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domingo, 7 de febrero de 2016

La idea del socialismo de Axel Honneth

El filósofo y sociólogo Axel Honneth (Essen, 1949), director del Instituto de Investigación Social de la Universidad Goethe de Frankfurt, recientemente ha publicado por la editorial Suhrkamp un nuevo libro: Die Idee des Sozialismus. Versuch einer Aktualisierung (La idea del socialismo. Intento de una actualización). Honneth retorna en este escrito a los orígenes del socialismo, para identificar su idea fundamental: la idea de libertad social. Partiendo de ese núcleo, que coloca a la historia en clave hegeliana, revisa las razones por las que el proyecto socialista finalmente fracasó. Dicha revisión, desde luego, está dirigida a la posibilidad, no de un retorno sino de una nueva versión del proyecto, fiel con su idea básica pero acorde con la realidad del siglo que acabamos de empezar. Lo que le interesa al filósofo, claro está, es la discusión sobre los conceptos del socialismo. Es con un debate conceptual renovado que puede perfilarse dicha posibilidad. Por eso, en lugar de agotar las municiones en determinados movimientos políticos recientes, urge más teorizar, actualizando la idea del socialismo. Honneth propone aquí una actualización posible entre otras, bajo el ideario de la libertad. Ahora bien, ¿por qué insistir en el socialismo pese a su fracaso? No se trata de una obstinación académica o ideológica, sino que, para Honneth, el socialismo ofrece una fuente de "orientación ético-política" de la que carece la tradición capitalista en sus 150 años de dominación normativa. No obstante, la teoría socialista debe ser reformulada: los antiguos teóricos estaban demasiado interesados por ubicar dicho concepto de libertad en la esfera económica, mientras que cada vez más se trataba de atender al concepto político de la libertad. Ello permitiría apreciar también por qué el socialismo perdió su fuerza: sus supuestos teóricos provenían de la época industrial. Esto resulta polémico, puesto que, si bien es cierto que el socialismo no supo trascender cierta ortodoxia economicista, podría verse, desde otra óptica, que el socialismo actual ha perdido casi enteramente ese asidero "científico" que hacía a Marx y a Engels distinguirse de los socialismos meramente utópicos y del hegelianismo. Pero Honneth no desatiende lo económico; propone colocarlo en el marco normativo de la solidaridad. En todo caso, esto es precisamente lo que hay que discutir: los fundamentos y los alcances de la idea de libertad que se busca aún hoy ante la indignación por las condiciones de vida del capitalismo, adecuando dicha idea a nuestros conocimientos y experiencias actuales; es decir, dentro de una forma de vida democrática. Sólo si tenemos éxito en esta empresa, sostiene Honneth, la confianza en el proyecto socialista se puede recuperar.

Título: DIE IDEE DES SOZIALISMUS
Autor: AXEL HONNETH
Formato: 12,5 x 20,5 cm.
Páginas: 168
Editorial: Suhrkamp
Ciudad: Berlín
Año: 2015
ISBN: 978-3-518-58678-5

Reseña editorial:
Die Idee des Sozialismus, die der Empörung über die kapitalistischen Lebensbedingungen für mehr als 150 Jahre normativen Halt und geschichtliche Orientierung gegeben hat, scheint heute jegliche Zugkraft verloren zu haben. Trotz eines wachsenden Unbehagens lässt sich gegenwärtig jedenfalls kaum jemand dazu hinreißen, in ihrem Namen noch einmal Vorstellungen einer Lebensform jenseits des Kapitalismus zu entwerfen. Wie ist das rapide Veralten dieser einst so faszinierenden Idee zu erklären? Und was müssen wir tun, wenn wir sie für unsere Zeit retten wollen?

Página Web de la editorial Suhrkamp.

El índice y las primeras páginas pueden verse aquí.

domingo, 13 de julio de 2014

Vivisección de una época de Axel Honneth

El filósofo y sociólogo Axel Honneth (Essen, 1949) es el miembro más prominente de la tercera generación de la Escuela de Frankfurt, de la que forma parte como director del Instituto de Investigación Social de la Universidad Goethe de Frankfurt. En sus primeros escritos, Honneth seguía a su mentor, Jürgen Habermas, quien había planteado su teoría de la acción comunicativa como herramienta para llevar adelante la teoría crítica, con una suerte de trascendencia inmanente en la intersubjetividad; esto es, con un "universal racional" de orden discursivo. Influido luego por la teoría de la acción de Hans Joas, la teoría del poder de Michel Foucault y la teoría de la cosificación (o reificación) de György Lukács, Honneth volvió sobre la eticidad hegeliana para desarrollar una gramática moral de los conflictos sociales en su obra más conocida. Allí afirma: "La pretensión de los individuos a un reconocimiento intersubjetivo de su identidad es la que, desde el principio, como tensión moral, se aloja en la vida social; la que en cada momento sobrepasa la medida institucionalizada en cuanto a progreso social, y de ese modo, por el camino negativo de un conflicto repetido de escalones, conduce a una situación de libertad vivida comunicativamente". (Lucha por el reconocimiento, p. 13). Desde entonces, Honneth ha venido explorando distintos episodios en la vía del reconocimiento, en diálogo con otras aproximaciones de la filosofía social, la filosofía moral, la filosofía política y la psicología social. A inicios de este año publicó El derecho de la libertad (traducido casi de inmediato al castellano por la editorial Katz), que ha sido denominado por la prensa alemana como "un acontecimiento en la historia de la reflexión teórica" (Die Welt), y en el que ha querido fundamentar una "eticidad democrática". Apenas unos meses después, la editorial Suhrkamp acaba de publicar su nuevo libro: Vivisección de una época. Retratos de la historia de las ideas del siglo XX. Esta obra constituye una mirada reflexiva sobre la propia actividad teórica y su relación con la realidad social. Para ello, Honneth se ha servido del concepto de vivisección, que significa la intervención sobre un organismo vivo con la finalidad de conocer mejor el funcionamiento de sus órganos. Eso es lo que Honneth ve en los teóricos que retrata aquí; teóricos sociales como Franz Rosenzweig, filósofo y teólogo judío que influyó en Benjamin y en Levinas; Siegfried Kracauer, teórico del cine y sociólogo frankfurtiano, amigo de Adorno, Benjamin y Bloch; o la politóloga de Harvard, Judith Shklar. Entre otros, ellos indagaron en los dramáticos acontecimientos de ese organismo enfermo que fue la primera mitad del siglo XX (inicios del siglo, República de Weimar y Holocausto, respectivamente) para realizar conceptualizaciones razonables de la historia, la sociedad y la política. Así, este libro es un homenaje a la teoría crítica y su intento por hacer frente a los desafíos del tiempo presente a través de esa forma de actuar en el mundo que es la razón inconformista.
 
La obra está compuesta por los siguientes once capítulos:
1. El legado ambivalente de Hegel. Franz Rosenzweig a principios del siglo
2. La lógica del fanatismo. La arqueología de John Dewey de la mentalidad alemana
3. Fenomenología del mal. La obra olvidada de Aurel Kolnai
4. El realista destructivo. Hacia el legado filosófico social de Siegfried Kracauer
5. Determinante de nuestro pensamiento. El poder no reconocido de Robin G. Collingwood
6. Tentaciones de un liberal. Helmuth Plessner ante el nacionalsocialismo
7. Los peligros del nosotros. Tendencias socialistas en la obra de Amitai Etzioni
8. Los límites del "homo oeconomicus". Hacia el legado intelectual de Albert O. Hirschman
9. La historicidad del miedo y del daño. Rasgos socialdemócratas en el pensamiento de Judith Shklar
10. La escritura de la historia como liberación. La revolución de la historia de las ideas de Quentin Skinner
11. "Después del Armagedón". Hacia la teoría social de Jan Philipp Reemtsma


Título: VIVISEKTIONEN EINES ZEITALTERS
Autor: AXEL HONNETH
Formato: 10,9 x 17,8 cm.
Páginas: 308
Editorial: Suhrkamp
Ciudad: Berlín
Año: 2014
ISBN: 978-3-518-12678-3

Reseña editorial:
Der Begriff Vivisektionen bezeichnet Eingriffe an lebenden Organismen, die dem Zweck dienen, mehr über ihre Funktionsweise herauszufinden. In gewisser Weise wenden ein solches Verfahren auch die Theoretiker an, die Axel Honneth hier porträtiert: Sie greifen mit ihren Entwürfen in den Fluss der Ereignisse ein, um ihm Erkenntnisse abzuringen, die sie für ihre Theorien fruchtbar machen können. Ob nun Franz Rosenzweig zu Beginn des Jahrhunderts, Siegfried Kracauer während der Weimarer Republik oder Judith Shklar im Schatten des Holocaust, sie alle ziehen aus ihren Vivisektionen der Gegenwart Rückschlüsse auf einen angemessenen Begriff der Geschichte, der Gesellschaft oder der Politik.
 
 

viernes, 29 de marzo de 2013

Call for Papers: Estudios Hegelianos Nº 3

CFP: Artículos para el Nº 3 (2013) de la Revista Estudios Hegelianos
Tema: "Tras el búho de Minerva. Escritos sobre filosofía del derecho"
Idiomas: Español y portugués
Formato: Publicación electrónica
Institución: Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Centro de Estudios Hegelianos
Deadline: Envío de trabajos hasta el 10 de junio.





















El Comité Editorial de la Revista Estudios Hegelianos, junto al Centro de Estudios Hegelianos de Valparaíso y al Postgrado en Filosofía de la Pontificia Universidad Católica, invitan a participar de la convocatoria para contribuir con el tercer número de la Revista a publicarse en septiembre del 2013. Para esta ocasión hemos pretendido enfocar la convocatoria en investigaciones actuales e innovadoras emergidas desde las más diversas realidades iberoamericanas en torno a las posibilidades, complejizaciones y debates que podrían abrirse mediante una relectura, reinterpretación y reinvención de la Filosofía del derecho [Grundlinien der Philosophie des Rechts] de Hegel, publicada en 1821.

El presente estado de las condiciones sociales, económicas, culturales, territoriales y políticas a nivel mundial, sustentadas por una crisis sistemática y estructural del modelo neoliberal actualmente hegemónico, nos impele cotidianamente a pensar desde los más diversos escenarios y situaciones nuevos modos de relaciones intersubjetivas de todo tipo: ¿En qué puede aportarnos una relectura interpretativa de este texto fundamental de Hegel? ¿En qué puede aportarnos una reinvención del texto que trascienda los límites de una hermenéutica analítica? Este es el desafío de gran parte de la tradición filosófica en su relación con el presente, más en un estado permanente de eticidad desgarrada, como planteaba Hegel frente a la supeditación de las relaciones intersubjetivas sociales a las relaciones económicas atomizadas.

De este modo, por las páginas de la Filosofía del derecho recorre el fantasma de las relaciones sociales en oposición a las relaciones atomizadas, la producción social y la economía privada, la actualidad de los Estado-nación y el colonialismo, la función de la cultura en la cohesión comunitaria, el rol del Estado, corporaciones y gremios en la construcción de comunidad, y un amplio número de temas y temáticas cuya actualidad productiva radica en la modalidad según la cual las nuevas investigaciones, emergidas desde la necesidad de las contingencias, puedan establecer nuevos criterios, parámetros y proyectos para el siglo XXI. Dejamos, de este modo, abierta la invitación a pensar desde los prismas más diversos las condiciones necesarias para una reelaboración de las relaciones sociales.

El detalle de la convocatoria y las normas de publicación se encuentran disponibles en www.revistaestudioshegelianos.cl. El tercer número de la Revista será publicado en nuestra página web el día 10 de septiembre.

lunes, 1 de octubre de 2012

Las revistas de Oxford celebran los 300 años de Rousseau

El fondo editorial de la Universidad de Oxford, celebrando los 300 años del natalicio de Jean-Jacques Rousseau (1712-2012), ofrece, en su página Web, libre acceso a una veintena de artículos sobre el filósofo ginebrino publicados en sus distintas revistas. Especialmente interesantes son los artículos dedicados a sus facetas menos conocidas de artista y esteta; vale decir, los del British Journal of Aesthetics, The Music Quarterly y Music and Letters. El listado de artículos disponibles es el que sigue:


Analysis


British Journal of Aesthetics


The British Journal for the Philosophy of Science


Mind


The Journal of Medicine and Philosophy


Christian Bioethics


Journal of Church and State


The Music Quarterly


Music and Letters


Publius


Public Opinion Quarterly


The English Historical Review



    martes, 10 de julio de 2012

    Cuaderno Spinoza de Karl Heinrich Marx

    Nicolás González Varela es el editor y traductor del Cuaderno Spinoza, escrito de la época berlinesa de Karl Heinrich Marx. En realidad, no es uno sino tres cuadernos en los que el joven Marx recompuso y se apropió del Tratado teológico-político de Baruch Spinoza. El editor ha trabajado sobre la base de todas las ediciones disponibles con el fin de ofrecer en nuestro idioma la versión crítica más completa. Dichas ediciones son la publicación parcial de la Marx-Engels historische-kritische Gesamtausgabe (MEGA), de la década de 1920; la publicación completa en la denominada MEGA 2, de 1976; la versión francesa de 1977 (Cahiers Spinoza) y la versión italiana de 1987 (Quaderno Spinoza).

    Aparecido en 1670, en una Holanda liberal y diversa (Descartes se refugió un tiempo en ella) pero convulsionada políticamente por las intrigas de los Orange que querían restaurar su trono con el apoyo de conservadores y calvinistas, el Tratado teológico-político fue escrito por Spinoza como un manifiesto por las libertades individuales, especialmente la de expresión, y con una finalidad bastante concreta: apoyar al debilitado gobierno liberal de Jan de Witt. Aunque basado en el carácter sistemático de su Ética, el TTP era muy cercano también a las teorías políticas de Hobbes y Maquiavelo; pero el polémico fabricante de lentes, excomulgado de la sinagoga catorce años antes, proponía en cambio lo más cercano para su época a un régimen democrático, el cual concebía como necesario para garantizar las libertades y la paz entre los ciudadanos de tan diversas confesiones. Se trataba de una cuidadosamente elaborada ideología para un régimen republicano, liberal e igualitario, que estaría legitimado para someter a toda autoridad eclesiástica, para proteger así tanto a la piedad como a la filosofía, pues ambas no son para Spinoza contrarias entre sí, pero sí radicalmente opuestas -ambas conjuntamente- al absolutismo eclesiástico. Todo ello era suficiente para que incluso Pierre Bayle afirmase, tres décadas después de su publicación, que el TTP era un "libro pernicioso y detestable, en el que logró deslizar todas las semillas del ateísmo, que se ven al descubierto en sus Opera posthuma". De hecho, toda la Ilustración, aunque lo leían y utilizaban para fundar sus críticas contra la religión establecida y contra la monarquía, públicamente seguían considerándolo un ateo de sistema (Leibniz negó haberlo visitado), hasta que a fines del siglo XVIII Jacobi y Mendelsohn tuvieron un famoso debate en torno al panteísmo de Spinoza y de Lessing, despertando un nuevo interés por la naturaleza de su religiosidad y por su filosofía toda. Goethe escribiría en 1813, comentando el artículo de Bayle: "...se le considera ateo y se reputa sus opiniones como altamente censurables. Pero, seguidamente, se concede que era un hombre pacífico y consagrado a sus meditaciones y estudios, un excelente ciudadano..., en todo lo cual parecía olvidarse la máxima evangélica: por sus frutos los conoceréis".

    El TTP apareció con autor anónimo y falso pie de imprenta, pero bien pronto se supo quiénes eran tanto el autor como el editor (su amigo Jan Rieuwertsz). El subtítulo de la obra rezaba: "...la libertad de filosofar no sólo se puede conceder sin perjuicio para la piedad y para la paz del Estado, sino que no se la puede abolir sin suprimir con ella la paz del Estado e incluso la piedad". La Iglesia calvinista de Holanda, cuyos predicadores aprovechaban todo acto litúrgico para acusar al gobierno de Witt de libertino y ateo, lanzó una campaña implacable contra el nuevo libro de "el judío de Amsterdam", cuyo éxito alcanzó en unas pocas semanas a Inglaterra, Alemania y Francia. El gobierno holandés, por su parte, había optado desde hacía un tiempo por permitir la represión religiosa e incluso ejercerla como modo de congraciarse con las distintas confesiones (en particular, el calvinismo) y reprimir también a sus propios enemigos. En ese contexto, bastaron cuatro años para que el libro fuese oficialmente prohibido. En dominios católicos no le fue mejor: allí, de hecho, los "marranos" estaban proscritos en general desde hacía mucho, por lo que la Santa Inquisición no tuvo mayor problema en condenar la obra de ese "ateo" que no fue traducida al español sino recién dos siglos después, en 1878. Spinoza se había dirigido al calvinismo y a los Orange, pero sus dardos herían a muchos otros que dependían del vínculo entre superstición y monarquía; es decir, falsa religión y falsa política. En el Prefacio mismo de la obra señala que el miedo hace que los hombres sean naturalmente supersticiosos y atribuyan a los dioses todo hecho extraordinario. De ahí que los reyes hayan favorecido siempre ese sentimiento, creándose una aureola de divinidad. Y añade que eso mismo hacen en sus días (¿que no son ya los nuestros?) los cristianos y especialmente los eclesiásticos: lejos de practicar la caridad, se dejan arrastrar por la avaricia y la ambición. Como quieren adquirir prestigio ante el vulgo ignorante, ven la forma de apoyarse en la Escritura y persiguen como herejes a quienes no comparten sus ideas.

    Varias décadas antes de la primera traducción española, en enero de 1841, Marx planeaba crear, junto a Bruno Bauer, un periódico filosófico ateo que no llegaría a ver la luz, el Archiv des Atheismus. Paralelamente, comenzó a seleccionar y comentar en cuadernos sus lecturas de diversos filósofos; entre ellos: Aristóteles, Leibniz, Hume y Bento Despinoza (en religión: Baruch Spinoza). Los que dedicó a este último (tres cuadernos, como se ha dicho) se centran en el TTP y en su correspondencia. El marxólogo Maximilien Rubel les concedía una gran importancia a estos cuadernos, llegando a afirmar que Marx aprendió a conciliar necesidad y libertad con Spinoza y no con Hegel, y que fue Spinoza quien lo motivó para actuar por la afirmación de la democracia en Alemania. Sea o no el caso, es evidente que Marx se identificó plenamente con Spinoza y se sirvió de su lenguaje político para componer sus propias ideas sobre la libertad, la igualdad y la democracia. Esto último es algo que deberían haber tenido más en cuenta los presuntos seguidores de Marx que rechazaban de plano toda democracia, acusándola de ser un mero mecanismo de opresión burguesa. En todo caso, el burgués Marx trabajó con detenimiento y valoró la noción liberal de democracia implicada por el "hebreo virtuoso".

    La edición de González Varela se presenta con un valioso aparato crítico, una introducción sobre el joven Marx y su entorno, así como sobre el contexto histórico de Spinoza. Para el editor, este escrito muestra cómo nace con Marx la primera definición moderna de democracia, régimen que para ambos pensadores es el único que concuerda con la naturaleza social de la humanidad y con su necesidad de cooperación. Por otro lado, aunque Marx no volviese a mencionar a Spinoza en sus escritos, sino sólo en su correspondencia familiar, él junto a Hegel le sirvieron de base para su concepto de autodeterminación, y fue recuperado por los marxistas franceses e italianos de la década de 1970 con la impronta de que leer a Spinoza permitía comprender mejor a Marx. Althusser, que era uno de ellos, lo proponía como el camino imprescindible para terminar de deshegelianizar a Marx; esto es, como un camino intermedio entre el estructuralismo burgués y el Dia Mat stalinista para analizar los antagonismos sociales sin ningún tipo de corsé dialéctico. La italiana Emilia Giancotti afirmaba que la oposición spinoziana entre potentia y podestas nos permite leer de una manera puramente conflictual (ya no dialéctica) la contradicción entre fuerza de trabajo (Arbeitskraft) y relaciones de producción (Verhältnisseproduktion). De sus continuadores, quizá Toni Negri haya sido el más constante hasta nuestros días.


    Título: CUADERNO SPINOZA
    Autor: KARL HEINRICH MARX
    Formato: 22 cms.
    Páginas: 268
    Editorial: Montesinos
    Ciudad: Barcelona
    Año: 2012
    Traducción: Nicolás González Varela
    ISBN: 978-84-15216-83-4

    Reseña editorial:

    En la primavera de 1841, un estudiante hegeliano de veintitrés años residente en Berlín, llamado Karl Marx, transcribe en varios cuadernos ciento setenta pasajes del Tractatus theologicus-politicus, la obra más política del filósofo holandés Spinoza. Estos manuscritos permanecieron inéditos hasta 1976, incluyéndose entonces en la nueva edición alemana de las obras completas de Engels y Marx, la famosa MEGA. El texto es de suma importancia, tanto por el método de trabajo que después será habitual en el filósofo alemán, como por la exposición de la filosofía política spinoziana, la cual es reordenada radicalmente y subvertida respecto al original. Es en realidad un texto de Marx, pero escrito con el estilo de Spinoza.

    Se trata de una operación intelectual y de intervención política de enorme interés que puede entenderse tanto como un gesto de apropiación espiritual como la construcción de un antídoto eficaz contra las propias premisas liberales del pensamiento de Hegel. Es un nuevo texto de Marx, inédito en lengua española, escrito y pensado con las palabras de otro filósofo subversivo, Baruch de Spinoza, y que demuestra su presencia decisiva en el itinerario del pensamiento político marxiano. Una presencia que anuncia la génesis de la crítica de la alienación política y del Estado del Marx maduro, además de permitirle ampliar la definición moderna de la auténtica democracia como concepto que permite resolver el enigma de la comunidad humana.

    Página Web de la editorial Montesinos.


    sábado, 17 de septiembre de 2011

    Filosofías de la India de Heinrich Zimmer

    Que sólo pueda llamarse "filosofía" a la peculiar forma del pensamiento griego que nace con Tales y que alcanza su primera gran cima con los diálogos de Platón, es desconocer la influencia y el continuo diálogo que la tradición filosófica griega mantuvo con otras tradiciones como las de la India. Además, éstas tienen ese derecho porque, como afirma Heinrich Zimmer, uno de los más renombrados indólogos del siglo pasado:
    La filosofía india, como la occidental, nos informa acerca de las estructuras y potencias mensurables de la psique, analiza las facultades intelectuales del hombre y las operaciones de su mente, evalúa diversas teorías del entendimiento humano, establece los métodos y leyes de la lógica, clasifica los sentidos y estudia los procesos mediante los cuales aprehendemos, asimilamos, interpretamos y comprendemos la experiencia.
    Los filósofos hindúes, como los de Occidente, se pronuncian sobre los valores éticos y los criterios morales. Estudian también los rasgos visibles de la existencia fenoménica, criticando los datos de la experiencia externa y sacando conclusiones con respecto a los principios en que se basa. En una palabra: la India ha tenido y aún tiene sus propias disciplinas psicológicas, éticas, físicas y metafísicas (pp. 23-24).
    Y sin embargo, tan pronto saltan las similitudes como sus diferencias fundamentales. Por eso Zimmer agrega:
    Pero la principal preocupación —en notable contraste con los intereses de los modernos filósofos occidentales— ha sido siempre no la información sino la transformación: un cambio radical de la naturaleza humana y, con él, una renovación de su manera de entender tanto el mundo exterior como su propia existencia: transformación tan completa como es posible, y que, si tiene éxito, equivaldrá a una total conversión o renacimiento (p. 24).
    Desde sus primeras páginas, el estudio de Zimmer cautiva al lector y lo introduce sugerentemente en los distintos momentos y vertientes de las filosofías de la India. Por ejemplo, al narrar cómo se genera hacia el siglo VIII a.C., antes que en Grecia, el giro a la subjetividad que supuso no sólo un desplazamiento de "la atención de los problemas referentes al universo externo y a las esferas tangibles del cuerpo concentrándola en lo íntimo e intangible", sino que al mismo tiempo implicó un quiebre en la piedad hacia las divinidades cósmicas, para más bien "alcanzar un estado de permanente autoconciencia mediante el mero pensar, el autoanálisis sistemático, el control de la respiración y las severas disciplinas psicológicas del yoga" (pp. 27-28). Lo único lamentable es que a Zimmer no le alcanzara el tiempo para concluir esta obra, cuyos últimos apartados quedaron en meros esbozos, pero que han sido eficazmente reconstruidos y completados por Joseph Campbell, alumno suyo en Columbia.

    La obra se divide en tres partes: "El bien supremo", "Las filosofías del tiempo" y "Las filosofías de la eternidad". La primera, a su vez, se subdivide en "El encuentro de Oriente y Occidente" y "Los fundamentos de la filosofía india", concluyendo con un apartado sobre Brahman. Dentro de la segunda, se encuentran las filosofías del éxito, del placer y del deber. Y en la tercera: el jainismo, el sankhya, el yoga, el brahmanismo, el budismo y el tantra. La edición de Campbell, además de incluir valiosas referencias cruzadas y notas bibliográficas a lo largo de toda la obra, se cierra con un apéndice sobre "Los seis sistemas" y otro con un cuadro histórico que compara el desarrollo de la tradición occidental con el de la oriental. Es un cuadro muy breve y general, pero igualmente interesante, por ejemplo, para observar cómo coinciden Homero y el surgimiento de las epopeyas indias, aunque no coincidan en el subjetivismo de los Upanishads que se dan en la misma época.

    En suma, se trata de una obra que logra con creces el objetivo de Zimmer; a saber, demostrar que
    existe y ha existido en la India algo que realmente es filosofía: una aventura tan osada y asombrosa como la más arriesgada que haya emprendido el mundo occidental. Solamente que surge de una situación y una cultura orientales, apunta a fines relativamente extraños al espíritu de las universidades modernas y se sirve de otros métodos: los fines o metas que inspiraron a Plotino, a Escoto Erígena y al maestro Eckhart, así como las especulaciones de alto vuelo de presocráticos como Parménides, Empédocles, Pitágoras y Heráclito (p. 53).



    Título: FILOSOFÍAS DE LA INDIA
    Autor: HEINRICH ZIMMER
    Formato: 15 x 23 cms.
    Páginas: 668
    Editorial: Sexto Piso
    Ciudad: Madrid
    Año: 2010
    Edición: Joseph Campbell
    Traducción: J. A. Vázquez
    ISBN: 978-84-96867-64-2

    Reseña editorial:
    «Este volumen representa la gran contribución de Zimmer a nuestra comprensión de Asia. Es el recuento más completo e inteligente que se haya escrito de esta tradición filosófica tan rica y compleja.» New York Times Book Review

    El pensamiento indio, formado por una rica multiplicidad de corrientes, ha sido injustamente desplazado por Occidente, que nunca quiso otorgarle el estatuto de «Filosofía» debido a su estrecha asociación con los símbolos e imágenes del mito. Estos últimos, precisamente, sirven a los filósofos indios para descifrar el carácter paradójico de la realidad, responder así a los enigmas que la misma les plantea y transmitir el conocimiento obtenido a sus discípulos —método y cometido propios de cualquier otra rama de la filosofía—.

    Heinrich Zimmer, que dedicó prácticamente toda su vida al estudio y la enseñanza del arte y el pensamiento indios, restituyó a esos pensadores la categoría de filósofos. Pero de su inmensa labor resultaron pocas publicaciones, de ahí que su discípulo Joseph Campbell emprendiera la tarea de compilar y editar las notas dejadas por su maestro tras su temprana muerte. El resultado, Filosofías de la India, es un monumental testimonio de su obra.

    Zimmer, a través de Campbell, reconstruye de manera extraordinariamente clara el mosaico del pensamiento indio —rechazado, pero también a menudo utilizado en el mundo occidental de modo superficial—. Éste se despliega a partir de dos grandes ejes: por un lado, las filosofías del «tiempo» —las del éxito, el deber y el placer—, que tratan el comportamiento que se debe tener en este mundo hacia la naturaleza y los demás hombres; por el otro, las de la «eternidad» —desde el jainismo hasta el tantra, pasando por el sā˙nkhya y el yoga, el brahmanismo y el budismo—.

    JOSEPH CAMPBELL (Nueva York, 1904-Hawai, 1987) fue un filósofo e historiador de las religiones, reconocido por sus estudios en mitología comparada, producto de los cuales son sus ya clásicos libros El héroe de las mil caras (1949) y los cuatro volúmenes de Las máscaras de Dios (1959-1968). Fue alumno de Heinrich Zimmer en la Universidad de Columbia.

    Se puede leer un fragmento en la página Web de la editorial Sexto Piso.

    martes, 17 de mayo de 2011

    El talón de Aquiles (Pontificia Universidad Católica del Perú)




    El Centro de Estudios Filosóficos (CEF) de la Pontificia Universidad Católica del Perú ha lanzado un "portal de recursos para la enseñanza de la filosofía" llamado El talón de Aquiles. Hay que felicitar, sin duda, el esfuerzo continuo del CEF en la promoción de la filosofía en el Perú, en el que se inscribe la creación de este portal que puede ciertamente ser muy útil en la recopilación de información que aparece dispersa en la Internet y a la que muchas personas, si bien podrían acceder, no tienen la facilidad o el tiempo para realizar por su cuenta búsquedas detalladas.

    La imagen del talón de Aquiles (junto a la del Caballo de Troya) es de las pocas referencias míticas griegas que permanecen de uso común en el imaginario popular. Con ella se señala la ineludible fragilidad de quien aparenta no tener ninguna otra debilidad fatal: "ése es su talón de Aquiles". E incluso se usa también, de forma mucho más libre y un tanto incorrecta, para señalar una multiplicidad de debilidades: "tiene muchos talones de Aquiles". En el portal se señala que con la expresión se quiere caracterizar el trabajo de la filosofía, en el sentido de recordarle a las personas esa vulnerabilidad propia de la condición humana. Ello no puede ser sino bienvenido, toda vez que esto supone afirmar el espíritu crítico de la filosofía, incluso contra sus propios dogmas. Ahora bien, me temo que esta primera versión del portal no sólo tiene un talón vulnerable como el de Aquiles, sino algunas otras partes del cuerpo también. Señalo a continuación lo más saltante que me parece que puede ser mejorado.

    En la presentación misma hay cierta confusión de términos que puede parecer una exquisitez erudita corregir, pero que no lo es si el portal quiere mantener rigurosidad académica y no ser simplemente un canal de popularización del oficio. Esto, sobre todo, desde que Platón nos previniera de no separar lo que debe estar unido, ni unir lo que debe mantenerse separado. Me refiero al hecho de poner en un mismo plano al mito homérico y lo que llaman "cuidado del alma". En Homero no hay tal cosa porque, como lo trabajó Bruno Snell hace ya varias décadas, no existe en la concepción homérica del hombre algo así como "el alma", ni mucho menos habría que cuidarla. Eso es platónico, porque, además, no todo filósofo comparte esa obsesión anímica, como es el caso de Nietzsche; por lo que no es tan buena idea caracterizar así a la filosofía, más allá de que suene bonito para quienes buscan en ella lo que podrían encontrar mejor yendo a un terapista. Hay que evitar, pues, el uso antojadizo de los mitos griegos que los descontextualiza. Eso no ayuda a una buena formación filosófica.

    En cuanto a los filósofos sobre los que se ofrece información, hay una buena cantidad: 43 filósofos que representan corrientes y épocas diversas. A primera vista, sin embargo, noto la ausencia de por lo menos una veintena de filósofos importantes que ojalá sea cubierta pronto. Entre ellos están: Tales (que no por gusto es considerado el primer filósofo), Heráclito y Parménides (por no mencionar a los otros presocráticos que podrían ser agrupados en conjunto), Epicuro (importante en la disyuntiva epicureismo-estoicismo que mucho se maneja pero poco se conoce), Sexto Empírico (como representante de una línea escéptica crucial para entender las refutaciones e inclusiones de los argumentos escépticos en Aristóteles, Plotino, San Agustín, Descartes, Husserl, etc.), el mismo Plotino (el neoplatonismo está bastante descuidado en la selección), Cicerón y Séneca (por no mencionar a estoicos "rebuscados"), San Anselmo (sin el cual no hubiese habido escolástica), Siger de Brabante (crucial para entender la empresa del Aquinate), Ockham (que es necesario para entender los precedentes del criticismo kantiano y de la reforma luterana), Meister Eckhart, Nicolás de Cusa, Giordano Bruno (el vínculo entre Edad Media y modernidad no está presente), Voltaire (importantísimo junto a Rousseau y otros en el contexto de la Revolución francesa), Fichte y Schelling (sin los cuales no puede entenderse en lo más mínimo el idealismo alemán y que son quizá las ausencias más notables), Feuerbach (como representante del influyente hegelianismo de izquierda), Kierkegaard y Schopenhauer (otro par de ausencias inexplicables), y ya en el terreno de la filosofía contemporánea, y dado que hay inclusiones asombrosas como las de Dewey, Ayer y Nussbaum, por qué no incluir también a Bergson, Sartre, Fink, Merleau-Ponty, Jaspers, Deleuze y Derrida.

    Si bien la filosofía peruana y la latinoamericana en general no son tan significativas como la europea y la anglosajona, no incluirlas redunda en el desconocimiento de aquello que, para bien o para mal, hemos sido y somos filosóficamente hablando. Que alguien estudie filosofía en el Perú y no sepa que Javier Prado (el mismo de la transitada avenida) fue un filósofo (independientemente de su valor como tal), dice bastante al respecto.

    El llamado pensamiento oriental es otra exclusión importante, sobre todo siendo que están de moda los gurús que casi siempre simplifican y deforman las longevas tradiciones orientales. Teniendo a un brillante orientalista como José León en la PUCP, el asunto es más lamentable aún.

    Otras dos ausencias notables dentro de las áreas colocadas en el portal son la estética o filosofía del arte y la filosofía de la religión. Teniendo la filosofía sus fuentes en la literatura y la religiosidad griegas, no son ausencias secundarias.

    Por otro lado, el diseño de las páginas es muy poco atractivo. Los dibujos de los filósofos son simpáticos pero poco más que eso (y, dicho sea de paso, la Iglesia católica no le ha colocado aureola a Abelardo, ni falta le hace; y ese San Agustín parece un Juan Pérez). Pero lo principal es la poca interacción que ofrece el portal, que es demasiado estático, coloca muchas cosas juntas, los colores no ayudan a la lectura, no se resalta la información relevante sino que todo es bastante monótono, y no se aprovechan satisfactoriamente los recursos técnicos que ofrece la llamada Web 2.0 o recursos habituales en páginas Web como las animaciones Flash.

    El portal señala en la descripción de su nombre su objetivo, pero lo que no parecen sus creadores tener claro son los criterios sobre la estructura, los contenidos y la utilidad del portal. Este es, a mi juicio, su principal error. Creo que no se trata de divulgar cuanta información se encuentre en la Internet, sin un tamiz crítico que la academia puede precisamente brindar. Sin embargo, esa parece ser la lógica de lo que hasta ahora ha sido colocado en las distintas páginas. Lo que se deja extrañar son esos criterios y la información que a partir de ellos pudiese orientar al estudiante, profesor o interesado en la filosofía a valorar unas fuentes más que otras, a conocer cuáles son las mejores traducciones y ediciones disponibles y por qué, a señalar las simplificaciones o reduccionismos que debieran ser advertidos, etc. Incluso a ofrecer precisiones biográficas importantes que no se encuentran ni en la Enciclopedia Británica ni en Wikipedia.

    En la línea de lo anterior, se puede observar que no ha habido criterios adecuados para el manejo de la información. Por ejemplo, los títulos de los artículos a veces son puestos en mayúsculas y a veces no; no hay diferenciación entre títulos de libros y de artículos, etc. La estructura del portal es en varios puntos confusa (la misma página de inicio no orienta sobre todo el contenido disponible). No hay un buscador avanzado (más allá de aquél del archivo) ni un mapa del sitio, que son herramientas indispensables en un portal cuyo contenido es muy amplio y variado. Por otro lado, ¿a qué viene la clasificación de "Filosofía y actualidad"? ¿La filosofía es "actual" en la medida en que se vincule con el cine pero no en la medida en que "sólo" se lea a Platón? El portal sigue en esto el prejuicio popular en lugar de desafiarlo (dar en el talón de Aquiles).

    En cuanto al contenido, la ausencia de criterios y de comentarios críticos es un poco más grave. Así, por ejemplo, algunas páginas incluyen una breve presentación de su tema mientras que otras no. Hay partes de libros presentadas como artículos (por ejemplo, el artículo que aparece como "Los problemas básicos de la Fenomenología" de Heidegger, es una traducción de la Introducción del libro homónimo). Lo mismo con el texto enlazado de Merleau-Ponty, que además es un enlace sin un mínimo de rigor académico, puesto que no colocan referencia alguna de la fuente utilizada. En el portal podrían colocar una indicación sobre si las fuentes ofrecidas están completas o no, así como una nota crítica, pero no lo hacen; colocan el enlace sin más, lo que es realmente de muy poca ayuda para quien no tiene conocimientos sobre las fuentes y ediciones disponibles. Tampoco hay distinción entre fuentes primarias y secundarias, y hay textos que no son en absoluto filosóficos, como el informe del PNUD (La democracia en América Latina). En general, el portal depende mucho del contenido que puede ser libremente distribuido (aunque algunos casos son también dudosos a este respecto); ése parece haber sido el único criterio, cuando cualquier persona sabe que los contenidos disponibles en Internet son muy variados y no siempre confiables. Eso también con los videos de Youtube enlazados.

    El portal podría haberse enriquecido a su vez con enlaces al acervo disponible en la Biblioteca de la PUCP. Ya sea a través de meras referencias bibliográficas, brevemente comentadas, o de lo que ésta vaya facilitando para acceso libre en línea, como es actualmente el caso de las tesis. Para mejorar la calidad del portal, deben revisarse cuidadosamente todos los enlaces colocados. No se entiende por qué el enlace de las revistas de la PUCP aparece en la página de Fenomenología. Tampoco por qué no sale allí el enlace que ponen en la página de Hermenéutica al Círculo Latinoamericano de Fenomenología. Y, por último, tratándose de "recursos para la enseñanza de la filosofía", sería bueno que distinguieran explícitamente entre recursos para una enseñanza introductoria (incluyendo a la educación escolar) y recursos para una enseñanza más especializada.

    En fin... se trata de una buena idea y de un portal necesario, pero que, por el momento, tiene varias fallas importantes que a mi juicio justificaban que no sea aún lanzado. En todo caso, ahí está y seguramente será mejorado para convertirse en la herramienta útil que pretenden sus creadores que sea, con el mismo rigor y solvencia en el que hemos sido formados quienes estudiamos filosofía en esta universidad.

    martes, 8 de marzo de 2011

    Ex captivitate salus de Carl Schmitt

    Varios años hace que decidí abrir por primera vez un libro de Carl Schmitt: El concepto de lo político (1927). Recuerdo haberme reido mucho al leerlo — a diferencia de otros que no lo leen pero reniegan de él. Y recuerdo haber revisado después fragmentos de su Romanticismo político (1919), que tiene una noción de lo romántico bastante decepcionante, y de El nomos de la tierra (1950). Con eso, que ya era bastante, me pareció que, más allá de algunos tópicos incitantes y de su afectado tono de "gran señor", leer a Schmitt era filosóficamente algo poco productivo por sus reiteradas simplificaciones de los símbolos y los conceptos de los que se servía, lo cual le restaba interés y lo hacía fácilmente rebatible (sin caer necesariamente dentro de las categorías de las que no aceptaría críticas por ser "esencialmente" enemigas suyas). Leer a Kelsen era bastante más cansino, pero sus argumentos jurídicos eran mucho más sólidos que los de Schmitt.

    Esta mañana llegó a mí otro libro suyo titulado Ex captivitate salus, que consiste en una serie de notas breves escritas durante su encarcelamiento tras la derrota del nazismo, en Berlín primero (1945-1947) y luego en Nuremberg (1947). La traducción editada por Trotta tiene una fotografía de su rostro en toda la portada. Nunca me había interesado en buscar una fotografía suya, quizá porque me gustaba imaginármelo como un hombre solemne pero entrando en cólera cada vez que —conforme yo avanzaba en la lectura— se le aparecían sus fantasmales enemigos. De modo que hoy vi por primera vez esa solemnidad casi marcial pero también abatida que refleja su rostro en esa fotografía. Y a lo mejor por el recuerdo de las risas y bromas del pasado (algunos amigos filósofos incluso me identificaban como el estudiante de derecho que leía a Kant, Schmitt y Kierkegaard a la vez) se me antojó leerlo de nuevo. También porque este libro es muy corto —hay que admitirlo— y podía por lo tanto leerlo en una sola tarde.

    He leido, pues, esta nueva edición y me animo a hacer algunos comentarios. En primer lugar, la Presentación de Julio A. Pardos está un tanto desordenada, se pierde innecesariamente en otros escritos de Schmitt y proporciona una muy vaga introducción a la obra que se tiene entre manos. Además, la rendida pleitesía no es el mejor modo de homenajear a un autor, ni siquiera respecto de una obra que, como ésta, fue escrita en condiciones adversas. Un efecto concreto de este no saber alejarse del autor admirado se aprecia precisamente en el uso excesivo que Pardos hace de los términos y conceptos schmittianos, perdiendo la consideración por el lector que no forma parte del mismo culto. La traducción de estos textos es la que en 1960 hizo Anima Schmitt de Otero, hija del autor, con un prólogo de su padre directamente escrito en castellano. Sin embargo, el editor ha modificado esa traducción cuando lo ha creído necesario, de modo que no es tampoco la misma. Por lo demás, la edición tiene la completud a la que nos tiene acostumbrados la editorial Trotta (notas críticas, bibliografía referencial, índice onomástico, etc.). Pasemos ahora al texto mismo de Schmitt, pero hagámoslo de un modo un poco distinto al convencional. El texto es tan breve que no vale la pena reseñar sus contenidos. Prefiero comentar algunas de las menciones que Schmitt hace de autores y figuras míticas. Veamos...

    Adán y Eva: 
    Difícilmente se encuentra en Schmitt una referencia mítica que sea por lo menos satisfactoria. Esta, en principio, lo es. Al comienzo de "Sabiduría de la celda" observa la desnudez objetiva en la que se encuentra y la compara con la de la pareja original tras la expulsión del paraíso. El texto conmueve por la imagen del hombre reducido en una celda, pero presenta un error de fondo al trasladar su particular condición a una suerte de estatuto ontológico de lo humano, olvidando intencionadamente las causas de dicha condición, tanto como que el mito en cuestión es un mito moral que busca explicar (y validar) el sentimiento de culpa, asociándolo al sentimiento de vergüenza. Schmitt no se arrepiente. Adán y Eva, sí. Ellos adquieren conciencia del mal y de su responsabilidad en éste. Schmitt, no. Para él, esta pareja sintió una desnudez como la que siente el hombre disminuido frente al hombre poderoso, pero el mito trata fundamentalmente de la desnudez ante Dios, y concretamente ante un conocimiento de lo divino que ahora saben que es absurdo y perjuicioso que el hombre pretenda. Más allá del uso descontextualizado del mito, algo que desde toda hermenéutica es un error, este uso nos permite observar que Schmitt recurre a los mitos, así como a los poemas y la música, para sentirse refugiado en otros que considera amigos suyos, pero que quizá no lo sean tanto, porque, estando junto a ellos, estos no dejan de señalar sus carencias, su desnudez, su falta de amigos.

    Platón:
    Schmitt no quiere dejar de ser desafiante ni justificarse, pero, una vez descubierto con la navaja en la mano, se justifica. Entre otros, apela al discípulo ilustre de Sócrates: "Platón fue colaborador del tirano de Siracusa, y enseñó que no se debe negar un consejo bueno ni siquiera al enemigo" (p. 34). Digamos que no quiere compararse con Platón, pero aun así el recurso es torpe. Platón no es una víctima de las circunstancias históricas; él viaja a Siracusa para intentar en la práctica lo que Atenas le negaba: el gobierno del filósofo o, mejor dicho, de la razón. Como se sabe, fracasó no una sino tres veces, y pasó no pocos percances hasta regresar por tercera y definitiva vez a Atenas. A pesar de ello y de la acusación de impiedad que recibió en su momento, como su maestro Sócrates y su discípulo Aristóteles, mantuvo intactas sus pretensiones, con la confianza de que la razón —y acaso también la historia— estaba de su lado. La fundación de la Academia fue también un acto político. A pesar de su carácter cerrado, lo que corresponde a una comprensión de que la filosofía no puede ser anunciada en las plazas, no al menos sin perder lo fundamental de su discurso, la Academia no era un convento para "científicos" desinteresados de la política. Platón fue siempre perfectamente consciente de la influencia que pretendía tener sobre la política ateniense. Schmitt, en cambio, lo alude en un contexto en que, según él, el científico es, como cualquier otro ciudadano, un súbdito leal, hasta que el terror interno se desencadena, lo amenaza y entonces sólo él puede determinar los márgenes de su lealtad. ¿Debe en esas condiciones denunciar al gobernante y rebelarse contra él? Schmitt responde a los estadounidenses que lo acusan de ser un teórico servil a Hitler: "El deber de desencadenar una guerra civil, de sabotear y de hacerse mártir tiene sus límites". Respuesta antológica. En el medio está el problema de la intelectualidad; aquella cuestión que abordaría Hannah Arendt a partir de su propio rechazo y autoexilio de los círculos de intelectuales de Alemania. Platón en ningún momento se victimiza. Ni siquiera victimiza a Sócrates. Por ello dirá Hegel (tan admirado por Schmitt) que Sócrates (como Jesús) efectivamente merecía morir.

    Moro, Macrobio y Melville:
    Para Schmitt, el intelectual es una víctima de las circunstancias. Cuando el enemigo tiene el poder, los sediciosos harán su revuelta mientras que el intelectual debe protegerse como sólo él sabe. Es que él es demasiado valioso para morir. ¿No se aprecia, acaso, la radical diferencia con Sócrates — y hasta con Jesús? Pero si Platón aconsejó al tirano, ¿por qué él no pudo "aconsejar" al Führer? Carl Schmitt no se retracta, es cierto, pero sí se esconde tras la moderna etiqueta de intelectual. Y cierra el pasaje de manera inmejorable aludiendo a Tomás Moro, no por su martirio sino por las "concesiones asombrosas" que le hizo al tirano antes del mismo (así, sin profundizar en lo más mínimo), y cita una frase de las Saturnales de Macrobio que considera como un argumento de validez imperecedera: "No puedo escribir contra quien puede proscribir". La cita es incorrecta porque lo que dice Macrobio es que no es fácil hacerlo, no que no puede. Schmitt la vuelve a utilizar en un interrogatorio escrito de Nuremberg, cuando se le pregunta: "¿En qué medida ha proporcionado usted la base teórica de la política hitleriana del 'gran espacio' (Grossraum)?". Incluso en su versión la cita de Macrobio es inadecuada, porque con ella sostendría que no puede exigirse al intelectual —jurídicamente, al menos— que escriba contra el tirano, cuando la acusación no es esa, sino que habría puesto su intelecto a favor del tirano. Un jurista que se respeta sabe distinguir entre omisión y acción, así como entre culpa y dolo. La denuncia es por una acción dolosa. Schmitt apela entonces a Benito Cereno, relato de Herman Melville en el que el personaje de ese nombre, capitán de un galeón español que transporta esclavos de Valparaíso al Callao, es hecho prisionero por los esclavos que se han amotinado y tomado el control de la nave. En el camino a Senegal, estos son interceptados por un barco americano. Babo, el jefe de los esclavos, obliga a Don Benito a actuar como si él siguiese al mando hasta que el capitán americano se marche. Éste accede pero se comporta de manera extraña y dice una serie de frases que son elocuentes para todos menos para el americano. Schmitt se presenta como un Don Benito verídico, al que, frente a la amenaza nazi, sólo le quedaba recurrir a frases enigmáticas que sus jueces americanos no podrían entender. Hay que admitir que el recurso es original y pasaría por eficaz, si no fuese —para variar— por los detalles. En primer lugar, en ningún momento pareció que Schmitt hubiese estado pidiendo ayuda frente al régimen de Hitler. En todo caso, en el relato, Don Benito sigue estando bajo amenaza; no así Schmitt que ya estaba fuera del régimen nazi y podía hablar claramente pero no lo hacía. En segundo lugar, al resto de los que estuvieron en la nave alemana no les resultaba tan evidente que Schmitt estuviese en contra de las políticas oficialistas. En tercer lugar, los intelectuales de renombre —salvo que fuesen judíos— no estuvieron especialmente amenazados si no ocupaban cargos importantes. Ese es por ejemplo el caso de Heidegger, que nunca alegó en su defensa algo similar a lo de Schmitt porque cuando no estuvo de acuerdo con las políticas del Führer simplemente renunció a su cargo como rector en Friburgo. Y, por último, efectivamente hay, por decir lo menos, un "aire de familia" entre la teología política de Schmitt y la ideología nacionalsocialista. Si alguien replicase que eso mismo pasa, por ejemplo, con Nietzsche, no es difícil refutar tal asociación con los propios textos de éste. Con los de Schmitt, en cambio, las cosas no son así de fáciles. Recuérdese además que hubo importantes nazis que se opusieron a la inclusión de Nietzsche dentro de su canon por considerar que su nihilismo era contrario a los principios del nacionalsocialismo (y también por los fragmentos donde es implacable contra el antisemitismo y el nacionalismo alemán). En el caso de Schmitt también hubo nazis en su contra, pero porque consideraban que su adhesión era oportunista y falsa, y no porque hubiese una contradicción teórica de fondo.

    Epimeteo:
    A diferencia de su hermano Prometeo, Epimeteo no es previsor, no puede anticiparse a los hechos y sólo comprende las consecuencias de sus actos una vez que estos se han consumado. Carl Schmitt lo convierte en su alter ego, pues ve en él la negación de las abstracciones, el apego a la experiencia y a la teoría realista. Soy un "Epimeteo cristiano" (p. 27), dice de sí, pero tal "cristianización" no le da derecho a torcer tanto al personaje como para santificarlo, dejando de lado la función original del mito griego, dentro del cual, en todas sus menciones, Epimeteo es la representación de la torpeza humana por no ser capaces de prever las consecuencias de nuestros actos. Sí, Epimeteo es torpe y le causa daño a la humanidad entera. Schmitt toma a Epimeteo para oponerlo a los modernos Prometeos y quedarse sólo con él. La sabiduría griega, en cambio, consiste sobre todo en evitar las simplificaciones; por eso conciben que tanto la previsión de Prometeo como el tardío reconocimiento de Epimeteo son aspectos mutuamente constitutivos de la naturaleza humana. Todo hombre tiene algo de ambos titanes, que son sus abuelos (Pirra, hija de Pandora y Epimeteo se une al hijo de Prometeo, Deucalión, y ambos fueron los padres del género humano). Schmitt personaliza a los opuestos de modo tal que un hombre puede ser el extremo opuesto de otro y en ese sentido uno necesita de su enemigo, pero "olvida", con ese burdo esencialismo, que el camino que siguieron los griegos encontró al peor enemigo dentro de uno mismo, y sólo entonces fue posible el pensamiento.

    Tocqueville:
    Como último punto quiero referirme a las breves cinco reflexiones que dedica el autor a Tocqueville bajo el título "Historiographia in nuce: Alexis de Tocqueville" (pp. 37-42). Primero hay que recordar el contexto: Schmitt está siendo procesado por los americanos. ¿Es ilógico entonces que abordase al principal promotor europeo de la democracia americana? La primera reflexión nos plantea el tema historiográfico de si las historias las escriben los vencedores o los vencidos. Al final de la misma menciona que ninguna guerra es tan grave como la guerra civil (aun si se pierde la esperanza, el orden interno no debiera perderse) y se lamenta de que quienes citan la frase de Heráclito —"La guerra es madre de todas las cosas"— no piensen en la guerra civil. A este respecto conviene aclarar que no por gusto a Heráclito se le llamaba "el oscuro". Las observaciones que Schmitt hace de la guerra están bastante lejos de la oscura identidad de los contrarios, según la cual, al decir "la Guerra es padre y rey de todo" —que esa es la frase de Heráclito—, se está afirmando que cuando se está en guerra también se está en paz.

    La segunda reflexión empieza con un elogio de la capacidad de Tocqueville para ver, más allá de los cambios coyunturales y de las tendencias opuestas, "el camino hacia (...) una humanidad centralizada y democratizada" (p. 39). Estamos aquí ante un punto neurálgico de la posición schmittiana: la presunta configuración de la democracia como una suerte de "pensamiento único". Una vez que ganaron los aliados, Schmitt ve caer la única resistencia fuerte contra la confirmación de la tesis de Tocqueville del afianzamiento imparable de la democracia, sea a partir de las "formas liberales de organización" (América), o sea a partir de las formas dictatoriales (Rusia). De aquí van a ir surgiendo los principales rechazos reaccionarios de la democracia que llegan hasta nosotros. Parece extraño que se critique a un sistema deliberativo por su univocidad. Desde luego que podría argumentarse que esa diversidad inclusiva y libertad de elección son sólo aparentes. En el Perú, por ejemplo, la regla ha sido una democracia meramente electoral que encubre a una oligarquía controlando el país, pero eso no invalida en absoluto los presupuestos democráticos; tanto así, que precisamente aparecen discursos que demandan radicalizar la democracia. No corresponde ahondar aquí en esa discusión, pero sí señalarla en tanto que esta intuición de Schmitt tiene sus seguidores que preconizan una alternativa "políticamente incorrecta". En realidad, no hace falta demasiada sagacidad para advertir en esto también la abundancia de intencionadas simplificaciones y sobreinterpretaciones. Es fácil simplificar para sacar algún provecho. La tarea de la filosofía es exactamente la contraria.

    La tercera reflexión continúa el elogio de la lectura histórica de Tocqueville, que colocaba los ejes del destino de Europa fuera de ella, en Estados Unidos y Rusia, aun antes de su desarrollo industrial. En las dos últimas reflexiones Schmitt tuerce sutilmente el elogio: "Tocqueville era un vencido. Se concentraron en él toda clase de derrotas..." (p. 40). Estaba naturalmente dispuesto para ser un "Epimeteo cristiano", pero ya había "sucumbido" al agnosticismo de su época y sobre todo carecía de un Kat-echon, concepto schmittiano tomado de la traducción griega de san Pablo para observar la misión que tendría el imperium cristiano de "retener" el advenimiento del Anticristo (léase: la democracia descrita por Tocqueville). Ya bastante problemático es encontrar un imperium cristiano en las cartas paulinas, pero dejemos eso también. Schmitt toma la caracterización de Tocqueville como "un vencido que acepta su derrota" de Guizot y Sainte-Beuve. A diferencia de estos, él pretende tomar la frase sin su mala intención, pero no lo logra porque no puede dejar de verlo como un aristócrata vencido por la irresistible ola democrática, cuando su biografía y sus obras nos muestran más bien a un hombre que ya no se considera miembro de su noble ascendencia, y no por estar ésta coyunturalmente derrotada —dejémosle ese oportunismo a Schmitt—, sino porque tenía un auténtico interés científico en busca de las mejores posibilidades políticas para Europa y para Francia en particular. La noción que Tocqueville tiene de la historia es mucho más plena precisamente porque no tiene un Kat-echon que le nuble la vista. Schmitt está demasiado marcado por su paranoica necesidad de enemigos. A este respecto habría que recordar las palabras de Heidegger: "Si hubiera en el pensar adversarios y no meros enemigos, más favorablemente le iría a la cosa del pensar" (Desde la experiencia del pensar).


    Título: EX CAPTIVITATE SALUS. EXPERIENCIAS DE LA ÉPOCA 1945-1947
    Autor: CARL SCHMITT
    Formato: 12 x 20 cms.
    Páginas: 104
    Editorial: Trotta
    Ciudad: Madrid
    Año: 2010
    Traducción: Anima Schmitt de Otero
    Edición: Julio A. Pardos
    ISBN: 978-84-9879-139-6

    Reseña editorial:
    Ex captivitate salus (1950), un puñado de textos compuestos fundamentalmente entre Berlín y Núremberg, entre 1945 y 1947, contiene una recapitulación, y un relanzamiento de la obra toda de Carl Schmitt. Siempre con firme anclaje en el derecho —en la jurisprudencia—, despliega la meditación acerca del enemigo hacia múltiples campos de la experiencia, la filosofía y la teología, la política y la poesía. Y además constituye un documento de acceso privilegiado a una «catástrofe» que no fue sólo «alemana».

    Página Web de la Editorial Trotta.

    martes, 1 de febrero de 2011

    En el mundo interior del capital de Peter Sloterdijk

    "El presente ensayo está dedicado a una empresa que no se sabe bien si llamar intempestiva o imposible. En tanto que recapitula la globalización terrestre, se propone suministrar, mediante un gran relato inspirado filosóficamente, esbozos para una teoría del presente". Así comienza Peter Sloterdijk, filósofo de profesión pero "esferólogo" por vocación, este ensayo, suerte de secuela de su trilogía Esferas, y en particular de la segunda parte (Globos) que desarrollaba ya una historia política bajo la sospecha de que nuestras manifestaciones más recurrentes sobre la globalización están aquejadas de miopía - e incluso de astigmatismo, pues nos impiden leer adecuadamente nuestras condiciones actuales. Para Sloterdijk, el tema es de interés filosófico porque los procesos que han configurado nuestra actual globalización responden a una poderosa concepción del mundo que ha actuado siempre como su arché. Ese fundamento habría sido precisamente la imagen del mundo como esfera, como globo.

    En consecuencia, la globalización se inicia para Sloterdijk con la metafísica griega de las esferas y su geometrización del universo, la misma que se extendió hasta el Renacimiento, cuando se abrió paso un segundo período marcado por la expansión unilateral del colonialismo europeo. En ese contexto, los mapas eran el medio para visualizar la totalidad del globo. Luego, la liberación de las últimas colonias europeas (como consecuencia de la Revolución de los claveles en 1974) es en esta lectura el hito que orientó a la globalización hacia su tercer período, el del invernadero del capital que mantiene adentro lo conquistado.

    Por otro lado, para Sloterdijk la expansión global se ha venido dando en dos frentes: el de la subjetividad y el del espacio, ambos fusionados dentro del mercado. La subjetividad es el medio metafísico por el que la filosofía ha tenido una preocupación constante, mientras que ha descuidado al espacio. Por ello afirma el autor que "una vez que parece terminada la era de la sacralización unilateral del tiempo, también el espacio vivido exige sus derechos" (p. 19). Pero el espacio de la tierra colonizada ha sido trasladado al interior del capital, afectando a su vez al tiempo: día y noche ya no son vectores válidos porque en el mercado siempre es de día. Como epígrafe de la segunda parte del libro (titulada "El gran interior") Sloterdijk cita a Schopenhauer: "...pero igual que sobre el globo de la Tierra en todas partes es arriba, también la forma de toda vida es actualidad". Esta cita me permite anotar también que así como el interesado en las dinámicas del capital y de la globalización puede encontrar en este libro un agudo análisis de sus fundamentos filosóficos, de igual manera el filósofo verá desacralizadas -como es ya costumbre en Sloterdijk- las metafísicas que se inscriben en esas dinámicas sin evidenciarlo, más aún cuando el mercado se nutre hoy más de la transferencia intelectual y de conocimiento que de la transferencia de minerales.

    La globalización terrestre, impuesta unilateralmente, ha dado paso a una globalización que es como la espuma (así se llamaba justamente la tercera parte de Esferas). Lo característico de ella es que los nuevos espacios tienen paredes de vidrio, como las del Palacio de Cristal de la primera Exposición Universal de 1851, que a pesar de su invisibilidad dan la cómoda seguridad de su infranqueabilidad. A pesar de ello, estos espacios se entrelazan permanentemente y sus identidades -antes espaciales- se desplazan perdiendo su lugar original. En el plano de las ideas, los relatos poshistóricos -ya no los grandes relatos, como el que él pretende en esta obra- toman la escena para suavizar la absorción mediante una climatización artificial. Allí coloca Sloterdijk la responsabilidad del filósofo: debe decidir si colabora en esa climatización o si rompe los cristales protectores. Es interesante en esa línea lo que afirma sobre Heidegger, planteando una explicación de su filiación nazi; una explicación mucho más coherente que la de otros que consideran que su filosofía era totalmente ajena a sus intereses políticos, y, más aún, que aquella deleznable teoría (que intentó sostener el arribista de Farías) según la cual su filosofía llevaba necesariamente al nazismo. Ni lo uno, ni lo otro. La explicación de Sloterdijk -vinculada a su propio gran relato- es la que sigue:

    ¿Es necesario decir todavía que la gran fenomenología de Heidegger del aburrimiento de 1929-1930 sólo puede entenderse como un intento de liberación del palacio de cristal establecido en toda Europa (aunque muy deteriorado por los daños de guerra), cuyo clima interior moral y cognitivo -la ausencia ineludible de toda convicción válida y la gratuidad de toda decisión personal- se capta aquí mejor que en ninguna parte? Con su descripción de la existencia inauténtica en Ser y tiempo, 1927, sobre todo en los problemáticos parágrafos sobre el se impersonal [man] (que seguramente fueron estimulados por las invectivas de Kierkegaard contra «el público» en Un anuncio literario), Heidegger había preparado su análisis de la situación fundamental de la existencia aburrida. Aquí tomó forma la rebelión fenomenológica contra las exigencias de la estancia en el receptáculo técnico. Lo que más tarde se llama el armazón [Ge-stell] se clarifica detalladamente por primera vez en este lugar, sobre todo en referencia a la existencia inauténtica, privada de sí misma. Donde cada uno es el otro y ninguno él mismo, el ser humano está despojado de sus éxtasis, de su soledad, de su propia decisión, de su relación directa con el exterior absoluto, la muerte. La cultura de masas, el humanismo, el biologismo son las máscaras festivas que ocultan, según el filósofo, el profundo aburrimiento del existente sin retos. Según esto, la tarea de la filosofía sería romper el techo de cristal sobre la propia cabeza para volver a acercar a los individuos inmediatamente a lo inconmensurable.

    Quien recuerde el fenómeno punk, que pululó como un duende en las culturas de la juventud en los años setenta y ochenta del siglo xx, puede evocar un segundo ejemplo de conexión entre fluido-aburrimiento omnipresente y agresión generalizada. En cierto modo Heidegger fue el filósofo-punk de los años veinte, un joven intelectual colérico que sacudía los barrotes de la reja de la filosofía académica, y no sólo ellos, sino las rejas del confort ciudadano y de los sistemas socio-estatales de enajenación existencial. Para apreciar en lo justo sus motivos filosóficos -es decir, el núcleo lógico-temporal de su reflexión-, hay que reconocer en ellos el intento de redramatizar intencionadamente el mundo poshistórico del aburrimiento; aunque fuera al precio de que la catástrofe se constituyera en maestra de la vida. En este sentido, por lo que se refiere a la «revolución nacional», a la que se adhirió durante un corto espacio de tiempo, Heidegger podría haber dicho que desde aquel hic et nunc había partido una época de rehistorización, y que él no sólo había participado en ese inicio, sino que había pensado esa época de antemano y deducido heroicamente su sentido. (pp. 206-207.)
    Y como Sloterdijk no cree que la historia se padece sino que se hace, no concluirá -como Heidegger- que "sólo un dios puede salvarnos". Para él, los "creativos" son los llamados a impedir "que el todo naufrague en rutinas nocivas" (p. 312).

    Interesan también sus observaciones críticas sobre Walter Benjamin, su asociación entre el mercantilismo de Adam Smith y la estética de Rilke, sus análisis de las "redes sociales", de Hegel y de la literatura de Julio Verne (sobre todo La vuelta al mundo en 80 días). Para Sloterdijk hemos instaurado un reino de la libertad donde la telecomunicación ya no es una herramienta sino un constitutivo ontológico de las relaciones sociales, sometiendo así nuestra conciencia al poderoso yugo del bienestar y en medio de ficciones reales, tan reales como la abstracción que hace dos mil quinientos años nos hizo pensar en términos ontológicos globales:
    Pensar en valores universales proporciona sostén interior mientras el horizonte se desliza. Por eso el universalismo abstracto no es sólo la alevosa extravagancia que quieren ver en él los pragmáticos, los nietzscheanos y todas las categorías posibles de realistas (Carl Schmitt: quien dice humanidad pretende engañar); es también el reflejo semántico del crecimiento del mundo en la época del sistema emergente de mundo (p. 312).
    En consecuencia, es fundamentalmente entre los filósofos entre quienes este libro debe ser materia de discusión y de acción. Así como Platón denunció los extravíos religiosos de su tiempo, y aunque la orientación filosófica pudiera ser enteramente distinta, siguen teniendo los filósofos el deber de denunciar los perjuicios de la más eficaz religión contemporánea, aquella que ha reemplazado -frente a la impotencia y la complicidad eclesiástica- el monoteísmo por un pluriteísmo del capital. La religión sigue siendo aún hoy el opio del pueblo, pero entre Smith y nosotros se inoculó la duda respecto a su bienestar. Las crisis más recientes así lo confirman. Como dice el autor: "la sospecha frente al «capitalismo como religión» se ha expresado y espera aclaración" (p. 310). Eso sí, nosotros hubiésemos esperado también un índice onomástico o analítico en esta edición, pero así están las cosas.


    Título: EN EL MUNDO INTERIOR DEL CAPITAL. PARA UNA TEORÍA FILOSÓFICA DE LA GLOBALIZACIÓN
    Autor: PETER SLOTERDIJK
    Formato: 15 x 21 cms.
    Páginas: 336
    Editorial: Siruela
    Ciudad: Madrid
    Año: 2010 (2da. edición)
    Traducción: Isidoro Reguera
    ISBN: 978-84-9841-103-4

    Reseña editorial:
    A la conexión entre relato y filosofía, que constituye la característica más sobresaliente de los libros de Peter Sloterdijk, hay que añadir el hecho de que a comienzos del siglo XXI se pueda contar con algo radicalmente revolucionario con respecto a la globalización. Esto se debe a que el autor se toma en serio las consecuencias histórico-filosóficas que van unidas a la imagen de la Tierra como globo, proponiendo la tesis de que lo que se elogia o vitupera como globalización es la fase final de un proceso y de que ya es posible detectar elementos de una nueva época ulterior a la globalización. En la fase final de la globalización el sistema mundial se ha desarrollado plenamente y, en tanto sistema capitalista, determina todas las circunstancias de la vida. El Crystal-Palace de Londres, lugar de la primera Exposición Universal de 1851, le sirve a Peter Sloterdijk como metáfora de esta situación: el palacio pone ante los ojos la inevitable exclusividad de la globalización, la edificación de una contextura de confort, es decir, la construcción y despliegue de un espacio interior de mundo, cuyos límites, aunque invisibles, son prácticamente insuperables desde fuera.


    Página Web de la Editorial Siruela.

    miércoles, 19 de enero de 2011

    El coraje de la verdad. Último curso de Michel Foucault

    El tema fundamental de la obra de Michel Foucault fue la subjetividad. Pensar al sujeto, sin caer en las trampas del cartesianismo, lo llevó a deconstruir las estructuras del poder político, de las valoraciones éticas, del conocimiento y de la misma subjetividad. Este curso, el último que dio, se inscribe en esa preocupación que parte de la ética socrática. El cuidado de uno mismo y la parresía son para Foucault los motores más poderosos para una filosofía que, como la socrática, se constituya en un arte para vivir con excelencia. En ese contexto la verdad es (o debe ser) una proposición escandalosa, una por la que aquél que habla con franqueza -que eso es la parresía- bien merecería morir. La radical vocación de la filosofía por la verdad la lleva a constituirse por lo mismo en el mayor acto de coraje. El título de la obra, además, expresa su orientación hacia la alteridad como resultado, justamente, de una subjetividad autoregulativa.


    Título: EL CORAJE DE LA VERDAD. EL GOBIERNO DE SÍ Y DE LOS OTROS II. CURSO EN EL COLLÈGE DE FRANCE (1983-1984)
    Autor: MICHEL FOUCAULT
    Formato: 15,5 x 23 cms.
    Páginas: 401
    Editorial: Fondo de Cultura Económica
    Ciudad: México
    Año: 2010
    ISBN: 978-95-055-7853-5

    Reseña editorial:
    El curso El coraje de la verdad es el último que Michel Foucault dictó en el Collège de France, entre febrero y marzo de 1984. Poco tiempo después, el 25 de junio, Foucault murió. Ese contexto invita a escuchar en estas clases un testamento filosófico, tanto más cuanto que el tema de la muerte está muy presente en ellas, sobre todo a través de una relectura de las últimas palabras de Sócrates, "Critón, debemos un gallo a Esculapio", que Foucault, con Georges Dumézil, comprende como la expresión de una profunda gratitud a la filosofía, que cura la única enfermedad grave: la de las opiniones falsas y los prejuicios. Este curso prosigue y radicaliza los análisis llevados a cabo el año anterior en El gobierno de sí y de los otros. Se trataba entonces de examinar la función del "decir veraz" en política, a fin de establecer, para la democracia, una serie de condiciones éticas irreductibles a las reglas formales del consenso: coraje y convicción. Con los cínicos, esa manifestación de la verdad ya no se inscribe simplemente a través de una toma arriesgada de la palabra, sino en el espesor mismo de la existencia. Foucault propone, en efecto, un estudio del cinismo antiguo como filosofía práctica, atletismo de la verdad, provocación pública, soberanía ascética. El escándalo de la verdadera vida se construye a la sazón en oposición al platonismo y su mundo trascendente de Formas inteligibles.

    "No hay instauración de la verdad sin una postulación esencial de la alteridad; la verdad nunca es lo mismo; sólo puede haber verdad en la forma del otro mundo y la vida otra".



    En la página Web del Fondo de Cultura Económica de Argentina puede ver el índice y leer un fragmento de la obra.