domingo, 23 de marzo de 2014

Oeuvres complètes, 3: Eros, littérature et philosophie de Emmanuel Levinas


La publicación de sus escritos inéditos, dentro de la reciente edición de sus obras completas, está dando a conocer a un Levinas que no es enteramente desconocido, pues sus preocupaciones estéticas, éticas, religiosas y filosóficas están siempre centradas en el problema de la alteridad, pero en todo caso sí se muestra a un Levinas que a lo largo de los años fue explorando esa problemática en sus distintos ámbitos de interés; de modo especial, el de la estética, llegando a transitar incluso entre el análisis y la creación literaria. El estudio preliminar de este volumen ha estado a cargo de Jean-Luc Nancy, y no se equivoca la reseña editorial al señalar que se trata de un magnífico prefacio: aun con el renovado interés estético entre los filósofos franceses, pocos serían capaces de penetrar como él lo hace, con sutileza y elegancia, en lo que ha llamado "la intriga literaria" de Levinas. Lejos de ser una mera presentación editorial, el texto de Nancy es un elogio de las raíces poéticas de la filosofía (levinasiana). Si en los cuadernos del primer volumen se observaba cómo Levinas iba pensando en situaciones y personajes para utilizar en futuras novelas, en este volumen se tiene fragmentos desarrollados de los borradores de dos de ellas: Eros ou Triple opulence (23 páginas) y La Dame de chez Wepler (11 páginas).
 
Eros está ubicada en la primavera de 1940, en plena guerra. Paul Rondeau dialoga con Francia y su historia, de Juana de Arco al general Weygand, hasta que su batallón es tomado prisionero y pasa a formar parte de un Kommando, un escuadrón de trabajo en un campo de concentración en el que muchos de los prisioneros son judíos. En medio de una situación tan sórdida, Levinas abre lugar para la belleza y el erotismo a través de una ventana que deja ver a una joven muchacha peinándose la larga cabellera: "teníamos la impresión de una indecencia o de un sueño, de una poesía aguda y desgarradora de la belleza que duele. Más fuerte que la Lorelei, pero no más alta. La mezcla de una gran belleza y de una gran bajeza" (p. 50). La belleza en tales condiciones puede ser indecente, pero Levinas la deja ser. A diferencia de Platón, que veía irracionalidad e inadecuación frente a la realidad en esa ensoñación si no la guiaba el logos filosófico, o a diferencia de Adorno, que juzgaba a la poesía toda como impotente para hablar críticamente de algo tan real y ajeno a la belleza como el holocausto (hasta que leyó a Celan), Levinas no quiere someter el canto de la sirena —incluso si ésta es la Lorelei alemana— a la razón y su método. Para él, como en cierto modo para Heidegger, pero con un sentido ético y no ontológico, la poesía es en sí misma develadora de verdad, porque puede cambiar la mirada objetivante que determina a las cosas y a las personas como meros utensilios. Su poder consiste justamente en su erotismo, que saca al sujeto de sí, de su actitud natural, y lo confronta con un objeto al que le es devuelto su misterio. En ese sentido, la poesía cumple intuitivamente una función fenomenológica: devuelve la mirada, más allá de lo útil, hacia las cosas mismas. Husserl observaba ya esta afinidad entre la mirada del poeta y la del fenomenólogo en la conocida carta a Hofmannsthal. La radical apertura de esa mirada puede detenerse en cualquier motivo, por sencillo que fuese; incluso en un par de medias que, secando al viento, son más que un par de medias: "Estas medias que abrigan o que previenen para que el calzado no irrite la piel y no la hiera, y que el uso cotidiano maneja con la precisión y la sobriedad del médico, no tenían ya nada de su casta esencia de utensilios" (p. 51). En la actitud estética, esas medias pierden su utilidad (proteger las piernas de la mujer) y —como las botas de Van Gogh para Heidegger— empiezan a hablar de la mujer que las usa y, no menos, del deseo del hombre que las contempla.
 
Si Nietzsche afirmaba que el hombre envidia la felicidad inconsciente del animal, Levinas recurre aquí a un pequeño perro, Bobby, para enfatizar, en su inconciencia, la eticidad de su mirada. Bobby es "el único ser que no diferencia entre los prisioneros y los arios que los custodian. (...) Él reconocía solo el derecho humano y la dignidad de persona de estos judíos" (p. 51). No casualmente, en Difícil libertad: ensayos sobre el judaísmo (Caparrós, 2004), Levinas titula al capítulo XII de la tercera parte: "El nombre de un perro o el derecho natural". Allí, una vez que a partir de un versículo del Éxodo ha dicho que piensa en Bobby, escribe sobre los perros de los que se dice que no ladraron cuando los israelitas huían de Egipto: "En la hora suprema de su instauración [de la libertad] —y sin ética ni logos— el perro dará testimonio de la dignidad de la persona. Eso es ser amigo del hombre. ¡Trascendencia en lo animal!" (p. 193). Luego vuelve sobre su propia experiencia y recuerda que "en mitad de nuestro largo cautiverio —por unas pocas semanas y hasta que los centinelas lo echaron fuera— un perro vagabundo entró en nuestras vidas" (ídem). No es difícil imaginarse en esa situación, en la que tanto centinelas como "hombres libres" los miraban —según el mismo Levinas— como sub-humanos, la alegría que debe haberles provocado la inocencia que ofrecía este extraño, aunque fuese y precisamente por ser un animal. Quizás a partir de este paralelo se comprenda mejor por qué, ya no en lo animal sino en lo humano, Levinas le atribuye trascendentalidad a la belleza.
 
La segunda novela —bastante más corta— presenta a Suzanne, una mujer enloquecida, y a su marido Roland antes y después de la hospitalización de ella. La situación le sirve a Levinas para reflexionar sobre la locura, que escapa a la condición cotidiana en la que "todas las cosas son indispensables para engañar a la angustia o el aburrimiento que emanan de otro" (p. 121), pero especialmente para abordar las razones del matrimonio y de la relación del hombre con la mujer. A las novelas se suman numerosos poemas escritos en ruso y hebreo, entre los que puede leerse (p. 271):
¿Por qué Él ha entregado el hombre a la tierra
Y lo ha dejado en medio de bosques oscuros?
La memoria no tiene tiempo para el recuerdo
Y él allí no tiene por venir para esperar. […]

Cómo puedo imaginar tu mirada
¿Detrás de los hijos, las alambradas?
En las tinieblas yo iré a ti, Madre
En un mundo ido y mejor.
Estos versos los escribió a sus diecisiete años. Casi la totalidad de sus poemas, que aquí se publican por primera vez, son poemas de juventud, cuando creación y reflexión corrían en paralelo. Tres años antes escribió en hebreo un ensayo sobre Jaïm Nahman Bialik, que es uno de los poetas emblemáticos de Israel; este ensayo ha sido traducido también para esta edición. Tanto por la cantidad como por su calidad, la producción poética de Levinas es lo más importante de este tercer volumen, en el que los editores han colocado, conservando la unidad temática del mismo, sus Notas filosóficas sobre eros. En ellas, Levinas se aparta claramente, no tanto del método fenomenológico como de su aplicación en la analítica existenciaria de Heidegger, en la que no encuentra prácticamente relación alguna entre los seres. En los cuadernos del cautiverio se lee: "Un elemento esencial de mi filosofía, por lo que se distingue de la filosofía de Heidegger, es la importancia de Otro. Eros como momento central" (Obras 1, p. 76). Hay que recordar siempre que el suelo de Levinas es la tradición judía, que es la que le confirma que más allá de la gnoseología husserliana y de la ontología heideggeriana está la ética. Si no se aparta plenamente de Husserl ni de Heidegger es en primer lugar porque considera importante la otredad radical de la "filosofía pagana" para la filosofía judía. Ambas necesitan de esa confrontación, pero es claro que esta necesidad parte propiamente de la segunda, que a partir de su condición en el mundo ha planteado una concepción distinta de la relación yo-tú (piénsese en Buber). Mientras que la tradición filosófica occidental privilegió en última instancia la relación con el mundo y la identidad (el para-sí del yo), para el judaísmo ese para-sí sólo puede llegarle al yo desde lo que es fuera de él, esto es, desde un más originario ser-para-otro, lo cual supone que todo lo que es el yo es una estructura de responsabilidad no recíproca con los otros. Sin embargo, hay elementos tanto de la filosofía de Husserl como de la de Heidegger que le permiten plantear esa trascendencia absoluta que es el otro; por ejemplo, la intencionalidad, pero entendida no con fines gnoseológicos, sino en su peculiar sentido ético que trasciende a toda tematización o conceptualización. Levinas apunta a una condición de desnudez previa a la misma facticidad heideggeriana. La desnudez él no la entiende como ausencia de ropajes, como supresión de todo misterio que limita a la carne a ser mero receptáculo de placeres y dolores, que es como se entiende en la pornografía, sino más bien como la aparición misma del misterio, el "hecho de que el misterio se revele" (p. 181). Con ello, el misterio implica un cierto pudor: "el modo de ser del misterio es el pudor" (p. 185), pero de eso no se desprende que la sexualidad tenga que ser vetada como hizo el cristianismo al tomarla como una amenaza a la claridad y el dominio del para-sí, porque justamente, en la perspectiva de la alteridad, sucede que "en el acontecimiento sexual —la voluptuosidad y la caricia— lo mío sale del reino de la posesión — sale de sí mismo" (p. 181). La unión es tal, que se trata de "una relación sin 'tener' y por lo tanto de una relación sin responsabilidad" (ídem). Puede esto parecer sin duda algo paradójico y acaso demasiado idealizado, pero Levinas está tratando de hacer justicia a esa peculiar relación en la cual la apertura al otro es también peculiar: "Otro: es negativamente lo oculto. Y el eros es la comunión con lo oculto. Lo oculto no es solamente aquello que está oculto para el conocimiento, aquello que es ignorado; es la caricia que de alguna manera es un acceso al otro" (p. 179). En todo caso, siendo eros el momento central de la experiencia de la alteridad, Levinas buscará desarrollar una "fenomenología del eros", que es precisamente como se titula uno de los capítulos de Totalidad e infinito, obra con la que cronológicamente hay que relacionar a estas notas no fechadas.

Con este volumen se han terminado de publicar todos los escritos inéditos de Levinas, pasando en los siguientes a la obra ya publicada: los textos de 1930 a 1949, en el volumen 4; Totalidad e infinito, De otro modo que ser y De Dios que viene a la idea, en el volumen 5; y los volúmenes 6 y 7 dedicados a los textos restantes sobre judaísmo, política, crítica literaria y a las entrevistas. El primer volumen, además, ya ha sido traducido al castellano.


Título: OEUVRES COMPLÈTES, 3: EROS, LITTÉRATURE ET PHILOSOPHIE
Autor: EMMANUEL LEVINAS
Formato: 14 x 20,5 cm.
Páginas: 416
Editorial: Grasset/Imec
Ciudad: Paris
Año: 2013
ISBN: 978-2-246-79517-9

Reseña editorial:
Si l’on connaît, à travers ses écrits sur Proust, Blanchot, Celan, l’intérêt qu’Emmanuel Levinas portait à la littérature, on ne soupçonnait peut-être pas, chez lui, l’existence d’une telle "pratique littéraire". Or, c’est ce que mettent en évidence les ébauches de roman (Eros ou Triple opulence et La Dame de chez Wepler), les notes et les poèmes qui composent ce nouveau volume d’inédits magnifiquement préfacés par Jean-Luc Nancy. Ainsi, bien que Levinas ne soit jamais devenu à proprement parler écrivain, la passion littéraire a toujours été intimement mêlée à son projet philosophique. Levinas a vu dans la littérature le lieu peut-être le plus propre à la présentation de l’intrigue de l’autre et du rapport, de l’approche et du contact. Ecrits dès le début des années 1920, ces inédits nous font accéder à la genèse de l’œuvre du grand philosophe. Ainsi de ces émouvants poèmes de jeunesse, rédigés en russe, en yiddish et en hébreu, alors que Levinas n’a qu’une quinzaine d’années. Ou, plus tard, ses deux esquisses de roman, qui témoignent sur le mode fictionnel de son expérience de la guerre. Levinas n’a pas été plus loin dans ses tentatives littéraires, mais le mouvement qui les portait n’a pas pour autant été effacé.

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