataille bien podía vender gato por liebre, como de hecho lo hacía. ¡Y vaya que lo hacía!


Título: DISCUSIÓN SOBRE EL PECADO
Autor: GEORGES BATAILLE (ET AL.)
Formato: 14 x 20 cms.
Páginas: 120
Editorial: Paradiso
Ciudad: Buenos Aires
Año: 2005
Traducción: Américo Cristófalo y Hugo Savino
ISBN: 978-987-940-949-3

Reseña editorial:
"Puesto que el hacha caía sobre la cabeza de la víctima, cuando el ejecutor del sacrificio se acercaba a ella no tenía la posibilidad de escapar al sentimiento de culpa que se le imponía sino por medio de una actuación muy grosera, y que no tenía ningún contenido. Me parece que el sacrificio antiguo era más entero, comparable al sacrificio asumido por un cristiano que se hundiera voluntariamente en el pecado y pensara que no puede evitar descender al abismo para que la redención se cumpla". Georges Bataille.

Página Web de Paradiso Editores.

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