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lunes, 27 de julio de 2015

La significación del ateísmo contemporáneo de Jacques Maritain


Estudiar la significación filosófica del ateísmo no es una tarea sencilla aun cuando se restrinja a sus manifestaciones más actuales, porque se requiere de una comprensión histórica profunda para poder vislumbrar su complejidad contemporánea. Además, porque es necesario observar que el fenómeno fundamental es ajeno, tanto en el creyente como en el no-creyente, a términos escolásticos (lógicos) y a explicaciones naturalistas (físicas). Por eso Nietzsche enfocaba el asunto desde la vitalidad o la muerte de Dios, y no desde su existencia o inexistencia. Ello implica, desde luego, salir de los estrechos márgenes del ateísmo más común, basado en un positivismo que no por científico es menos teológico, así como también de los de quienes pretenden superarle con una fe libre de dudas.

En 1949, Jacques Maritain, que al entrar en contacto con Bergson abandonó el materialismo para luego, alejándose de su maestro, convertirse en católico neotomista, dio una conferencia titulada: La signification de l'athéisme contemporain, en el que ofrecía una caracterización del ateísmo y esbozaba su superación. Ya en su temprana crítica de Bergson (La philosophie bergsonienne: études critiques) tachaba al ateísmo como ilusorio. Puede parecer curiosa tal calificación por parte de quien cree en un ser que no tiene realidad empírica, pero es que, precisamente, su presupuesto era la objetividad ideal de Dios como fundamento seguro de la creencia. Lejos de las tendencias más históricas de la mayoría de teologías contemporáneas, Maritain buscaba ese fundamento en la clásica theologia rationalis; esto es, la fe en un marco ontoteológico: Dios existe por la necesidad lógica evidente de un ser que sea causa primera de todos los seres. De allí podía concluir que, "si un filósofo presupone realmente el ateísmo, la ciencia que del ser tendrá, constituyéndose en la privación de aquello que asegura la realidad y el orden de las cosas, no escapará al desequilibrio y la ilusión" (OEC, I, p. 485). Tratándose de comprender la realidad objetiva del mundo y su fundamento causal, al ateísmo sólo le quedaría ser un recurso retórico, un remedo de filosofía sumamente limitada, incompetente por su propia posición negativa respecto de "la realidad y el orden de las cosas". Pero, ¿por qué tendría que asumirse ese marco teórico como indispensable? ¿Por qué tendría que estar exenta la creencia de contradicciones si, al menos el cristianismo, está lleno de paradojas? ¿Por qué no puede la experiencia religiosa hundirse en el infinito? ¿No advierte que esta reducción de lo divino a la racionalidad humana es precisamente lo que la tradición judeocristiana establece como el pecado original? ¿No ha leído Maritain a Hegel, por no mencionar a Schelling? Y, más allá de eso, ¿puede efectivamente reducirse toda la experiencia religiosa a una explicación lógica? ¿Qué más puede dar en la vida del creyente contemporáneo todo eso? ¿Qué problema hay, por último, si todo es en realidad desequilibrio e ilusión?

El error de Maritain no está en anclarse en una sistematización racionalista del siglo XIII, sino que, mediante su simplificadora y descontextualizada versión moderna (el neotomismo), pierde de vista lo esencial del ateísmo (y de la propia creencia); especialmente del ateísmo posterior a Nietzsche, aquél que no niega la existencia objetiva de Dios porque ha salido de ese marco objetivista del que Maritain no puede salir. Incluso la teología negativa de los místicos se aproxima al ateísmo de una manera que vale la pena considerar ("Dios es nada") y que no está ya dentro de una lógica del ser. Tampoco advierte Maritain cómo el ateísmo positivista era una consecuencia esperable de poner a la creencia en un plano enteramente racional y en una lógica causal. No ve nada de esto desde el momento en que decide que el ateísmo de nuestros días procede del idealismo y del cientificismo. Sin duda, Dawkins podría entrar en su caracterización, pero no Nietzsche, cuyo ateísmo lee del todo mal. En suma, este ensayo, más que tratar sobre la significación del ateísmo contemporáneo, habla del contemporáneo ensimismamiento de una fe racionalista. A pesar de ello, y más allá de los términos de que se sirve, la estrategia general de Maritain debe ser atendida por un actual ateísmo no positivista; a saber, que la negación de Dios sería, en el fondo, una experiencia religiosa. Y al no ser consciente y deliberada, es por lo tanto una experiencia religiosa fallida además de un falso ateísmo.

Más allá del "ateísmo práctico", que es según Maritain el de quienes "piensan que creen en Dios, cuando en realidad niegan su existencia en cada una de sus acciones y por el testimonio de su conducta" (OEC, IX, p. 445), es decir, la mayoría de cristianos, y de los que denomina "pseudoateos", que dicen que no creen en Dios pero que en realidad creen inconscientemente en él, Maritain se dirige al "ateísmo absoluto". Éste es el que tiene un compromiso consciente y explícito contra la divinidad: "rechazan la existencia de ese mismo Dios que es el objeto de la fe y de la recta razón y que ellos aprehenden en su noción auténtica" (OEC, IX, p. 348). No es el simple rechazo de la idea de Dios ("ateísmo negativo"), un tanto superficial, como con los libertinos del siglo XVII que no buscan transformar el universo teísta. Se trata, nos dice Maritain en esta conferencia, del "ateísmo solitario" de Nietzsche, el "ateísmo literario" de Sartre y Camus, el "ateísmo revolucionario" del materialismo marxista. Lo común en ellos ("ateísmos positivos") sería su "lucha activa contra todo cuanto pueda recordarnos a Dios -es decir, antiteísmo antes que ateísmo-, y al mismo tiempo, un desesperado y heroico esfuerzo por volver a fundar y a reconstruir todo el universo humano de pensamiento y la escala humana de valores, de acuerdo con ese estado de guerra contra Dios" (OEC, IX, p. 446). Lo propio del ateísmo contemporáneo, dice Maritain, es precisamente el ser absoluto y positivo.

Pues bien, las contradicciones que Maritain asigna a este ateísmo absoluto son dos. Por un lado, se basaría, al igual que el teísmo, en un acto de fe que compromete por entero a la persona, "un acto fundamental de elección moral, una determinación libre y decisiva" (p. 449). Allí ubica Maritain a las filosofías de Feuerbach y Nietzsche, "teólogos de nuestras filosofías ateas contemporáneas" que "se sienten encadenadas, a pesar suyo, a una trascendencia y a un pasado que constantemente deben vetar y borrar, y en cuya negación han echado sus propias raíces" (OEC, IX, p. 131). Maritain advierte que las explicaciones lógicas y científicas son para este ateísmo cosa "de segunda mano", puesto que su fundamento es más bien antropológico, pero, además de que ello no lo lleva realmente a considerar al ateísmo fuera de dichas explicaciones, no entiende ese suelo antropológico; es decir, no entiende cómo esa lucha contra toda trascendencia ultramundana no parte de esa negación, sino que, más bien, la negación parte de una afirmación positiva del mundo, de este mundo de las apariencias que es el único que tenemos y en el cual se construyen todos los valores. El ateísmo no coloca sus raíces en la trascendencia que rechaza, así como tampoco en una inmanencia ajena a toda trascendencia, sino que incorpora la trascendencia en la inmanencia más radical. En el caso de Feuerbach, tenemos una inmanencia ética procedente de Hegel. En el caso de Nietzsche, una inmanencia estética procedente de Kant y Schopenhauer. Hay que decir también que hay aquí una confusión: difícilmente la negación feuerbachiana (hegeliana) de la trascendencia puede considerarse ateísmo. En la línea hegeliana, Dios muere a su trascendencia para resucitar en su inmanencia: Dios se hace carne, se vuelve un Dios histórico, pero sigue tratándose de Dios. Tanto Hegel como Feuerbach son, deliberadamente además, cristianos radicales. Únicamente en el caso de Nietzsche hay negación del cristianismo. Y sólo si se toma seriamente la diferencia de esa actitud estética frente al mundo, tanto con la actitud religiosa como con la ética, pueden plantearse también sus cercanías. Maritain no hace este esfuerzo, sino que opta por el recurso fácil, propiamente escolástico, de quienes dicen que la negación de Dios ya supone lógicamente a Dios. Es el argumento de Anselmo contra "el insensato"; argumento que critica el propio Aquinate y que no es sostenible en absoluto después de Kant, ya que una cosa es el plano lógico y otro el ontológico. Se trata, pues, de una falsa contradicción.

Por otro lado, Maritain sostiene que "el ateísmo absoluto comienza pretendiendo que el hombre se convierta en el único amo de su propio destino, totalmente libre de toda enajenación y de toda heteronomía, total y decisivamente independiente de todo objetivo final, así como de toda ley eterna" (p. 451). Aquí Maritain insiste en el "error inmanentista" del presunto subjetivismo ateo, a partir del cual afirma una segunda contradicción: en su inmanentismo acaba por recurrir a un "Gran ser" humano; es decir, a la trascendencia, pero una ilusoria porque está limitada a la contingencia y a la historia. La descripción de Maritain sigue siendo simplificadora, tanto frente a la dialéctica hegeliana como frente al vitalismo nietzscheano, pero tiene un buen punto en el riesgo de inmolar la libertad en manos de una sacralidad histórica a la que habría que entregarse, una suerte de dios mortal. Ese riesgo, no obstante, no se evita volviendo a una fe ultramundana, sino radicalizando el sentido de la tierra; es decir, la finitud, la vida sin certezas. Ese es el camino del ateo, muy distinto al del santo. Maritain pretende que el santo tiene el más radical ateísmo frente a los ídolos, puesto que no coloca su fe en "el dios naturalista de la naturaleza, en el Júpiter del mundo, en el gran dios de los idólatras, de los poderosos sentados en sus tronos y de los ricos con su gloria terrenal; el dios del éxito, que no conoce ley alguna, y el dios del mero hecho con rigor de ley" (p. 458), mientras que el ateo no sería suficientemente ateo contra esos ídolos. Es cierto que desde la religión se puede emprender dichas críticas, algo que hace el profeta más que el santo, pero también es cierto que las religiones han buscado con frecuencia afianzarse aliándose con el poder terrenal y eliminando así a competidores y herejes. Por el otro lado, nada hay en la esencia del ateísmo auténtico, que es la duda y no la fe, que le impida criticar también toda divinización secular o naturalista. La diferencia que quiere Maritain es artificial en la misma medida en que lo es su reducción del ateísmo a la religión. La relación entre el creyente escéptico y el escéptico ateo sigue estando pendiente, pero en términos en los que se asuma la irreductibilidad entre uno y otro. Cuando el creyente deje de considerar al ateo como un insensato al que hay que convertir, en ese momento será posible el diálogo.


Título: LA SIGNIFICACIÓN DEL ATEÍSMO CONTEMPORÁNEO
Autor: JACQUES MARITAIN
Formato: 15 x 21 cm.
Páginas: 46
Editorial: Encuentro
Ciudad: Madrid
Año: 2012
Traducción: Rogelio Rovira
ISBN: 978-84-9920-125-2

Reseña editorial:
El análisis de las características propias del ateísmo contemporáneo, y la advertencia de la doble incoherencia en que necesariamente incurre, llevan a Jacques Maritain a reconocer el hecho, solo en apariencia paradójico, de que semejante negación de Dios es, en su raíz misma, un fenómeno religioso. De ahí que en este iluminador ensayo se plantee la cuestión capital de cuál de los dos, el ateo o el santo, representa la ruptura más intransigente y revolucionaria con toda la injusticia y el engaño de este mundo. La respuesta ofrecida por el genial pensador tomista no por impecablemente inferida deja de resultar sorprendente: el ateo genuino o absoluto no es sino un santo fallido, a la vez que un revolucionario engañado.

martes, 11 de marzo de 2014

Apuntes sobre la Filosofía de la Revelación de Schelling de Søren Kierkegaard


Tras la sorpresiva muerte de Hegel en 1831, las disputas entre sus seguidores (que terminarían identificándose como hegelianos de derecha y de izquierda) convirtieron a la filosofía hegeliana en un asunto incierto y peligroso para la universidad que patrocinaba el Estado prusiano. Por otro lado, diez años habían bastado para que la filosofía del espíritu absoluto cayese en todo tipo de descréditos; entre ellos, la acusación de panteísmo. Por esa razón, el rey Federico Guillermo IV llamó a Schelling para ocupar la cátedra de Hegel en Berlín, de modo que pudiese corregir los errores panteístas del ex-rector. Ya anciano, Schelling dictó durante cinco años, entre 1841 y 1845, lecciones sobre filosofía de la mitología y de la religión, en las cuales integró las críticas a Hegel. Entre sus alumnos de esos años destacarían después Mijaíl Bakunin y Friedrich Engels, pero también Søren Kierkegaard, que había llegado de Dinamarca expresamente para asistir a las lecciones sobre filosofía de la revelación del semestre de invierno de 1841-42.
 
La popularidad de Schelling era enorme en toda Europa, por lo que su reaparición en Berlín fue sin lugar a dudas el acontecimiento intelectual de ese invierno. Así lo consignó el propio Kierkegaard en una carta: "Schelling ha comenzado, pero en medio de un ruido y bullicio tales, de silbidos y golpes en las ventanas por aquellos que no caben por la puerta en una sala de conferencias tan hacinada, que uno está casi tentado a renunciar a escucharle" (Kierkegaard, S., Letters and Documents, Princeton: Princeton University Press, 1978, pp. 97-98). La crítica central a Hegel se desplegó en la introducción de las primeras semanas (noviembre y diciembre de 1841). Kierkegaard sintió total empatía con la misma: "Ahora he puesto toda mi esperanza en Schelling", escribió, elogiando su concepto de actualidad o realidad.

El pensamiento de Schelling había pasado por varias etapas: una primera, bajo el influjo de Fichte, puede hallarse en su Del Yo como principio de la filosofía o Sobre lo incondicionado en el saber humano (1795). En los cuatro años siguientes desarrolla una filosofía de la naturaleza -criticada por Schopenhauer como spinozismo- que correspondería a una etapa intermedia, entre la juventud y la madurez que alcanza finalmente con su Sistema del idealismo trascendental (1800), obra en la que integra la naturaleza al idealismo subjetivo. Schelling pretendía allí una construcción completa del Yo, de la autoconciencia, concluyendo así en una verdadera filosofía fichteana; pero Fichte no estuvo de acuerdo con su solución trascendental y se produjo entonces la ruptura entre ambos. En los años siguientes, Schelling se concentró en la cuestión de la identidad, abordada en su Bruno o sobre el principio divino y natural de las cosas. Un diálogo (1802), hasta que en torno a 1809, año en que muere su esposa Caroline, va asumiendo una posición crítica frente al idealismo, ocupándose del problema de la libertad. Varios filósofos -Heidegger entre ellos- han considerado que Schelling elaboró en esta etapa su obra más significativa, sus Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la libertad humana y los objetos con ella relacionados (1809). Desde entonces estuvo más abierto a asuntos filosófico-teológicos que irían madurando, teniendo en el medio las tres versiones de la enigmática e inacabada Las edades del mundo (1811-1815), hasta la época de su breve enseñanza en Berlín, en la que resulta central su distinción entre filosofía positiva y negativa.

Para Schelling, desde la crítica de Aristóteles a Platón se hace evidente que "entre la necesidad lógica y la realidad efectiva existe un abismo insalvable" (S 101)*. El pensamiento aborda lo posible, las estructuras lógicamente necesarias del ser, pero no puede alcanzar la actualidad (realidad) del ser mismo: "todo lo referente a la existencia es más de lo que se puede conocer a partir de la mera naturaleza y, por lo tanto, con la pura razón. Con la pura razón yo no puedo, como ya lo he dicho, reconocer siquiera la existencia de una planta (...). La razón puede reconocer por sí misma, bajo determinadas condiciones, la naturaleza de esta planta, pero jamás su ser real, actual y presente" (S 172). Hegel estaba para Schelling del lado representacionalista del puro pensamiento, que es "mera abstracción y nada real" (S 173); su filosofía es en ese sentido "mera lógica" (S 84). Schelling se sentía además autorizado a denunciarlo porque él mismo había pasado por ello con su filosofía de la identidad, aunque con la diferencia sutil pero decisiva de que él no se había pronunciado sobre la existencia, sino que se había mantenido deliberadamente en el puro pensamiento, que es el ámbito de la posibilidad, dentro de lo que sería una filosofía puramente negativa, mientras que Hegel sí habría pretendido que su filosofía implicase la realidad del ser en cuanto tal. Ante los ojos de Schelling, la filosofía de Hegel es una filosofía negativa que cree ser filosofía positiva, pero sin llegar a serlo en realidad. El error se produce por no advertir las prerrogativas de cada filosofía y pretender alcanzar con una filosofía negativa lo que sólo es posible con la positiva: "...en esto estriba el motivo de la confusión y del estado desajustado y salvaje en que se ha caído, al pretender representar a Dios como comprendido en un proceso necesario, con la consecuencia además de que, visto que no se lograba salir adelante, se encontró refugio en un ateísmo cínico" (S 80). Decía Schelling de la filosofía hegeliana:
A tal filosofía no puedo yo hacerle tanto honor; no puedo aceptarla como la Filosofía negativa; su error fundamental más bien consiste en el hecho de que pretende ser positiva. (...) es la filosofía negativa que desborda sus propios límites (...). La gran frase repetida por los discípulos era: el conocimiento pleno y real de la existencia de Dios que Kant había negado a la razón humana se garantiza por medio de la filosofía hegeliana (...). Tal filosofía que se infla a sí misma como positiva, mientras que, según su fundamento radical, sólo puede ser negativa, es la que he combatido (...) y continuaré haciéndolo mientras sea necesario (S 80-81).
Y sin embargo, para Schelling sí es posible una filosofía positiva, excluyente pero no separada de la negativa, que hable de lo actual, de lo real, de lo presente; es decir, que sí pueda referirse al ser y no meramente al pensamiento. De allí la importancia que tiene la revelación, que es la fuente de esa filosofía positiva, pero de todos modos Schelling finalmente apostaba por la filosofía, por el derecho auténtico de la razón, por lo que Kierkegaard se marchará de Berlín afirmando: "Soy demasiado viejo para asistir a lecciones, al igual que Schelling es demasiado viejo para darlas. Toda su doctrina de las potencias traiciona el más alto grado de impotencia" (Letters and Documents, p. 141). Schelling había prometido superar a Hegel retomando la existencia, pero su mediación entre existencia y esencia era para Kierkegaard una recaída en la esencia; es decir, en lo que Schelling había diagnosticado como el error de la filosofía hasta Hegel inclusive. Con todo, habría que observar con detenimiento las formulaciones de Schelling que le habrían interesado a Kierkegaard, por ejemplo a su distinción entre lo pagano y lo cristiano con la distinción que Schelling hace entre mitología y revelación, la primera como proceso necesario limitado en su representación de Dios como voluntad inconsciente, mientras que la segunda como proceso libre que muestra a Dios como voluntad consciente y amorosa.

En suma, el valor de los apuntes de Kierkegaard de las lecciones de Schelling, cuantiosos en un inicio y poco a poco cada vez más reducidos por su progresiva decepción, es doble: por un lado, en el contraste y la semejanza entre Hegel y Schelling, permiten comprender mejor la distancia de Kierkegaard con el idealismo alemán (lo que no contradice su uso de conceptos y esquemas tanto de Schelling como de Hegel), así como el carácter que tendrán para él la angustia, la libertad y la experiencia religiosa centrada en el amor; y, por otro lado, los apuntes permiten que el lector actual de Schelling* pueda servirse de ellos para someter a crítica su filosofía positiva en un tiempo como el nuestro, que no ha dejado de ser marcadamente existencial. La Introducción de estos apuntes (titulada: "Schelling y Kierkegaard: la génesis de la angustia contemporánea"), a cargo de Fernando Pérez-Borbujo, Francesc Torralba y Jacobo Zabalo, ofrece una explicación general sobre: 1. La distinción entre filosofía positiva y negativa, la creación, el pecado y la caída, la mitología y los misterios dionisíacos según Schelling; 2. Las obras de Kierkegaard que habrían sido influidas por estas lecciones, a saber: Temor y temblor (1843), La repetición (1843) y El concepto de la angustia (1844); y 3. La probable recepción de Schelling en Kierkegaard, especialmente en relación con la existencia y el problema del mal.

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* En adelante se cita como S, seguida de la paginación alemana, la Introducción a la Filosofía de la Revelación de Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling, correspondiente al volumen XIII de la edición de sus obras que hiciera su hijo. Existe traducción al castellano por Juan Cruz Cruz, publicada en los Cuadernos de Anuario Filosófico, Serie Universitaria Nº 51, disponible en la Web con algunas correcciones hechas por el mismo traductor pero con algunos errores en las palabras en griego. Se recomienda también, del mismo Juan Cruz Cruz, su estudio: Ontología de la razón en el último Schelling.

 

Título: APUNTES SOBRE LA FILOSOFÍA DE LA REVELACIÓN DE F. W. J. SCHELLING
Autor: SØREN KIERKEGAARD
Formato: 14 x 23 cm.
Páginas: 160
Editorial: Trotta
Ciudad: Madrid
Año: 2014
Traducción: Óscar Parcero Oubiña
Introducción: Fernando Pérez-Borbujo, Francesc Torralba y Jacobo Zabalo
ISBN: 978-84-9879-497-7

Reseña editorial:
En Berlín, entre noviembre de 1841 y febrero de 1842, Søren Kierkegaard asistió a las lecciones sobre la Filosofía de la Revelación impartidas por Friedrich Wilhelm Joseph Schelling. La presente edición recoge los apuntes tomados por el pensador danés, un documento imprescindible para entender la huella de Schelling en el giro que tomará la producción kierkegaardiana hasta El concepto de la angustia (1844).

El viejo Schelling expone su concepto de filosofía positiva: una filosofía de la existencia en la que se orquesta su crítica a la filosofía idealista de G. W. F. Hegel. El ideal-realismo del último Schelling servirá a Kierkegaard de orientación para su propia crítica a la filosofía hegeliana. Se hace así eco de sus temas, como son la importancia concedida por Schelling a la mitología, la necesidad de formular una verdadera filosofía de la historia, el papel de la Revelación y, sobre todo, la radicalidad de la angustia como fenómeno originario del drama de la libertad en cuanto pura posibilidad. En este texto del joven Kierkegaard cabe hallar, por tanto, la génesis de la comprensión contemporánea de la angustia.

domingo, 16 de junio de 2013

IV Congreso Internacional de Fenomenología y Hermenéutica: Actualidad y proyección del pensamiento antiguo

Evento: IV Congreso Internacional de Fenomenología y Hermenéutica
Tema: Actualidad y proyección del pensamiento antiguo
Fechas: 20 al 22 de noviembre de 2013
Lugar: Universidad Andrés Bello, Santiago de Chile
Idiomas: Español
Deadline: Envío de resúmenes hasta el 30 de junio de 2013



El Departamento de Humanidades de la Universidad Andrés Bello, convoca a todos aquellos académicos cuyo tema de investigación se enmarca en el ámbito del pensamiento clásico, la fenomenología y la hermenéutica a participar en la cuarta versión del Congreso Internacional de Fenomenología y Hermenéutica, que tendrá lugar en Santiago de Chile, entre los días 20 y 22 de noviembre del año 2013.
 
En esta oportunidad proponemos un diálogo crítico atento a la recepción del pensamiento clásico en el ámbito de la fenomenología y la hermenéutica. Como se sabe, ambas son responsables de haber diseñado propuestas de acceso a los textos clásicos que han conducido a evitar aproximaciones puramente filológicas o meramente históricas. En efecto, tanto la tradición fenomenológica c omo la filosofía hermenéutica han potenciado la emergencia de claves interpretativas que reactualizan y dotan de una vigencia decisiva en el debate contemporáneo las temáticas propias de órdenes tan diversos como el método filosófico, la ontología y la epistemología, la ética y la política, la retórica y la poética o la religión y el mito.

De este modo, las contribuciones propuestas podrán optar entre las siguientes secciones:
1. Problemas de método: la lectura fenomenológico-hermenéutica del pensamiento antiguo.
2. Metafísica griega y ontología fenomenológico-hermenéutica.
3. El cuidado de sí y la apropiación del sí mismo.
4. Ethos y pólis: la filosofía práctica.
5. Poética y narración: la identidad narrativa de la existencia humana.
6. Conocimiento, verdad, intencionalidad.
7. Del buen decir: dialéctica, hermenéutica y teorías de la retórica.
8. Religión, mito y hermenéutica.

Las postulaciones deberán dar a conocer el título de la ponencia e incluirán un resumen de no más de 20 líneas, escritas en Arial 10, interlineado sencillo. Las postulaciones podrán efectuarse en línea hasta el día 30 de junio del año 2013.

El precio de las inscripción es de 40.000 pesos chilenos.

Más información contactar a Iván de los Ríos: i.delosrios@unab.cl

Registro de resúmenes en: http://facultades.unab.cl/fhe/2013/01/30/iv-congreso-internacional-de-fenomenologia-y-hermeneutica-actualidad-y-proyeccion-del-pensamiento-antiguo/

miércoles, 17 de abril de 2013

IX Jornadas Kierkegaard 2013


Evento: IX Jornadas Kierkegaard 2013
Tema: Kierkegaard y los postkierkegaardianos
Fechas: 3, 4 y 5 de octubre de 2013
Lugar: Instituto Universitario ISEDET
Idiomas: Español
Deadline: Envío de resúmenes hasta el 30 de julio de 2013




BIBLIOTECA KIERKEGAARD ARGENTINA
INSTITUTO UNIVERSITARIO ISEDET
 con el auspicio de la
EMBAJADA DE DINAMARCA EN ARGENTINA

organizan

IX JORNADAS KIERKEGAARD 2013
“KIERKEGAARD Y LOS POSTKIERKEGAARDIANOS: a 200 años de su nacimiento”

26 – 27 y 28 septiembre 2013
Camacuá 282 - Buenos Aires

La Biblioteca Kierkegaard Argentina y el Instituto Universitario ISEDET, con el auspicio de la Embajada de Dinamarca en nuestro país, los invitan a participar de las IX Jornadas Kierkegaard 2013, que esta vez tratarán sobre la acogida del pensador danés en diferentes campos de la cultura, para lo cual, y con todos los etcétera que ustedes deseen agregar, se enumeran a modo de sugerencia los siguientes:

1.- Filosofía y Teología: Adorno, Badiou, Balthasar, Barth, Beauvoir, Benjamin, Bonhoeffer, Brandes, Bultmann, Castellani, Deleuze, Derrida, Fabro, Foucault, Fromm, Gadamer, Habermas, Heidegger, Jaspers, Levinas, Löwith, Lukács, MacIntyre, Marcel, Marcuse, Merleau-Ponty, Michel, Nietzsche, Popper, Sartre, Tillich, Unamuno, Vassallo, Weil, Wittgenstein…
2.- Literatura: Auden, Bernanos, Bloom, Borges, Camus, Dylan, Hesse, Ibsen, Kafka, Mailer, Percy, Rilke, Sábato….
3.- Psicología: Frankl, Freud, Lacan…
4.- Cine: Bergman, Bresson, Dardenne, Dreyer…

Las ponencias deberán presentarse en formato Word A 4, Times New Roman 12 y no exceder las 3.000 palabras.  El plazo para presentar títulos y resúmenes es el 30 de julio y los trabajos finales, el 15 de septiembre.

Se otorgarán certificados de asistencia a expositores y oyentes que así lo deseen. En caso de concurrir como oyentes, les agradeceremos su previa confirmación.

Informes, inscripción y envío de trabajos: contacto@sorenkierkegaard.com.ar

Sitio web: www.sorenkierkegaard.com.ar

lunes, 1 de octubre de 2012

Las revistas de Oxford celebran los 300 años de Rousseau

El fondo editorial de la Universidad de Oxford, celebrando los 300 años del natalicio de Jean-Jacques Rousseau (1712-2012), ofrece, en su página Web, libre acceso a una veintena de artículos sobre el filósofo ginebrino publicados en sus distintas revistas. Especialmente interesantes son los artículos dedicados a sus facetas menos conocidas de artista y esteta; vale decir, los del British Journal of Aesthetics, The Music Quarterly y Music and Letters. El listado de artículos disponibles es el que sigue:


Analysis


British Journal of Aesthetics


The British Journal for the Philosophy of Science


Mind


The Journal of Medicine and Philosophy


Christian Bioethics


Journal of Church and State


The Music Quarterly


Music and Letters


Publius


Public Opinion Quarterly


The English Historical Review



    sábado, 17 de septiembre de 2011

    Filosofías de la India de Heinrich Zimmer

    Que sólo pueda llamarse "filosofía" a la peculiar forma del pensamiento griego que nace con Tales y que alcanza su primera gran cima con los diálogos de Platón, es desconocer la influencia y el continuo diálogo que la tradición filosófica griega mantuvo con otras tradiciones como las de la India. Además, éstas tienen ese derecho porque, como afirma Heinrich Zimmer, uno de los más renombrados indólogos del siglo pasado:
    La filosofía india, como la occidental, nos informa acerca de las estructuras y potencias mensurables de la psique, analiza las facultades intelectuales del hombre y las operaciones de su mente, evalúa diversas teorías del entendimiento humano, establece los métodos y leyes de la lógica, clasifica los sentidos y estudia los procesos mediante los cuales aprehendemos, asimilamos, interpretamos y comprendemos la experiencia.
    Los filósofos hindúes, como los de Occidente, se pronuncian sobre los valores éticos y los criterios morales. Estudian también los rasgos visibles de la existencia fenoménica, criticando los datos de la experiencia externa y sacando conclusiones con respecto a los principios en que se basa. En una palabra: la India ha tenido y aún tiene sus propias disciplinas psicológicas, éticas, físicas y metafísicas (pp. 23-24).
    Y sin embargo, tan pronto saltan las similitudes como sus diferencias fundamentales. Por eso Zimmer agrega:
    Pero la principal preocupación —en notable contraste con los intereses de los modernos filósofos occidentales— ha sido siempre no la información sino la transformación: un cambio radical de la naturaleza humana y, con él, una renovación de su manera de entender tanto el mundo exterior como su propia existencia: transformación tan completa como es posible, y que, si tiene éxito, equivaldrá a una total conversión o renacimiento (p. 24).
    Desde sus primeras páginas, el estudio de Zimmer cautiva al lector y lo introduce sugerentemente en los distintos momentos y vertientes de las filosofías de la India. Por ejemplo, al narrar cómo se genera hacia el siglo VIII a.C., antes que en Grecia, el giro a la subjetividad que supuso no sólo un desplazamiento de "la atención de los problemas referentes al universo externo y a las esferas tangibles del cuerpo concentrándola en lo íntimo e intangible", sino que al mismo tiempo implicó un quiebre en la piedad hacia las divinidades cósmicas, para más bien "alcanzar un estado de permanente autoconciencia mediante el mero pensar, el autoanálisis sistemático, el control de la respiración y las severas disciplinas psicológicas del yoga" (pp. 27-28). Lo único lamentable es que a Zimmer no le alcanzara el tiempo para concluir esta obra, cuyos últimos apartados quedaron en meros esbozos, pero que han sido eficazmente reconstruidos y completados por Joseph Campbell, alumno suyo en Columbia.

    La obra se divide en tres partes: "El bien supremo", "Las filosofías del tiempo" y "Las filosofías de la eternidad". La primera, a su vez, se subdivide en "El encuentro de Oriente y Occidente" y "Los fundamentos de la filosofía india", concluyendo con un apartado sobre Brahman. Dentro de la segunda, se encuentran las filosofías del éxito, del placer y del deber. Y en la tercera: el jainismo, el sankhya, el yoga, el brahmanismo, el budismo y el tantra. La edición de Campbell, además de incluir valiosas referencias cruzadas y notas bibliográficas a lo largo de toda la obra, se cierra con un apéndice sobre "Los seis sistemas" y otro con un cuadro histórico que compara el desarrollo de la tradición occidental con el de la oriental. Es un cuadro muy breve y general, pero igualmente interesante, por ejemplo, para observar cómo coinciden Homero y el surgimiento de las epopeyas indias, aunque no coincidan en el subjetivismo de los Upanishads que se dan en la misma época.

    En suma, se trata de una obra que logra con creces el objetivo de Zimmer; a saber, demostrar que
    existe y ha existido en la India algo que realmente es filosofía: una aventura tan osada y asombrosa como la más arriesgada que haya emprendido el mundo occidental. Solamente que surge de una situación y una cultura orientales, apunta a fines relativamente extraños al espíritu de las universidades modernas y se sirve de otros métodos: los fines o metas que inspiraron a Plotino, a Escoto Erígena y al maestro Eckhart, así como las especulaciones de alto vuelo de presocráticos como Parménides, Empédocles, Pitágoras y Heráclito (p. 53).



    Título: FILOSOFÍAS DE LA INDIA
    Autor: HEINRICH ZIMMER
    Formato: 15 x 23 cms.
    Páginas: 668
    Editorial: Sexto Piso
    Ciudad: Madrid
    Año: 2010
    Edición: Joseph Campbell
    Traducción: J. A. Vázquez
    ISBN: 978-84-96867-64-2

    Reseña editorial:
    «Este volumen representa la gran contribución de Zimmer a nuestra comprensión de Asia. Es el recuento más completo e inteligente que se haya escrito de esta tradición filosófica tan rica y compleja.» New York Times Book Review

    El pensamiento indio, formado por una rica multiplicidad de corrientes, ha sido injustamente desplazado por Occidente, que nunca quiso otorgarle el estatuto de «Filosofía» debido a su estrecha asociación con los símbolos e imágenes del mito. Estos últimos, precisamente, sirven a los filósofos indios para descifrar el carácter paradójico de la realidad, responder así a los enigmas que la misma les plantea y transmitir el conocimiento obtenido a sus discípulos —método y cometido propios de cualquier otra rama de la filosofía—.

    Heinrich Zimmer, que dedicó prácticamente toda su vida al estudio y la enseñanza del arte y el pensamiento indios, restituyó a esos pensadores la categoría de filósofos. Pero de su inmensa labor resultaron pocas publicaciones, de ahí que su discípulo Joseph Campbell emprendiera la tarea de compilar y editar las notas dejadas por su maestro tras su temprana muerte. El resultado, Filosofías de la India, es un monumental testimonio de su obra.

    Zimmer, a través de Campbell, reconstruye de manera extraordinariamente clara el mosaico del pensamiento indio —rechazado, pero también a menudo utilizado en el mundo occidental de modo superficial—. Éste se despliega a partir de dos grandes ejes: por un lado, las filosofías del «tiempo» —las del éxito, el deber y el placer—, que tratan el comportamiento que se debe tener en este mundo hacia la naturaleza y los demás hombres; por el otro, las de la «eternidad» —desde el jainismo hasta el tantra, pasando por el sā˙nkhya y el yoga, el brahmanismo y el budismo—.

    JOSEPH CAMPBELL (Nueva York, 1904-Hawai, 1987) fue un filósofo e historiador de las religiones, reconocido por sus estudios en mitología comparada, producto de los cuales son sus ya clásicos libros El héroe de las mil caras (1949) y los cuatro volúmenes de Las máscaras de Dios (1959-1968). Fue alumno de Heinrich Zimmer en la Universidad de Columbia.

    Se puede leer un fragmento en la página Web de la editorial Sexto Piso.

    sábado, 20 de agosto de 2011

    Breve historia del alma de Luca Vanzago

    Desde la religión y la metafísica hasta el psicoanálisis y las neurociencias, Luca Vanzago hace un amplio recorrido por diversas concepciones del alma. Como aproximación general, tiene algunos problemas conceptuales, especialmente cuando se hacen poco claras las distinciones entre alma, mente, inconsciente; cuando no distingue filológicamente comprensiones de ella que son divergentes, e incluso cuando arriesga a tomar como versiones del alma a determinadas doctrinas filosóficas. A pesar de ello, el autor parte de un presupuesto acertado: la imposibilidad de probar su existencia, para enfocarse más bien en los modos como se le ha comprendido. No se encuentra en esta obra mayor profundidad, pero no deja de ser sugerente para hacer un repaso de una noción que incluso hoy no nos suelta, ni filosóficamente ni en el sentido común del término.

    El libro se divide en siete partes: "Antiguas concepciones del alma", "El viraje al cristianismo", "La revolución científica y las modernas concepciones filosóficas del alma", "Kant, el idealismo alemán y las filosofías anti-idealistas", "Positivismo y antipositivismo en el siglo XIX y principios del siglo XX", "La fenomenología y el existencialismo", "Filosofía analítica, ciencias cognitivas, neurofilosofía".



    Título: BREVE HISTORIA DEL ALMA
    Autor: LUCA VANZAGO
    Formato: 13,5 x 21 cms.
    Páginas: 286
    Editorial: Fondo de Cultura Económica
    Ciudad: México
    Año: 2011
    Traducción: María Julia de Ruschi
    ISBN: 978-95-0557-859-7

    Reseña editorial:
    ¿Qué es el alma? ¿Dónde se encuentra? ¿De dónde viene? El hombre ha intentado responder a estos interrogantes desde mucho tiempo antes que la filosofía reflexionara acerca de ellos. La continua renovación de estas cuestiones a lo largo de los siglos bajo formas muy diversas propone una y otra vez el problema acerca del sentido de la vida y la existencia.

    El concepto de alma ha sido abordado desde diversas posiciones filosóficas, muchas de ellas opuestas. En Breve historia del alma, Luca Vanzago busca puntos de contacto entre dichas posiciones con el objeto de lograr una perspectiva que permita reconstruir el significado general de un término que posee múltiples sentidos. De este modo, sostiene: "No se buscará una definición axiomática o categórica del alma. Se apuntará más bien a una definición problemática y operativa: se intentará entender de qué formas la pregunta que el alma, o sea, el hombre, se hace sobre sí misma ha encontrado respuesta, pero sobre todo ha especulado y ha concretado concepciones generales para formular las propias respuestas. Debajo de la pluralidad de aspectos no hay una esencia inmutable, sino una pregunta siempre renovada y que no se agota jamás. Hablar del alma significa hablar de un problema que no encuentra su verdadera y auténtica respuesta y solución de una forma definitiva, sino, por el contrario, en la continua reapertura de la indagación, en la no agotada e inagotable sed de saber qué 'es' el alma, como interrogante, duda o tormento que cada uno siente al preguntarse quién es y por qué es".

    miércoles, 13 de julio de 2011

    Los rostros de Jano de Luis E. Bacigalupo

    Reproduzco la nota editorial del libro de Luis Bacigalupo, Los rostros de Jano. Ensayo sobre San Agustín y la sofística cristiana (Lima: PUCP, 2011). No escribo aquí sobre éste por dos motivos. El primero es que, aun cuando conozco bastante bien la tesis del libro y su desarrollo, por diálogos con el autor, y aunque he colaborado con dos de las fuentes allí citadas, no he leído aún el resultado finalmente publicado. Y el segundo es que me he comprometido a realizar una reseña formal sobre el mismo (en su momento actualizaré esta entrada para indicar dónde se publicará dicha reseña). Por lo demás, sabiendo bien de qué trata, recomiendo la lectura de este ensayo que ofrece Bacigalupo no sólo a los especialistas en el pensamiento agustiniano, sino más que nada a todo creyente cristiano, para que ahonde en las fuentes de su religión con una mirada lúcida y renovadora (Bacigalupo resalta las fuentes no-platónicas del obispo de Hipona), y asimismo a todo buen ateo, porque el pensamiento de San Agustín es un pilar fundamental de la fe cristiana que debe serle conocido y, más aún, si es por medio de un ensayo que está escrito en abierta polémica con la teología oficial y su tradicional (y cómoda) recepción del corpus agustiniano. Además, este libro no supone meramente un interés paleontológico, sino que se dirige a la reflexión sobre el sentido y las posibilidades de la religión actual. En ese sentido, tengo entendido que el autor continuará con la impronta aquí iniciada a través de otros dos ensayos que echen más luces sobre el tránsito cristiano a una modernidad que desemboca en la secularización, mas no únicamente como réplica a la religiosidad precedente, sino además (y quizá especialmente) como una reformulación y continuidad de esa misma religiosidad; es decir, de sus componentes nucleares. Esperemos que, entretanto, esta primera entrega se abra paso más allá de los muros de la academia, porque allí afuera es donde crecen los matorrales de la fe, mientras que nuestros filósofos suelen quedarse adentro, al lado de su chimenea y frente a un espejo, exentos de batallas, pues les da igual si la filosofía sigue siendo esclava de la teología.


    Título: LOS ROSTROS DE JANO. ENSAYO SOBRE SAN AGUSTÍN Y LA SOFÍSTICA CRISTIANA
    Autor: LUIS E. BACIGALUPO

    Páginas: 175
    Editorial: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú
    Ciudad: Lima
    Año: 2011
    Prólogo: Jean Grondin.
    ISBN: 978-9972-42-962-0

    Reseña editorial:
    Acaba de publicarse Los rostros de Jano. Ensayos sobre san Agustín y la sofística cristiana (Fondo Editorial PUCP, 2011), libro de Luis Bacigalupo que nos permite redescubrir el mundo de uno de los pensadores más fascinantes e influyentes de la filosofía occidental y hacer, además, una revisión profunda de las categorías de las que nos servimos para comprenderlo.

    En este trabajo, Bacigalupo nos va mostrando que san Agustín resulta ser no solo un ilustre retórico formado en la tradición jurídica romana, sino un escéptico y un sofista; es decir, se trata de una tesis provocadora que rescata los aspectos positivos de la “sofística” cristiana y critica la pretensión de ignorarla como si se pudiera eliminar uno de los rostros de Jano —dios romano caracterizado por su doble faceta que mira en direcciones contrarias.

    En ese sentido, el instrumental utilizado por san Agustín para defender la doctrina cristiana y ejercer su crítica contra la falta de bases científicas de la misma es lo que Bacigalupo denomina el efecto Celso y es el centro significante de la metáfora de Jano.

    Este trabajo no solo propone una nueva mirada al pensamiento agustiniano, sino que va más allá al ofrecer una acertada crítica de un cristianismo cuya desatendida veta sofista reclama ser reinventada para expresar la verdad religiosa en consonancia con los signos de los tiempos.

    Luis E. Bacigalupo (Lima, 1955) es doctor en Filosofía por la Universidad Libre de Berlín y profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado Intención y conciencia en la Ética de Abelardo (Lima, 1992) y coeditado, junto a Manuel Marzal, Los jesuitas y la modernidad en Iberoamérica 1549-1773 (Lima, 2007). Asimismo, es autor de numerosos artículos en publicaciones especializadas de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

    jueves, 17 de febrero de 2011

    Discusión sobre el pecado entre Bataille, Daniélou, Hyppolite, Klossowski y Sartre

    París, 1944. La guerra no ha acabado aún, sino que recrudece, pero las discusiones filosóficas se mantienen en la capital francesa a la par que los actos de resistencia. En ese contexto, para bien o para mal, Georges Bataille era un escritor muy influyente. Curiosa época, aquella en la que los parisinos se entusiasmaban por un escritor que quería organizar un ritual de sacrificio humano. Hubo quienes se ofrecieron como víctimas; no se crea que no. Lo que no hubo fue alguien que aceptara ser el verdugo; ni siquiera el buen Bataille, con su pecado y su culpa. Por esos años había publicado también su Summa Ateológica, compuesta por tres libros (El culpable, La experiencia interior y Sobre Nietzsche), que más que un tratado de ateísmo era una confusa mezcladera de las alucinadas experiencias, lecturas y pensamientos del autor. Curiosa época, aquella en la que podían reunirse, a pesar de todo, Georges Bataille, Pierre Klossowski, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Maurice Merleau-Ponty, Jean Hyppolite, Maurice Blanchot, Gabriel Marcel, Maurice de Gandillac, el jesuita Jean Daniélou, entre otros, reunidos todos en la casa de Marcel Moré. En realidad, todos esperaban una confrontación entre Bataille y Sartre. Éste, unos meses antes, había escrito el artículo "Un nuevo místico" con duros comentarios sobre La experiencia interior de Bataille; en particular sobre su uso del lenguaje, calificándolo como meramente exhibicionista y carente de provecho alguno.

    Sabemos que Sartre no es el menos dogmático de los filósofos en lo que se refiere a juicios literarios, pero esta vez sus críticas dan en el blanco y hasta resultan empáticas. En ellas no encontramos sólo a monsieur Sartre - es más, diría que éste se cuida de que no lo encontremos en absoluto. Allí tenemos más bien a todo filósofo -a la filosofía misma, si se quiere- exigiendo rigor intelectual frente a los sueños especulativos del visionario de moda. A Nietzsche inclusive, malgre Bataille, que lo reclama para sí en tanto "que Nietzsche advirtió: la falsedad de los predicadores que dicen haz esto o aquello" (Diario). Bataille piensa en el predicador Sartre, pero "olvida" que Nietzsche también dice haz esto o aquello, y que Zarathustra también es un poeta mentiroso. Ciertamente, uno lee a Bataille y encuentra una retórica hueca que hace agua por todas partes, inconsistente y a veces inentendible. Ante el arrinconamiento de Sartre, el escritor mismo lo admite: "Sólo hablé desde una posición insostenible". Pero el orgullo del autor místico es una objeción seria para el filósofo.

    ¿Por qué leer entonces este libro? En primer lugar, porque no es frecuente encontrar discusiones de este tipo editadas y menos en nuestro idioma. En segundo lugar, porque Bataille tiene una actitud respecto a Nietzsche que, aunque me parece que no la desarrolla bien, es mucho más honesta que la de aquellos que quieren cristianizar a Nietzsche. Esa actitud es la de no querer cambiar una sola de las líneas de éste contra el cristianismo, sino incluso acentuarlas, para que de esa negación radical espontáneamente surja un mejor cristianismo, un "hipercristianismo" sin cristianismo. Eso no es lo que Nietzsche quisiera de sí, dado que él sí propone dejar atrás el cristianismo, pero Bataille es libre en sus querencias. Y en tercer lugar, conviene leer esta discusión porque en ella uno puede ver, como he dicho antes, una actualizada defensa de la filosofía, encarnada por Sartre, similar a la de Platón contra los sofistas, la de Kant contra Swedenborg o la de Nietzsche contra la moral de esclavos del vulgo. La Discusión sobre el pecado, que empieza con una recensión hecha por Klossowski de las tesis principales del texto "La cima y la decadencia" (que Bataille colocaría después como capítulo de su Sobre Nietzsche) y un comentario del cura Daniélou, incluye también comentarios sobre la amistad, la risa, el tedio, la ambivalencia de lo sagrado, el ser y la nada, etc.

    Me imagino a Camus. ¿Por qué estaba allí? El pecado no podía interesarle demasiado, pero sí que se discutiese sobre Nietzsche. La grabación sólo registra su silencio. Yo daría mi reino por saber lo que se dijo a sí mismo. A lo mejor no me equivoco y miraba -como yo- con una mirada amable al niño Bataille. Por otro lado, a su amigo Sartre, lo vería como alguien que se tomaba quizá demasiado en serio las travesuras literarias del pueril escritor, pero también como el filósofo que está en todo su derecho de denunciar la falta de coherencia y de integridad intelectual de esa "mística" que lo soporta todo y bajo cuya protección Bataille bien podía vender gato por liebre, como de hecho lo hacía. ¡Y vaya que lo hacía!


    Título: DISCUSIÓN SOBRE EL PECADO
    Autor: GEORGES BATAILLE (ET AL.)
    Formato: 14 x 20 cms.
    Páginas: 120
    Editorial: Paradiso
    Ciudad: Buenos Aires
    Año: 2005
    Traducción: Américo Cristófalo y Hugo Savino
    ISBN: 978-987-940-949-3

    Reseña editorial:
    "Puesto que el hacha caía sobre la cabeza de la víctima, cuando el ejecutor del sacrificio se acercaba a ella no tenía la posibilidad de escapar al sentimiento de culpa que se le imponía sino por medio de una actuación muy grosera, y que no tenía ningún contenido. Me parece que el sacrificio antiguo era más entero, comparable al sacrificio asumido por un cristiano que se hundiera voluntariamente en el pecado y pensara que no puede evitar descender al abismo para que la redención se cumpla". Georges Bataille.

    Página Web de Paradiso Editores.

    martes, 8 de febrero de 2011

    El dios de cada uno de Francisco Mora

    Desde que Roger Bacon iniciara el curso de la ciencia moderna distanciándola con firmeza del dominio de la razón, la filosofía ha tenido una relación complicada con las llamadas ciencias de la naturaleza, acentuando su divorcio en el curso del siglo pasado. Sabemos que Descartes, Leibniz, Kant, Nietzsche y otros filósofos modernos estuvieron al tanto de los descubrimientos y teorías científicas de sus épocas, llegando en ocasiones a estar sus filosofías sumamente comprometidas con ellas (la metafísica kantiana, por ejemplo, con la física de Newton); sin embargo, desde Dilthey, Husserl y Heidegger se ha instalado un prejuicio general en contra de las ciencias naturales. Está fuera de discusión si las críticas de estos filósofos son o no válidas; podríamos estar perfectamente de acuerdo con ellos, pero esto no debería habernos llevado a la situación actual donde son escasas las ocasiones de diálogo entre filósofos y científicos. La filosofía analítica sí ha mantenido ciertas vías de diálogo, pero ella carece del bagaje histórico sobre el que la filosofía continental se ha desarrollado. En la actualidad, dos parecen ser los ámbitos científicos que más prometen para el interés filosófico: la física cuántica y la neurociencia.

    Francisco Mora es un prolífico ensayista en temas de neurociencia. En esta ocasión aborda una cuestión no sólo polémica, sino además compleja, pero lo hace con una mirada lo suficientemente aguda como para no caer en posiciones carentes de rigor metódico. En El dios de cada uno se pregunta por las razones del monoteísmo, buscándolas en las condiciones cerebrales que, aun cuando anatómicamente sean casi las mismas desde hace quince mil años, habrían hecho que hace sólo cinco mil años apareciese entre nosotros -y con rotundo éxito- la idea de un dios único. El autor se remite a Moisés, pero, como se sabe, en la tradición filosófica el surgimiento del monoteísmo se remonta a los presocráticos y alcanza su forma más acabada con la idea platónica del Bien. Allí tiene el filósofo contemporáneo motivo suficiente para interesarse en lo que pudiese decirle la neurociencia sobre su propia constitución como metafísica. No obstante, puede también proyectarse a su situación actual, en la que la metafísica tradicional ha sido denunciada, para evaluar los alcances de la tesis del autor: la idea de Dios fue una invención necesaria para la supervivencia humana. Teniendo en cuenta ese télos, cabe preguntarse si ahora seguirá siendo igualmente necesaria. Nietzsche, como fisiólogo, estaría "en su salsa".


    Título: EL DIOS DE CADA UNO. POR QUÉ LA NEUROCIENCIA NIEGA LA EXISTENCIA DE UN DIOS UNIVERSAL
    Autor: FRANCISCO MORA
    Formato: 16 x 23 cms.
    Páginas: 296
    Editorial: Alianza Editorial
    Ciudad: Madrid
    Año: 2011
    ISBN: 978-84-206-8321-8

    Reseña editorial:
    La idea del Dios único y universal es muy joven. Nació a la vez que la escritura, hace apenas unos 5.000 años. ¿Por qué si el cerebro humano actual tiene una conformación anatómica idéntica a la del hombre de hace unos 15.000 años se tardó tanto en alumbrar la idea de Dios? ¿Se debe esta idea a Moisés? ¿Existió realmente Moisés? ¿Han contribuido las enfermedades mentales a consolidar las ideas sobre Dios? Si en esos tiempos hubiese habido la medicación antiepiléptica de nuestros días ¿hubiera sido Pablo de Tarso san Pablo y, sin su enfermedad, hubiera existido el cristianismo? ¿De dónde arrancan las concepciones de lo sobrenatural? ¿Qué es el pensamiento mágico? ¿Está Dios en el mundo real? ¿Qué es la realidad? En el mundo de hoy las ideas religiosas se desvanecen. Estamos entrando en la era de la post-religión. La Física sugiere un principio del Universo que no necesita de ningún Dios, ni tampoco Dios parece necesario para explicar el origen del hombre. La idea de Dios fue construida por el cerebro humano porque es útil a la supervivencia. Hoy la Neurociencia nos enseña que la idea de Dios se construye por los sistemas cognitivos del cerebro sin ninguna connotación especial ni sobrenatural, tal cual lo hace para otras ideas y buscando un propósito, aquel de la supervivencia. Dios no existe en el mundo. Dios no existe más allá de la existencia del hombre. Al hombre sólo le queda ese sentimiento último, personal, incomunicable con el que crea su propia religiosidad con la que nace y muere.

    Página Web de Alianza Editorial.

    martes, 25 de enero de 2011

    Fe y filosofía de Paul Ricoeur

    Paul Ricoeur (1913-2005) es conocido como uno de los más sugerentes esponentes de la fenomenología y la hermenéutica. Su principal objeto de estudio fue la naturaleza del texto y su lectura, lo que lo llevó a interesarse por la simbólica, el testimonio, la memoria, la autoconciencia, entre otros aspectos de la interpretación. Uno encuentra en sus obras la que quizá sea la mejor hermenéutica de la tradición judeocristiana, que las teologías suelen siempre empobrecer con sus "saltos de fe". Esto porque no se rehúsa a los conflictos entre las interpretaciones, en los que ve más bien la única posibilidad de cristalizar el sentido del ser, en tanto objeto de la filosofía. Como no es posible remontarse a ninguna instancia anterior a la de las obras del hombre, es en ellas -en el lenguaje- donde debe a su vez "expresarse toda comprensión óntica y ontológica".

    La obra que aquí se presenta, sin embargo, no es de interés exclusivo de quienes quieran pensar el fenómeno religioso, ya que plantea importantes reflexiones sobre la literatura (la creación metafórica) y la comprensión filosófica de la realidad. Se trata de pensar, y Ricoeur es el filósofo que más se ha dedicado al origen del pensamiento en el lenguaje poético y simbólico, sin prejuicios antiplatónicos, porque no abandona en absoluto (como sí lo hace torpemente Rorty) las pretensiones originarias de la filosofía en tanto metafísica. Convertir a la filosofía en teoría literaria es empobrecer a ambas, a la filosofía y a las teorías literarias. Ricoeur, en cambio, tiene la valentía suficiente para seguir asumiendo el riesgo de la elaboración conceptual, pero reconociendo su deuda y su retraso frente a lo que Nietzsche (uno de sus "maestros de la sospecha", junto a Marx y Freud) llamaba "grados previos de la filosofía". Creo que la mejor caracterización de esa vocación filosófica que él tenía se halla en sus propias palabras:
    Pues se trata de pensar. Yo no abandono en absoluto la tradición de racionalidad que anima a la filosofía desde los griegos; no se trata en absoluto de ceder a no sé qué intuición imaginativa, sino de elaborar conceptos que comprendan y hagan comprender, conceptos encadenados según un orden sistemático, aunque no en un sistema cerrado. Pero se trata, al mismo tiempo, de transmitir, por medio de esta elaboración de razón, una riqueza de significación que ya estaba allí, que siempre ya ha precedido a la elaboración racional. Pues ésta es la situación: por una parte, todo ha sido dicho antes de la filosofía, por signo y por enigma; es uno de los sentidos de la expresión de Heráclito: 'el Maestro cuyo oráculo está en Delfos no habla, no oculta, significa'. Por otra parte, tenemos la tarea de hablar claramente, asumiendo quizás el riesgo de ocultar, al interpretar el oráculo. La filosofía comienza desde sí, es comienzo. Así, el discurso continuado de los filósofos es a la vez reasunción hermenéutica de los enigmas que lo preceden, lo implican y lo nutren, y búsqueda del comienzo, aspiración al orden, apetito del sistema". (El conflicto de las interpretaciones, p. 292.)

    Esta obra, dedicada en buena cuenta a plantear su lectura de una hermenéutica común entre fe bíblica y antropología filosófica, alcanza un verdadero punto cenital en su epílogo, en el que además cuestiona la fácil y popular pero francamente insuficiente oposición que Leo Strauss hizo entre Atenas y Jerusalén. Casi en las líneas finales se lee:
    si, como parece, después de la crítica de Kant y del feroz asalto de Nietzsche, el proyecto de la teología natural se encuentra a la vez condenado desde fuera y agotado desde dentro, ¿no ha llegado el tiempo de reconducir la inteligencia de la fe a su origen, sobre una base más exegética que teológica, mientras que la filosofía por su lado ha de ser intimada a renunciar a su hybrís totalizante y fundacional? Pero esta nueva separación entre inteligencia de la fe y antropología filosófica, a la que hace justicia mi propia obra, no pone fin sin embargo a la tarea para la fe bíblica de ser una fe pensante, ya que el mundo cultural al cual ella no deja de pertenecer ha sido de una vez para siempre educado en el concepto. Es perfectamente inútil oponer Jerusalén a Atenas. Es por ello que la inteligencia de la fe, de la que no se ha cesado de hacer cuestión en este epílogo, no puede no integrar los instrumentos reflexivos e intelectuales que debe a esta cultura de origen griego. En este sentido, es en su mismo seno que una fe pensante debe continuar el diálogo de la representación y el concepto. Así somos reconducidos al punto de partida de esta meditación, a saber, el carácter hermenéutico común a la fe bíblica y a la filosofía. (p. 197.)

    En lo que atañe a la edición, ésta podría haber sido mucho más cuidadosa. Se omiten, por ejemplo, las páginas de respeto entre el índice y el estudio preliminar, así como entre este último y la obra misma. Mi ejemplar tiene además, en una página de dicho estudio, una mancha de origen; es decir, de impresión, que, si bien no cruza mucho el texto, denota falta de revisión por parte del impresor y del editor. Otras carencias más importantes son la falta de una nota sobre los criterios de traducción y de compilación (se trata de artículos de distinta procedencia que aparecen como capítulos) y la falta de una adecuada presentación de esta obra en particular (el estudio preliminar es una presentación de la obra de Ricoeur en general). Además se encuentra numerosas erratas, gazapos y errores de tipeo que evidentemente se deben a la corrección automática del procesador de textos, todo lo cual perturba seriamente la lectura. Dicho esto, recomiendo vivamente el contenido de este libro, tanto si se es creyente como especialmente si no lo es, y, en la medida de lo posible, recurriendo a los artículos originales mencionados al comienzo de cada "capítulo". No obstante, eso no puede ser hecho con todas las fuentes porque incluye textos aparentemente inéditos, por lo que, a pesar del excesivo descuido del grupo encargado, vale la pena adquirir esta edición.


    Título: FE Y FILOSOFÍA. PROBLEMAS DEL LENGUAJE RELIGIOSO
    Autor: PAUL RICOEUR
    Formato: 15 x 21 cms.
    Páginas: 198
    Editorial: Prometeo Libros; Pontificia Universidad Católica Argentina
    Ciudad: Buenos Aires
    Año: 2008
    Traducción: Néstor Corona, Ricardo Ferrara, Juan Carlos Gorlier y Marie-France Begué
    ISBN: 978-987-574-275-8
    Materia: Religión

    Reseña editorial:
    Dice Paul Ricoeur: "En la misma medida en que defiendo mis escritos filosóficos contra la acusación de cripto-teología, me guardo con el mismo cuidado de asignar a la fe una función cripto-filosófica, lo que sería seguramente el caso si se esperara de ella que 'cierre los agujeros' abiertos por las múltiples aporías en las que, según me parece, desembocan problemas tales como el de la identidad del sí mismo a través del tiempo o los dilemas morales abiertos por los conflictos de los deberes. Con respecto a esto, me cuido de aplicar a la relación entre filosofía y fe bíblica el esquema pregunta-respuesta, como si la fe aportara sus propias respuestas a las preguntas que la filosofía plantearía y dejaría abiertas. Es preciso reconocer que también la filosofía asume a menudo el carácter de respuesta, así como que la fe es frecuentemente interrogante. Para inteligir la relación entre fe y filosofía, es preciso reconocer la diferencia entre problema y llamado. Resolver un problema planteado es lo que nosotros hacemos y formulamos en filosofía o en matemáticas; en cambio, un llamado es recibido, no como viniendo de nosotros, sino, para el creyente judío o cristiano, de una Palabra recogida en las Escrituras y trasmitida por las tradiciones que resultan de ellas, según una multiplicidad de caminos suscitados por la diversidad primitiva de estas Escrituras, ninguno de los cuales agota la riqueza inextinguible de la Palabra".


    Página Web de Prometeo Libros.

    sábado, 1 de enero de 2011

    Doctrina del derecho, los deberes y la religión para el curso elemental de G.W.F. Hegel

    Ya existía una traducción de esta obra publicada en 1993 por la Universidad de Murcia también en edición bilingüe. Esa traducción estuvo dirigida por Klaus Wrehde, que es uno de los traductores en esta nueva versión. A lo mejor ello se explica porque desde entonces los criterios en traducciones filosóficas se han hecho aún más rigurosos y no deja de ser difícil en el caso de filósofos como Hegel. De cualquier modo, el lector puede contrastarlas y enriquecer su lectura.

    En su "Introducción" señala Hegel que el "objeto de esta doctrina es la voluntad humana, en concreto según la relación de la voluntad particular con la voluntad universal. El espíritu se comporta en tanto que voluntad de forma práctica. Hay que distinguir el comportamiento práctico (...) del comportamiento teórico". Tenemos pues un texto que en última instancia está avocado a aclarar la identidad y la diferencia entre las expresiones prácticas (derecho, ética y religión) sin las cuales el espíritu no podría haberse desenvuelto como voluntad (es una constatación, no un deseo) y el fundamento teórico (espiritual) que sólo la filosofía en tanto metafísica podría descubrir (¿o inventar?).

    Aunque se trate de un curso menor, es sin embargo sugerente y aclaratorio respecto a varias consideraciones hegelianas en esos tres ámbitos. A mi juicio, se hace más interesante aun si se le lee una vez que se ha pasado ya por la Fenomenología del espíritu (que Hegel consideraba un texto introductorio a su filosofía) y por el inicio al menos de sus Principios de la filosofía del derecho. Sobre todo la primera porque en ella se encuentra la ruta fenomenológica (en el sentido hegeliano del término) que lleva al saber de los objetos que se conocen por percepciones sensibles a los objetos que tienen su fundamento en el espíritu mismo. En esta Doctrina, precisamente, Hegel deja de lado aquellos objetos del mundo sensible para ocuparse de los pertenecientes al mundo inteligible, dentro del que se encuentran los conceptos jurídicos, éticos y religiosos.

    Título: DOCTRINA DEL DERECHO, LOS DEBERES Y LA RELIGIÓN PARA EL CURSO ELEMENTAL
    Autor: G.W.F. HEGEL
    Formato: 16 x 23 cms.
    Páginas: 128
    Editorial: Biblos
    Ciudad: Buenos Aires
    Año: 2010
    Traducción: Max Maureira y Klaus Wrehde
    ISBN: 978-950-786-843-6

    Reseña editorial:
    El texto de Hegel que se presenta aquí en una versión castellana estaba destinado a una elite de alumnos de un gimnasio de Nuremberg, el San Egidio, del que Hegel era rector, para ejercitar a unos pocos privilegiados en la conciencia de su voluntad libre. Hoy, dado el avance y la extensión de la conciencia de la libertad por toda la tierra, habida su consiguiente globalización en marcha, la obra va dirigida a ejercitar a todo un mundo de privilegiados en el pensar la conciencia de la voluntad libre.

    sábado, 25 de diciembre de 2010

    Acerca de lo "no-otro" o de la definición que todo define de Nicolás de Cusa

    La Editorial Biblos, en su colección "Presencias Medievales" dirigida por Jorge M. Machetta y Claudia D'Amico, ha publicado un nuevo texto del maestro Nicolás de Cusa en edición crítica bilingüe. Estas ediciones corren a cuenta del Circulo de Estudios Cusanos de Buenos Aires, quienes con rigurosidad y persistencia han logrado consolidarse como el grupo de investigación, exégesis y traducción filosófica más prestigioso de Latinoamérica. Precisamente por ese prestigio fueron convocados por el Institut für Cusanus-Forschung de Trier para editar conjuntamente un manuscrito del Cusano recientemente encontrado por su presidente, el profesor Klaus Reinhardt, en la Biblioteca Capitular de Toledo. Se trataba de un texto del que se disponía de una sola fuente, el De li Non Aliud (Acerca de lo "no-otro"), que es considerado el tratado más especulativo del filósofo idealista.

    A través de la comparación con el manuscrito anterior se ha logrado un nuevo texto original que destaca por su completo aparato de fuentes, por la indicación de paralelos con otras de sus obras y por un pertinente glosario de términos. Además de las aclaraciones exegéticas, la edición ofrece al final del texto un extenso apéndice de notas explicando el carácter dialógico de la obra, los alcances significativos que le atribuye al lenguaje, el carácter lógico de la definición, la asociación entre ser y conocer, los temas de la participación y la alteridad, la imagen del carbúnculo, la sustancia, el tiempo, y, especialmente, el sentido del recurso a los autores de los que se nutre esta obra: Aristóteles, Proclo, Pseudo-Dionisio y Alberto Magno

    El lector podrá siempre juzgar si esta obra llega a ser lo que Nicolás de Cusa quiso de ella: que fuese una "guía para el que especula" ("sive directio speculantis", como dice el complemento al título) con la cual se lograse alcanzar cierta comprensión acerca del principio de todo, el concepto de todos los conceptos, la definición que todo define. Lo que está fuera de duda es la excelente factura de esta edición crítica que nos presenta con prolijidad una obra que se encuentra entre las más complejas pero también entre las mejores del filósofo protomoderno. Y en todo caso, como dice el profesor Machetta en la Introducción, "el quehacer filosófico se nutre con un constante recurso a las fuentes del pensamiento, porque es a partir de ellas como nos preparamos para interpretar el desafío que nos proponen los tiempos actuales". Si Hegel representa el punto más elevado de la metafísica moderna, el Cusano lo es asimismo de la especulación medieval.

    Título: ACERCA DE LO "NO-OTRO" O DE LA DEFINICIÓN QUE TODO DEFINE
    Autor: NICOLÁS DE CUSA
    Formato: 12 x 20 cms.
    Páginas: 392
    Editorial: Biblos
    Ciudad: Buenos Aires
    Año: 2008
    Traducción: Jorge M. Machetta
    ISBN: 978-950-786-674-6

    Reseña editorial:
    La edición bilingüe que ofrecemos es el fruto de un largo y minucioso trabajo conjunto de investigación llevado a cabo por dos grupos de trabajo, uno del Institut für Cusanus-Forschung de Trier, dirigido por Klaus Reinhardt y secundado por Harald Schwaetzer, otro del Círculo de Estudios Cusanos de Buenos Aires, dirigido por Jorge M. Machetta, secundado por Claudia D’Amico y la participación de los doctorandos Cecilia Rusconi, Martín D’Ascenzo y José González Rios. Ambos grupos llevaron a cabo el análisis paleográfico de un nuevo manuscrito de esta obra cusana  a fin de obtener un nuevo texto original  al que se añadieron, en notas, todas las variantes textuales disponibles. Se agregó a esto un aparato completo de fuentes tanto explícitas como implícitas de la obra y un elenco de lugares paralelos de las demás obras de Nicolás de Cusa. Acerca de lo no otro o De la definición que todo define, representa una de las últimas expresiones y acaso una de las más profundas de la metafísica cusana acerca de la identidad y la alteridad.