viernes, 29 de julio de 2011

Federico Camino sobre La ontología de Ortega y Gasset de Alfonso Cobián

Reproduzco a continuación una reseña de Federico Camino sobre el libro La ontología de Ortega y Gasset de Alfonso Cobián y Macchiavello (Lima: Instituto Riva-Agüero, 1960, XII y 82 p.). Esta reseña, así como el libro de Cobián, han despertado en mí un interés por Ortega precisamente a causa de lo que en su libro Cobián critica como una presunta limitación. En todo caso, como lo señala también el profesor Camino, creo que en ese carácter polémico y no fríamente expositivo radica el mayor interés de La ontología de Ortega y Gasset, aún hoy, a pesar de sus cincuenta años de publicado. La presente reseña apareció originalmente en Mercurio Peruano. Revista mensual de ciencias sociales y letras, Nº 402, octubre 1960, pp. 480-482.


El presente trabajo de Alfonso Cobián -prologado por el Dr. Víctor Andrés Belaunde- constituye un certero análisis crítico de la ontología de Ortega. El núcleo cohesionador de la investigación es el estudio de la vida humana, realidad radical y punto de partida de la ontología orteguiana; realidad por ser lo único verdaderamente dado y radical por radicar en él: el yo y la circunstancia; en última instancia, el abarcante, que incluye al sujeto y al mundo.

En la Introducción y como propedéutica indispensable, analiza Cobián las influencias recibidas por Ortega (de Kant, Bergson, Dilthey, Maine de Biran, Heidegger y Husserl) que con el desarrollo de la investigación van adquiriendo perfiles más definidos.

La Primera Parte está dedicada al análisis del sistema vital, la vida en sí, como realidad constituyente, como posibilitante de una nueva concepción del Ser. La Segunda Parte está dedicada a la concepción misma del Ser, a la estructura del mundo objetivo y al problema axiológico en relación a la esfera ontológica.

La necesidad de acuñar categorías hábiles para comprender la vida humana, obliga a un análisis detenido de ella. La vida humana individual (existencia concreta) tiene la certeza de la plena inmediatez e inicia una nueva idea del Ser, una nueva ontología en la cual no caben criterios sustancialistas. El "polo interior" de la vida está dado por el Yo y el "polo trascendente" por la circunstancia (circum-stantia, lo que está alrededor), que es todo lo que soy Yo, que constituye un mundo que no es la suma de las cosas sino el horizonte de totalidad sobre las cosas y distinto de ellas. El atributo principal de la vida humana es su dinamismo; la vida humana es un estar en el mundo, pero en mi mundo, en mi circunstancia y como tal es un proyecto vital en el cual nada le ha sido regalado al hombre, es alteridad radical. Nos dice Ortega: "La vida humana no es una entidad que cambia accidentalmente, sino, al revés, en ella la sustancia es precisamente el cambio, lo cual quiere decir que no puede pensarse eleáticamente como sustancia".

Las circunstancias son posibilidades que permiten realizarse al hombre puro y su realizarse es imperativo de la inseguridad radical que constituye su esencia, es la nihilidad constitutiva la raíz del dinamismo vitalista. La Libertad tiene en el hombre una dimensión de fatalidad, la necesidad de decidirse, la necesidad de actuar, por eso la esencia del hombre es la libertad, sin embargo Cobián descubre un vacío en la explicación de dicha libertad, en la doctrina de Ortega "no se encuentra la razón de ser posibilitante de la libertad", nos dice Cobián. Analiza entre los atributos de la vida la soledad radical del hombre, su capacidad de ensimismamiento, así como la posición de Ortega al enfrentarse al fenómeno vida humana desde sí misma, dentro de una postura inmanentista y la concepción del (481) hombre no como naturaleza sino como historia, expuesta en "La Historia como Sistema".

Certeros, y acompañados de las citas oportunas, son los análisis que dedica Cobián al Yo y sus estratos. La ubicación del Yo en el mundo se realiza por el cuerpo, estrato básico, el cual es "percibido cenestésicamente como puro dinamismo" y tiene la textura del "élan vital" de Bergson. El Yo auténtico es el alma, es el centro de la vida. El problema de la persona, repara Cobián, no ha sido tratado ampliamente por Ortega y este no ha dado solución satisfactoria a esa cuestión básica. La vida como opción no encuentra su justificación en la nihilidad ontológica del hombre, y necesita un asidero que en Ortega no se halla. El hombre no es básicamente libertad sino frente a las cosas, de allí que su esencia sea una esencia referida a la circunstancia y no un sustentáculo constitutivo que posibilite esa libertad.

La circunstancia, como polo trascendente, es estudiada por Cobián en relación al Yo en su realizarse, en su hontanar vital. Las creencias y el criterio de perspectiva "implican la reducción del mundo al horizonte o contorno de cada individuo, a su circunstancia" y no superan el relativismo. Las creencias no tienen "ningún correlato que las apoye". La verdad tampoco tendrá ninguna base sólida, siendo el "árbitro del conocimiento la propia vida" toda verdad tendrá que ser vital, concreta, mudable y temporal como el transcurrir de la vida misma. La verdad sería una suma de puntos de vista, en la cual ninguno de esos ángulos de captación tiene patrimonio de "la verdad".

La posición de Ortega frente al mundo no es ni realista ni idealista sino, como dice García Bacca, es una "ontología subjetiva" mas no subjetivista. El Perspectivismo es la piedra angular de su concepción del mundo y, como observa Ferrater Mora, base de 1a Teoría del Conocimiento. Es el monismo de perspectiva "lo que impide llegar a una Ontología integral" pues reduce el mundo a la circunstancia. El problema del Ser ocupa el interés principal de la Ontología de Ortega y sus análisis son prolegómenos a ese interés metafísico, y buscan como Heidegger, el sentido del ser, la "razón de ser del ser". Considera Ortega que hay que "aceptar dos categorías de los objetos: el ente y el ser. El ente es lo que hay, la resistencia, el ser-ahí con Hartmann. El Ser es un concepto, algo puesto por el hombre, supone un sujeto cognoscente". De allí el carácter relacional del Ser, observa Cobián. Es el carácter puramente fenoménico de las cosas lo que obliga al hombre a atribuirles ser, el ser sería una categoría de la inteligencia. "El ser nace, como la vida, del enfrentamiento de un yo y una circunstancia", por tanto, la vida es la raíz del ser, es quehacer intelectual el descubrir el ser de las cosas y el ser de sí mismo. Apunta Cobián claramente: "El carácter ontológico de la vida es ser ontologizante, proyectora del Ser". Es la fuerza de la inteligencia la que inmersa en lo fenoménico y dinámico de la circunstancia, la que proyecta el ser. Se trata de un correlativismo ser-vida que se convierte en relativismo: "Ya que la esencia no encuentra correlato". Se dan dos acepciones del ser, observa Cobián, gnoseológico, ser corno proyección iluminativa del hombre sobre las resistencias del contorno, y otra metafísica, que consiste en trascender lo circunstancial que es fenoménico e introducir una categoría de tipo intelectual que la llene de sentido, de allí la "vocación metafísica del hombre" y su imposibilidad de una ontología de lo objetivo.

Cierra el libro de Cobián, una breve referencia a la índole de los valores en la cual estos aparecen en contradicción a la estructura del ser, por tener estos cualidad propia. "De haber tomado en serio la objetividad del valor, observa Cobián, (482) habría tenido Ortega que rehacer ab initio las bases de su Ontología". La grieta del "vitalismo" de Ortega radica principalmente en "rehusar someter al hombre a algo que trascienda el nivel de su experiencia". Ha partido Ortega de la vida humana como existencia consciente que existe como conciencia de existir, pero se ha quedado en el fenómeno, pues como para Sartre en "el Ser y la Nada" "el fenómeno es absolutamente indicativo de sí mismo". Habiéndose quedado Ortega frente al problema de la persona como un dinamismo auto-creador de experiencias, ha dejado sin base la última estructura Óntica de la persona, aquella que posibilita íntimamente su hacerse; "la idea de "vocación", dice Cobián, es presentada como una simple tendencia psicológica". Con la sola perspectiva vitalista no se agota la realidad pues no explica el ser de las cosas sino sólo como posibilidad en mi vida. La negación de la esencia es, en última instancia, la debilidad de la Gnoseología de Ortega (monismo de perspectiva) y es a la autarquía (superada por Zubiri en su concepto de religación) atribuida al sujeto en la determinación de la realidad de donde nacen las limitaciones de su Ontología y no de su punto de partida, la vida humana.

El libro de Alfonso Cobián M. constituye así un aporte sustancial a la bibliografía de Ortega y Gasset que, desde el primer estudio serio (Humberto Díaz Casanueva: Das Bild des Menschen bei Ortega y Gasset und seíne Beziehung zur Herziehungs - wissenschaft) en 1938, sólo ha sido incrementada con investigaciones de tipo expositivo y no de ajustada crítica.


Federico Camino Macedo.

miércoles, 13 de julio de 2011

Los rostros de Jano de Luis E. Bacigalupo

Reproduzco la nota editorial del libro de Luis Bacigalupo, Los rostros de Jano. Ensayo sobre San Agustín y la sofística cristiana (Lima: PUCP, 2011). No escribo aquí sobre éste por dos motivos. El primero es que, aun cuando conozco bastante bien la tesis del libro y su desarrollo, por diálogos con el autor, y aunque he colaborado con dos de las fuentes allí citadas, no he leído aún el resultado finalmente publicado. Y el segundo es que me he comprometido a realizar una reseña formal sobre el mismo (en su momento actualizaré esta entrada para indicar dónde se publicará dicha reseña). Por lo demás, sabiendo bien de qué trata, recomiendo la lectura de este ensayo que ofrece Bacigalupo no sólo a los especialistas en el pensamiento agustiniano, sino más que nada a todo creyente cristiano, para que ahonde en las fuentes de su religión con una mirada lúcida y renovadora (Bacigalupo resalta las fuentes no-platónicas del obispo de Hipona), y asimismo a todo buen ateo, porque el pensamiento de San Agustín es un pilar fundamental de la fe cristiana que debe serle conocido y, más aún, si es por medio de un ensayo que está escrito en abierta polémica con la teología oficial y su tradicional (y cómoda) recepción del corpus agustiniano. Además, este libro no supone meramente un interés paleontológico, sino que se dirige a la reflexión sobre el sentido y las posibilidades de la religión actual. En ese sentido, tengo entendido que el autor continuará con la impronta aquí iniciada a través de otros dos ensayos que echen más luces sobre el tránsito cristiano a una modernidad que desemboca en la secularización, mas no únicamente como réplica a la religiosidad precedente, sino además (y quizá especialmente) como una reformulación y continuidad de esa misma religiosidad; es decir, de sus componentes nucleares. Esperemos que, entretanto, esta primera entrega se abra paso más allá de los muros de la academia, porque allí afuera es donde crecen los matorrales de la fe, mientras que nuestros filósofos suelen quedarse adentro, al lado de su chimenea y frente a un espejo, exentos de batallas, pues les da igual si la filosofía sigue siendo esclava de la teología.


Título: LOS ROSTROS DE JANO. ENSAYO SOBRE SAN AGUSTÍN Y LA SOFÍSTICA CRISTIANA
Autor: LUIS E. BACIGALUPO

Páginas: 175
Editorial: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú
Ciudad: Lima
Año: 2011
Prólogo: Jean Grondin.
ISBN: 978-9972-42-962-0

Reseña editorial:
Acaba de publicarse Los rostros de Jano. Ensayos sobre san Agustín y la sofística cristiana (Fondo Editorial PUCP, 2011), libro de Luis Bacigalupo que nos permite redescubrir el mundo de uno de los pensadores más fascinantes e influyentes de la filosofía occidental y hacer, además, una revisión profunda de las categorías de las que nos servimos para comprenderlo.

En este trabajo, Bacigalupo nos va mostrando que san Agustín resulta ser no solo un ilustre retórico formado en la tradición jurídica romana, sino un escéptico y un sofista; es decir, se trata de una tesis provocadora que rescata los aspectos positivos de la “sofística” cristiana y critica la pretensión de ignorarla como si se pudiera eliminar uno de los rostros de Jano —dios romano caracterizado por su doble faceta que mira en direcciones contrarias.

En ese sentido, el instrumental utilizado por san Agustín para defender la doctrina cristiana y ejercer su crítica contra la falta de bases científicas de la misma es lo que Bacigalupo denomina el efecto Celso y es el centro significante de la metáfora de Jano.

Este trabajo no solo propone una nueva mirada al pensamiento agustiniano, sino que va más allá al ofrecer una acertada crítica de un cristianismo cuya desatendida veta sofista reclama ser reinventada para expresar la verdad religiosa en consonancia con los signos de los tiempos.

Luis E. Bacigalupo (Lima, 1955) es doctor en Filosofía por la Universidad Libre de Berlín y profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha publicado Intención y conciencia en la Ética de Abelardo (Lima, 1992) y coeditado, junto a Manuel Marzal, Los jesuitas y la modernidad en Iberoamérica 1549-1773 (Lima, 2007). Asimismo, es autor de numerosos artículos en publicaciones especializadas de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

martes, 17 de mayo de 2011

El talón de Aquiles (Pontificia Universidad Católica del Perú)




El Centro de Estudios Filosóficos (CEF) de la Pontificia Universidad Católica del Perú ha lanzado un "portal de recursos para la enseñanza de la filosofía" llamado El talón de Aquiles. Hay que felicitar, sin duda, el esfuerzo continuo del CEF en la promoción de la filosofía en el Perú, en el que se inscribe la creación de este portal que puede ciertamente ser muy útil en la recopilación de información que aparece dispersa en la Internet y a la que muchas personas, si bien podrían acceder, no tienen la facilidad o el tiempo para realizar por su cuenta búsquedas detalladas.

La imagen del talón de Aquiles (junto a la del Caballo de Troya) es de las pocas referencias míticas griegas que permanecen de uso común en el imaginario popular. Con ella se señala la ineludible fragilidad de quien aparenta no tener ninguna otra debilidad fatal: "ése es su talón de Aquiles". E incluso se usa también, de forma mucho más libre y un tanto incorrecta, para señalar una multiplicidad de debilidades: "tiene muchos talones de Aquiles". En el portal se señala que con la expresión se quiere caracterizar el trabajo de la filosofía, en el sentido de recordarle a las personas esa vulnerabilidad propia de la condición humana. Ello no puede ser sino bienvenido, toda vez que esto supone afirmar el espíritu crítico de la filosofía, incluso contra sus propios dogmas. Ahora bien, me temo que esta primera versión del portal no sólo tiene un talón vulnerable como el de Aquiles, sino algunas otras partes del cuerpo también. Señalo a continuación lo más saltante que me parece que puede ser mejorado.

En la presentación misma hay cierta confusión de términos que puede parecer una exquisitez erudita corregir, pero que no lo es si el portal quiere mantener rigurosidad académica y no ser simplemente un canal de popularización del oficio. Esto, sobre todo, desde que Platón nos previniera de no separar lo que debe estar unido, ni unir lo que debe mantenerse separado. Me refiero al hecho de poner en un mismo plano al mito homérico y lo que llaman "cuidado del alma". En Homero no hay tal cosa porque, como lo trabajó Bruno Snell hace ya varias décadas, no existe en la concepción homérica del hombre algo así como "el alma", ni mucho menos habría que cuidarla. Eso es platónico, porque, además, no todo filósofo comparte esa obsesión anímica, como es el caso de Nietzsche; por lo que no es tan buena idea caracterizar así a la filosofía, más allá de que suene bonito para quienes buscan en ella lo que podrían encontrar mejor yendo a un terapista. Hay que evitar, pues, el uso antojadizo de los mitos griegos que los descontextualiza. Eso no ayuda a una buena formación filosófica.

En cuanto a los filósofos sobre los que se ofrece información, hay una buena cantidad: 43 filósofos que representan corrientes y épocas diversas. A primera vista, sin embargo, noto la ausencia de por lo menos una veintena de filósofos importantes que ojalá sea cubierta pronto. Entre ellos están: Tales (que no por gusto es considerado el primer filósofo), Heráclito y Parménides (por no mencionar a los otros presocráticos que podrían ser agrupados en conjunto), Epicuro (importante en la disyuntiva epicureismo-estoicismo que mucho se maneja pero poco se conoce), Sexto Empírico (como representante de una línea escéptica crucial para entender las refutaciones e inclusiones de los argumentos escépticos en Aristóteles, Plotino, San Agustín, Descartes, Husserl, etc.), el mismo Plotino (el neoplatonismo está bastante descuidado en la selección), Cicerón y Séneca (por no mencionar a estoicos "rebuscados"), San Anselmo (sin el cual no hubiese habido escolástica), Siger de Brabante (crucial para entender la empresa del Aquinate), Ockham (que es necesario para entender los precedentes del criticismo kantiano y de la reforma luterana), Meister Eckhart, Nicolás de Cusa, Giordano Bruno (el vínculo entre Edad Media y modernidad no está presente), Voltaire (importantísimo junto a Rousseau y otros en el contexto de la Revolución francesa), Fichte y Schelling (sin los cuales no puede entenderse en lo más mínimo el idealismo alemán y que son quizá las ausencias más notables), Feuerbach (como representante del influyente hegelianismo de izquierda), Kierkegaard y Schopenhauer (otro par de ausencias inexplicables), y ya en el terreno de la filosofía contemporánea, y dado que hay inclusiones asombrosas como las de Dewey, Ayer y Nussbaum, por qué no incluir también a Bergson, Sartre, Fink, Merleau-Ponty, Jaspers, Deleuze y Derrida.

Si bien la filosofía peruana y la latinoamericana en general no son tan significativas como la europea y la anglosajona, no incluirlas redunda en el desconocimiento de aquello que, para bien o para mal, hemos sido y somos filosóficamente hablando. Que alguien estudie filosofía en el Perú y no sepa que Javier Prado (el mismo de la transitada avenida) fue un filósofo (independientemente de su valor como tal), dice bastante al respecto.

El llamado pensamiento oriental es otra exclusión importante, sobre todo siendo que están de moda los gurús que casi siempre simplifican y deforman las longevas tradiciones orientales. Teniendo a un brillante orientalista como José León en la PUCP, el asunto es más lamentable aún.

Otras dos ausencias notables dentro de las áreas colocadas en el portal son la estética o filosofía del arte y la filosofía de la religión. Teniendo la filosofía sus fuentes en la literatura y la religiosidad griegas, no son ausencias secundarias.

Por otro lado, el diseño de las páginas es muy poco atractivo. Los dibujos de los filósofos son simpáticos pero poco más que eso (y, dicho sea de paso, la Iglesia católica no le ha colocado aureola a Abelardo, ni falta le hace; y ese San Agustín parece un Juan Pérez). Pero lo principal es la poca interacción que ofrece el portal, que es demasiado estático, coloca muchas cosas juntas, los colores no ayudan a la lectura, no se resalta la información relevante sino que todo es bastante monótono, y no se aprovechan satisfactoriamente los recursos técnicos que ofrece la llamada Web 2.0 o recursos habituales en páginas Web como las animaciones Flash.

El portal señala en la descripción de su nombre su objetivo, pero lo que no parecen sus creadores tener claro son los criterios sobre la estructura, los contenidos y la utilidad del portal. Este es, a mi juicio, su principal error. Creo que no se trata de divulgar cuanta información se encuentre en la Internet, sin un tamiz crítico que la academia puede precisamente brindar. Sin embargo, esa parece ser la lógica de lo que hasta ahora ha sido colocado en las distintas páginas. Lo que se deja extrañar son esos criterios y la información que a partir de ellos pudiese orientar al estudiante, profesor o interesado en la filosofía a valorar unas fuentes más que otras, a conocer cuáles son las mejores traducciones y ediciones disponibles y por qué, a señalar las simplificaciones o reduccionismos que debieran ser advertidos, etc. Incluso a ofrecer precisiones biográficas importantes que no se encuentran ni en la Enciclopedia Británica ni en Wikipedia.

En la línea de lo anterior, se puede observar que no ha habido criterios adecuados para el manejo de la información. Por ejemplo, los títulos de los artículos a veces son puestos en mayúsculas y a veces no; no hay diferenciación entre títulos de libros y de artículos, etc. La estructura del portal es en varios puntos confusa (la misma página de inicio no orienta sobre todo el contenido disponible). No hay un buscador avanzado (más allá de aquél del archivo) ni un mapa del sitio, que son herramientas indispensables en un portal cuyo contenido es muy amplio y variado. Por otro lado, ¿a qué viene la clasificación de "Filosofía y actualidad"? ¿La filosofía es "actual" en la medida en que se vincule con el cine pero no en la medida en que "sólo" se lea a Platón? El portal sigue en esto el prejuicio popular en lugar de desafiarlo (dar en el talón de Aquiles).

En cuanto al contenido, la ausencia de criterios y de comentarios críticos es un poco más grave. Así, por ejemplo, algunas páginas incluyen una breve presentación de su tema mientras que otras no. Hay partes de libros presentadas como artículos (por ejemplo, el artículo que aparece como "Los problemas básicos de la Fenomenología" de Heidegger, es una traducción de la Introducción del libro homónimo). Lo mismo con el texto enlazado de Merleau-Ponty, que además es un enlace sin un mínimo de rigor académico, puesto que no colocan referencia alguna de la fuente utilizada. En el portal podrían colocar una indicación sobre si las fuentes ofrecidas están completas o no, así como una nota crítica, pero no lo hacen; colocan el enlace sin más, lo que es realmente de muy poca ayuda para quien no tiene conocimientos sobre las fuentes y ediciones disponibles. Tampoco hay distinción entre fuentes primarias y secundarias, y hay textos que no son en absoluto filosóficos, como el informe del PNUD (La democracia en América Latina). En general, el portal depende mucho del contenido que puede ser libremente distribuido (aunque algunos casos son también dudosos a este respecto); ése parece haber sido el único criterio, cuando cualquier persona sabe que los contenidos disponibles en Internet son muy variados y no siempre confiables. Eso también con los videos de Youtube enlazados.

El portal podría haberse enriquecido a su vez con enlaces al acervo disponible en la Biblioteca de la PUCP. Ya sea a través de meras referencias bibliográficas, brevemente comentadas, o de lo que ésta vaya facilitando para acceso libre en línea, como es actualmente el caso de las tesis. Para mejorar la calidad del portal, deben revisarse cuidadosamente todos los enlaces colocados. No se entiende por qué el enlace de las revistas de la PUCP aparece en la página de Fenomenología. Tampoco por qué no sale allí el enlace que ponen en la página de Hermenéutica al Círculo Latinoamericano de Fenomenología. Y, por último, tratándose de "recursos para la enseñanza de la filosofía", sería bueno que distinguieran explícitamente entre recursos para una enseñanza introductoria (incluyendo a la educación escolar) y recursos para una enseñanza más especializada.

En fin... se trata de una buena idea y de un portal necesario, pero que, por el momento, tiene varias fallas importantes que a mi juicio justificaban que no sea aún lanzado. En todo caso, ahí está y seguramente será mejorado para convertirse en la herramienta útil que pretenden sus creadores que sea, con el mismo rigor y solvencia en el que hemos sido formados quienes estudiamos filosofía en esta universidad.

martes, 15 de marzo de 2011

REDALYC: Red de revistas científicas




La REDALYC (Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal) es un sistema de información (un portal) que pone a disposición de los investigadores hispanohablantes una buena cantidad de revistas académicas de libre acceso. El proyecto es impulsado por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). A la fecha dispone de 733 revistas, 13,900 números y 171,206 artículos a texto completo. El área de Ciencias Sociales y Humanidades consta de 517 revistas y 113,840 artículos. En el área de Filosofía y Ciencia las quince revistas disponibles son:

- Araucaria (2000-)

- Cinta de Moebio (1997-)

- Eidos: Revista de Filosofía de la Universidad del Norte (2003-2009)

- Ideas y Valores. Revista Colombiana de Filosofía (2004-)

- Invenio (2000-)

- La Lámpara de Diógenes (2000-)

- Límite (2000-)

- Persona y Bioética (2000-)

- Praxis Filosófica (2007-2009)

- Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia (2000-2008)

- Revista Iberoamericana de Teología (2008-2009)

- Signos Filosóficos (1999-)

- Teología y Vida (2002-2009)

- Theologica Xaveriana (2007-2009)

- Tópicos (2001-2009)


El motor de búsqueda permite clasificar la información por artículos o por revistas. En el caso de los artículos, la búsqueda puede ser por autor, por palabra clave o avanzada (con el cruce de otras variables más). En el caso de las revistas, la búsqueda puede ser alfabética, por país o por área.

Una utilidad adicional es el acceso a través del mismo portal a las normas de publicación de estas revistas, para quienes pudiesen estar interesados en publicar sus artículos, señalando además los índices internacionales en los que están inscritas cada una de ellas y la conformación de sus comités científicos.

Página Web principal de REDALYC.

martes, 8 de marzo de 2011

Ex captivitate salus de Carl Schmitt

Varios años hace que decidí abrir por primera vez un libro de Carl Schmitt: El concepto de lo político (1927). Recuerdo haberme reido mucho al leerlo — a diferencia de otros que no lo leen pero reniegan de él. Y recuerdo haber revisado después fragmentos de su Romanticismo político (1919), que tiene una noción de lo romántico bastante decepcionante, y de El nomos de la tierra (1950). Con eso, que ya era bastante, me pareció que, más allá de algunos tópicos incitantes y de su afectado tono de "gran señor", leer a Schmitt era filosóficamente algo poco productivo por sus reiteradas simplificaciones de los símbolos y los conceptos de los que se servía, lo cual le restaba interés y lo hacía fácilmente rebatible (sin caer necesariamente dentro de las categorías de las que no aceptaría críticas por ser "esencialmente" enemigas suyas). Leer a Kelsen era bastante más cansino, pero sus argumentos jurídicos eran mucho más sólidos que los de Schmitt.

Esta mañana llegó a mí otro libro suyo titulado Ex captivitate salus, que consiste en una serie de notas breves escritas durante su encarcelamiento tras la derrota del nazismo, en Berlín primero (1945-1947) y luego en Nuremberg (1947). La traducción editada por Trotta tiene una fotografía de su rostro en toda la portada. Nunca me había interesado en buscar una fotografía suya, quizá porque me gustaba imaginármelo como un hombre solemne pero entrando en cólera cada vez que —conforme yo avanzaba en la lectura— se le aparecían sus fantasmales enemigos. De modo que hoy vi por primera vez esa solemnidad casi marcial pero también abatida que refleja su rostro en esa fotografía. Y a lo mejor por el recuerdo de las risas y bromas del pasado (algunos amigos filósofos incluso me identificaban como el estudiante de derecho que leía a Kant, Schmitt y Kierkegaard a la vez) se me antojó leerlo de nuevo. También porque este libro es muy corto —hay que admitirlo— y podía por lo tanto leerlo en una sola tarde.

He leido, pues, esta nueva edición y me animo a hacer algunos comentarios. En primer lugar, la Presentación de Julio A. Pardos está un tanto desordenada, se pierde innecesariamente en otros escritos de Schmitt y proporciona una muy vaga introducción a la obra que se tiene entre manos. Además, la rendida pleitesía no es el mejor modo de homenajear a un autor, ni siquiera respecto de una obra que, como ésta, fue escrita en condiciones adversas. Un efecto concreto de este no saber alejarse del autor admirado se aprecia precisamente en el uso excesivo que Pardos hace de los términos y conceptos schmittianos, perdiendo la consideración por el lector que no forma parte del mismo culto. La traducción de estos textos es la que en 1960 hizo Anima Schmitt de Otero, hija del autor, con un prólogo de su padre directamente escrito en castellano. Sin embargo, el editor ha modificado esa traducción cuando lo ha creído necesario, de modo que no es tampoco la misma. Por lo demás, la edición tiene la completud a la que nos tiene acostumbrados la editorial Trotta (notas críticas, bibliografía referencial, índice onomástico, etc.). Pasemos ahora al texto mismo de Schmitt, pero hagámoslo de un modo un poco distinto al convencional. El texto es tan breve que no vale la pena reseñar sus contenidos. Prefiero comentar algunas de las menciones que Schmitt hace de autores y figuras míticas. Veamos...

Adán y Eva: 
Difícilmente se encuentra en Schmitt una referencia mítica que sea por lo menos satisfactoria. Esta, en principio, lo es. Al comienzo de "Sabiduría de la celda" observa la desnudez objetiva en la que se encuentra y la compara con la de la pareja original tras la expulsión del paraíso. El texto conmueve por la imagen del hombre reducido en una celda, pero presenta un error de fondo al trasladar su particular condición a una suerte de estatuto ontológico de lo humano, olvidando intencionadamente las causas de dicha condición, tanto como que el mito en cuestión es un mito moral que busca explicar (y validar) el sentimiento de culpa, asociándolo al sentimiento de vergüenza. Schmitt no se arrepiente. Adán y Eva, sí. Ellos adquieren conciencia del mal y de su responsabilidad en éste. Schmitt, no. Para él, esta pareja sintió una desnudez como la que siente el hombre disminuido frente al hombre poderoso, pero el mito trata fundamentalmente de la desnudez ante Dios, y concretamente ante un conocimiento de lo divino que ahora saben que es absurdo y perjuicioso que el hombre pretenda. Más allá del uso descontextualizado del mito, algo que desde toda hermenéutica es un error, este uso nos permite observar que Schmitt recurre a los mitos, así como a los poemas y la música, para sentirse refugiado en otros que considera amigos suyos, pero que quizá no lo sean tanto, porque, estando junto a ellos, estos no dejan de señalar sus carencias, su desnudez, su falta de amigos.

Platón:
Schmitt no quiere dejar de ser desafiante ni justificarse, pero, una vez descubierto con la navaja en la mano, se justifica. Entre otros, apela al discípulo ilustre de Sócrates: "Platón fue colaborador del tirano de Siracusa, y enseñó que no se debe negar un consejo bueno ni siquiera al enemigo" (p. 34). Digamos que no quiere compararse con Platón, pero aun así el recurso es torpe. Platón no es una víctima de las circunstancias históricas; él viaja a Siracusa para intentar en la práctica lo que Atenas le negaba: el gobierno del filósofo o, mejor dicho, de la razón. Como se sabe, fracasó no una sino tres veces, y pasó no pocos percances hasta regresar por tercera y definitiva vez a Atenas. A pesar de ello y de la acusación de impiedad que recibió en su momento, como su maestro Sócrates y su discípulo Aristóteles, mantuvo intactas sus pretensiones, con la confianza de que la razón —y acaso también la historia— estaba de su lado. La fundación de la Academia fue también un acto político. A pesar de su carácter cerrado, lo que corresponde a una comprensión de que la filosofía no puede ser anunciada en las plazas, no al menos sin perder lo fundamental de su discurso, la Academia no era un convento para "científicos" desinteresados de la política. Platón fue siempre perfectamente consciente de la influencia que pretendía tener sobre la política ateniense. Schmitt, en cambio, lo alude en un contexto en que, según él, el científico es, como cualquier otro ciudadano, un súbdito leal, hasta que el terror interno se desencadena, lo amenaza y entonces sólo él puede determinar los márgenes de su lealtad. ¿Debe en esas condiciones denunciar al gobernante y rebelarse contra él? Schmitt responde a los estadounidenses que lo acusan de ser un teórico servil a Hitler: "El deber de desencadenar una guerra civil, de sabotear y de hacerse mártir tiene sus límites". Respuesta antológica. En el medio está el problema de la intelectualidad; aquella cuestión que abordaría Hannah Arendt a partir de su propio rechazo y autoexilio de los círculos de intelectuales de Alemania. Platón en ningún momento se victimiza. Ni siquiera victimiza a Sócrates. Por ello dirá Hegel (tan admirado por Schmitt) que Sócrates (como Jesús) efectivamente merecía morir.

Moro, Macrobio y Melville:
Para Schmitt, el intelectual es una víctima de las circunstancias. Cuando el enemigo tiene el poder, los sediciosos harán su revuelta mientras que el intelectual debe protegerse como sólo él sabe. Es que él es demasiado valioso para morir. ¿No se aprecia, acaso, la radical diferencia con Sócrates — y hasta con Jesús? Pero si Platón aconsejó al tirano, ¿por qué él no pudo "aconsejar" al Führer? Carl Schmitt no se retracta, es cierto, pero sí se esconde tras la moderna etiqueta de intelectual. Y cierra el pasaje de manera inmejorable aludiendo a Tomás Moro, no por su martirio sino por las "concesiones asombrosas" que le hizo al tirano antes del mismo (así, sin profundizar en lo más mínimo), y cita una frase de las Saturnales de Macrobio que considera como un argumento de validez imperecedera: "No puedo escribir contra quien puede proscribir". La cita es incorrecta porque lo que dice Macrobio es que no es fácil hacerlo, no que no puede. Schmitt la vuelve a utilizar en un interrogatorio escrito de Nuremberg, cuando se le pregunta: "¿En qué medida ha proporcionado usted la base teórica de la política hitleriana del 'gran espacio' (Grossraum)?". Incluso en su versión la cita de Macrobio es inadecuada, porque con ella sostendría que no puede exigirse al intelectual —jurídicamente, al menos— que escriba contra el tirano, cuando la acusación no es esa, sino que habría puesto su intelecto a favor del tirano. Un jurista que se respeta sabe distinguir entre omisión y acción, así como entre culpa y dolo. La denuncia es por una acción dolosa. Schmitt apela entonces a Benito Cereno, relato de Herman Melville en el que el personaje de ese nombre, capitán de un galeón español que transporta esclavos de Valparaíso al Callao, es hecho prisionero por los esclavos que se han amotinado y tomado el control de la nave. En el camino a Senegal, estos son interceptados por un barco americano. Babo, el jefe de los esclavos, obliga a Don Benito a actuar como si él siguiese al mando hasta que el capitán americano se marche. Éste accede pero se comporta de manera extraña y dice una serie de frases que son elocuentes para todos menos para el americano. Schmitt se presenta como un Don Benito verídico, al que, frente a la amenaza nazi, sólo le quedaba recurrir a frases enigmáticas que sus jueces americanos no podrían entender. Hay que admitir que el recurso es original y pasaría por eficaz, si no fuese —para variar— por los detalles. En primer lugar, en ningún momento pareció que Schmitt hubiese estado pidiendo ayuda frente al régimen de Hitler. En todo caso, en el relato, Don Benito sigue estando bajo amenaza; no así Schmitt que ya estaba fuera del régimen nazi y podía hablar claramente pero no lo hacía. En segundo lugar, al resto de los que estuvieron en la nave alemana no les resultaba tan evidente que Schmitt estuviese en contra de las políticas oficialistas. En tercer lugar, los intelectuales de renombre —salvo que fuesen judíos— no estuvieron especialmente amenazados si no ocupaban cargos importantes. Ese es por ejemplo el caso de Heidegger, que nunca alegó en su defensa algo similar a lo de Schmitt porque cuando no estuvo de acuerdo con las políticas del Führer simplemente renunció a su cargo como rector en Friburgo. Y, por último, efectivamente hay, por decir lo menos, un "aire de familia" entre la teología política de Schmitt y la ideología nacionalsocialista. Si alguien replicase que eso mismo pasa, por ejemplo, con Nietzsche, no es difícil refutar tal asociación con los propios textos de éste. Con los de Schmitt, en cambio, las cosas no son así de fáciles. Recuérdese además que hubo importantes nazis que se opusieron a la inclusión de Nietzsche dentro de su canon por considerar que su nihilismo era contrario a los principios del nacionalsocialismo (y también por los fragmentos donde es implacable contra el antisemitismo y el nacionalismo alemán). En el caso de Schmitt también hubo nazis en su contra, pero porque consideraban que su adhesión era oportunista y falsa, y no porque hubiese una contradicción teórica de fondo.

Epimeteo:
A diferencia de su hermano Prometeo, Epimeteo no es previsor, no puede anticiparse a los hechos y sólo comprende las consecuencias de sus actos una vez que estos se han consumado. Carl Schmitt lo convierte en su alter ego, pues ve en él la negación de las abstracciones, el apego a la experiencia y a la teoría realista. Soy un "Epimeteo cristiano" (p. 27), dice de sí, pero tal "cristianización" no le da derecho a torcer tanto al personaje como para santificarlo, dejando de lado la función original del mito griego, dentro del cual, en todas sus menciones, Epimeteo es la representación de la torpeza humana por no ser capaces de prever las consecuencias de nuestros actos. Sí, Epimeteo es torpe y le causa daño a la humanidad entera. Schmitt toma a Epimeteo para oponerlo a los modernos Prometeos y quedarse sólo con él. La sabiduría griega, en cambio, consiste sobre todo en evitar las simplificaciones; por eso conciben que tanto la previsión de Prometeo como el tardío reconocimiento de Epimeteo son aspectos mutuamente constitutivos de la naturaleza humana. Todo hombre tiene algo de ambos titanes, que son sus abuelos (Pirra, hija de Pandora y Epimeteo se une al hijo de Prometeo, Deucalión, y ambos fueron los padres del género humano). Schmitt personaliza a los opuestos de modo tal que un hombre puede ser el extremo opuesto de otro y en ese sentido uno necesita de su enemigo, pero "olvida", con ese burdo esencialismo, que el camino que siguieron los griegos encontró al peor enemigo dentro de uno mismo, y sólo entonces fue posible el pensamiento.

Tocqueville:
Como último punto quiero referirme a las breves cinco reflexiones que dedica el autor a Tocqueville bajo el título "Historiographia in nuce: Alexis de Tocqueville" (pp. 37-42). Primero hay que recordar el contexto: Schmitt está siendo procesado por los americanos. ¿Es ilógico entonces que abordase al principal promotor europeo de la democracia americana? La primera reflexión nos plantea el tema historiográfico de si las historias las escriben los vencedores o los vencidos. Al final de la misma menciona que ninguna guerra es tan grave como la guerra civil (aun si se pierde la esperanza, el orden interno no debiera perderse) y se lamenta de que quienes citan la frase de Heráclito —"La guerra es madre de todas las cosas"— no piensen en la guerra civil. A este respecto conviene aclarar que no por gusto a Heráclito se le llamaba "el oscuro". Las observaciones que Schmitt hace de la guerra están bastante lejos de la oscura identidad de los contrarios, según la cual, al decir "la Guerra es padre y rey de todo" —que esa es la frase de Heráclito—, se está afirmando que cuando se está en guerra también se está en paz.

La segunda reflexión empieza con un elogio de la capacidad de Tocqueville para ver, más allá de los cambios coyunturales y de las tendencias opuestas, "el camino hacia (...) una humanidad centralizada y democratizada" (p. 39). Estamos aquí ante un punto neurálgico de la posición schmittiana: la presunta configuración de la democracia como una suerte de "pensamiento único". Una vez que ganaron los aliados, Schmitt ve caer la única resistencia fuerte contra la confirmación de la tesis de Tocqueville del afianzamiento imparable de la democracia, sea a partir de las "formas liberales de organización" (América), o sea a partir de las formas dictatoriales (Rusia). De aquí van a ir surgiendo los principales rechazos reaccionarios de la democracia que llegan hasta nosotros. Parece extraño que se critique a un sistema deliberativo por su univocidad. Desde luego que podría argumentarse que esa diversidad inclusiva y libertad de elección son sólo aparentes. En el Perú, por ejemplo, la regla ha sido una democracia meramente electoral que encubre a una oligarquía controlando el país, pero eso no invalida en absoluto los presupuestos democráticos; tanto así, que precisamente aparecen discursos que demandan radicalizar la democracia. No corresponde ahondar aquí en esa discusión, pero sí señalarla en tanto que esta intuición de Schmitt tiene sus seguidores que preconizan una alternativa "políticamente incorrecta". En realidad, no hace falta demasiada sagacidad para advertir en esto también la abundancia de intencionadas simplificaciones y sobreinterpretaciones. Es fácil simplificar para sacar algún provecho. La tarea de la filosofía es exactamente la contraria.

La tercera reflexión continúa el elogio de la lectura histórica de Tocqueville, que colocaba los ejes del destino de Europa fuera de ella, en Estados Unidos y Rusia, aun antes de su desarrollo industrial. En las dos últimas reflexiones Schmitt tuerce sutilmente el elogio: "Tocqueville era un vencido. Se concentraron en él toda clase de derrotas..." (p. 40). Estaba naturalmente dispuesto para ser un "Epimeteo cristiano", pero ya había "sucumbido" al agnosticismo de su época y sobre todo carecía de un Kat-echon, concepto schmittiano tomado de la traducción griega de san Pablo para observar la misión que tendría el imperium cristiano de "retener" el advenimiento del Anticristo (léase: la democracia descrita por Tocqueville). Ya bastante problemático es encontrar un imperium cristiano en las cartas paulinas, pero dejemos eso también. Schmitt toma la caracterización de Tocqueville como "un vencido que acepta su derrota" de Guizot y Sainte-Beuve. A diferencia de estos, él pretende tomar la frase sin su mala intención, pero no lo logra porque no puede dejar de verlo como un aristócrata vencido por la irresistible ola democrática, cuando su biografía y sus obras nos muestran más bien a un hombre que ya no se considera miembro de su noble ascendencia, y no por estar ésta coyunturalmente derrotada —dejémosle ese oportunismo a Schmitt—, sino porque tenía un auténtico interés científico en busca de las mejores posibilidades políticas para Europa y para Francia en particular. La noción que Tocqueville tiene de la historia es mucho más plena precisamente porque no tiene un Kat-echon que le nuble la vista. Schmitt está demasiado marcado por su paranoica necesidad de enemigos. A este respecto habría que recordar las palabras de Heidegger: "Si hubiera en el pensar adversarios y no meros enemigos, más favorablemente le iría a la cosa del pensar" (Desde la experiencia del pensar).


Título: EX CAPTIVITATE SALUS. EXPERIENCIAS DE LA ÉPOCA 1945-1947
Autor: CARL SCHMITT
Formato: 12 x 20 cms.
Páginas: 104
Editorial: Trotta
Ciudad: Madrid
Año: 2010
Traducción: Anima Schmitt de Otero
Edición: Julio A. Pardos
ISBN: 978-84-9879-139-6

Reseña editorial:
Ex captivitate salus (1950), un puñado de textos compuestos fundamentalmente entre Berlín y Núremberg, entre 1945 y 1947, contiene una recapitulación, y un relanzamiento de la obra toda de Carl Schmitt. Siempre con firme anclaje en el derecho —en la jurisprudencia—, despliega la meditación acerca del enemigo hacia múltiples campos de la experiencia, la filosofía y la teología, la política y la poesía. Y además constituye un documento de acceso privilegiado a una «catástrofe» que no fue sólo «alemana».

Página Web de la Editorial Trotta.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ejercitación en el pensamiento filosófico de Martin Heidegger

La Editorial Herder acaba de publicar, en traducción de Alberto Ciria, las lecciones que Martin Heidegger impartió en el invierno de 1941/1942, correspondientes a la segunda parte del volumen 88 del plan de la Gesamtausgabe. Heidegger había planeado para dicho semestre dictar un seminario sobre Nietzsche, que fue incluso anunciado pero que no se llegó a realizar. En su lugar dictó uno sobre Hölderlin y éste que ahora se presenta en castellano.

El mencionado volumen de la Gesamtausgabe fue editado por Alfred Denker y publicado en el 2008. Los dos seminarios que lo componen fueron concebidos por Heidegger como "ejercicios" (Übungen). El segundo de ellos (Einübung in das philosophische Denken), que es el que aquí nos interesa, se centra en unas frases de Heráclito y Nietzsche que Heidegger convierte en representativas no sólo de sus respectivas filosofías, o de la suya propia, sino del pensamiento filosófico en general. Se trata, por lo tanto, de una introducción a la filosofía muy al estilo de su autor: pensar en estas frases y en el modo como ellas se nos manifiestan es el único modo de aprender a pensar.

Que la traducción al castellano haya visto la luz a tan sólo dos años de la edición alemana es un buen síntoma de lo activos que están los estudios sobre el más importante pensador alemán del siglo pasado. Por último, no deja de ser curioso y sugerente que la edición española observe con especial énfasis una afinidad entre el pensamiento heideggeriano -en el sentido en que éste se apropia del de sus interlocutores- y la mecánica cuántica.


Título: EJERCITACIÓN EN EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO
Autor: MARTIN HEIDEGGER
Formato: 14.1 x 21.6 cms.
Páginas: 192
Editorial: Herder
Ciudad: Barcelona
Año: 2011
Traducción: Alberto Ciria
ISBN: 978-84-254-2638-4

Reseña editorial:
La filosofía no se hace ni se aprende estudiando, sino pensando. Para ello Heidegger propone dos frases de Heráclito y de Nietzsche, y enseñando a pensar sobre ellas, hace ver hasta qué punto el pensamiento de estos filósofos está emparentado con la mecánica cuántica: “Todos los pensadores piensan lo mismo”, afirmará.

En este volumen se presentan por vez primera en castellano las lecciones que Heidegger dio a sus alumnos que comenzaban los estudios de filosofía en el invierno de 1941/1942.

Ejercitación en el pensamiento filosófico enseña cómo pensar filosóficamente por uno mismo.

Página Web de Herder Editorial.
Página Web de la editorial Vittorio Klostermann.

martes, 22 de febrero de 2011

Senilia de Arthur Schopenhauer

Decía Borges que ni Leibniz es tan optimista ni Schopenhauer es tan pesimista como comúnmente se les piensa. Efectivamente, el filósofo al que su madre consideraba personalmente insoportable y al que Nietzsche calificó como "maestro de la decadencia", prefería la compañía de su perro a la de los hombres, pero nunca llegó a afirmar, por ejemplo, que el infierno fuesen los otros, sino que siempre vio en la alteridad, en la renuncia a la voluntad individual y en la compasión, la posibilidad de una existencia feliz. No por mero sentimentalismo o por el exotismo oriental que se ha extendido entre nosotros bastante superficialmente, sino porque así se sostenía a partir de su concepción metafísica de la naturaleza y del conocimiento y la voluntad humana.

Frankfurt le ofreció a Schopenhauer el refugio para sus últimos 28 años de vida, luego de su fracaso académico en Berlín. Allí pudo publicar nuevas ediciones de sus obras pasadas, así como también varias otras nuevas. Allí escribió sus Parerga y paralipómena, la obra que le dio el renombre que hasta entonces se le había negado por enfrentarse al entusiasmo idealista en que estaba sumida la academia por causa de Fichte, Hegel y Schelling. Allí redactó también sus fragmentos póstumos, entre los que se encuentra este volumen intitulado Senilia. Gedanken im Alter.

En estos textos no se debe buscar demasiada originalidad. Si es cierto que todo filósofo es capturado a lo largo de su vida por una única idea, esto es especialmente evidente en el caso de Schopenhauer. Así como el último Cézanne pintaba el mismo paisaje varias veces, no para lograr el cuadro perfecto sino para resaltar la riqueza de la naturaleza y la variedad perceptiva, Schopenhauer nunca dejó de escribir variaciones y complementos de lo que sostuvo en El mundo como voluntad y representación. No obstante, ello no le quita originalidad a cada nueva página, pues lo mismo requiere expresarse siempre de modos diversos, y especialmente si son las reflexiones libres de quien se ve a sí mismo como alguien que ha llegado serenamente al final de su vida; no con las premuras kantianas por darle coherencia al sistema, sino dedicándose a encontrar los puntos que corroborarían su pensamiento en la ciencia y en la vida cotidiana, con la cual fue siempre muy cercano - como lo testimonia su propia Metafísica de las costumbres.

Tanto los estudiosos de Schopenhauer como sus lectores en nuestro idioma tienen en esta publicación una nueva oportunidad para aproximarse a sus pensamientos no exentos de polémica. Hay que saludar, por lo demás, la impecable edición de Herder.


Título: SENILIA. REFLEXIONES DE UN ANCIANO
Autor: ARTHUR SCHOPENHAUER
Formato: 14.1 x 21.6 cms.
Páginas: 472
Editorial: Herder
Ciudad: Barcelona
Año: 2010
Traducción: Roberto Bernet
ISBN: 978-84-254-2695-7

Reseña editorial:
Entre los papeles del legado póstumo de Schopenhauer se encontró un volumen de unas 150 páginas que el filósofo escribió durante sus últimos años de vida y que tituló Senilia. Día a día anotó en este »libro de pensamientos« el fruto de sus meditaciones cotidianas: citas, reflexiones, recuerdos, consideraciones científicas, observaciones psicológicas, improperios e invectivas, esbozos y planes, reglas de buenos modales y máximas para la vida. Eran las últimas gotas de sabiduría que le ofrecía el pensar filosófico, una medicina del espíritu que le hacía la vejez soportable e incluso agradable. Por primera vez aparece la publicación de este manuscrito transcrito y editado como el mismo Schopenhauer lo concibió.

Página Web de Herder Editorial.