martes, 15 de marzo de 2011

REDALYC: Red de revistas científicas




La REDALYC (Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal) es un sistema de información (un portal) que pone a disposición de los investigadores hispanohablantes una buena cantidad de revistas académicas de libre acceso. El proyecto es impulsado por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM). A la fecha dispone de 733 revistas, 13,900 números y 171,206 artículos a texto completo. El área de Ciencias Sociales y Humanidades consta de 517 revistas y 113,840 artículos. En el área de Filosofía y Ciencia las quince revistas disponibles son:

- Araucaria (2000-)

- Cinta de Moebio (1997-)

- Eidos: Revista de Filosofía de la Universidad del Norte (2003-2009)

- Ideas y Valores. Revista Colombiana de Filosofía (2004-)

- Invenio (2000-)

- La Lámpara de Diógenes (2000-)

- Límite (2000-)

- Persona y Bioética (2000-)

- Praxis Filosófica (2007-2009)

- Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia (2000-2008)

- Revista Iberoamericana de Teología (2008-2009)

- Signos Filosóficos (1999-)

- Teología y Vida (2002-2009)

- Theologica Xaveriana (2007-2009)

- Tópicos (2001-2009)


El motor de búsqueda permite clasificar la información por artículos o por revistas. En el caso de los artículos, la búsqueda puede ser por autor, por palabra clave o avanzada (con el cruce de otras variables más). En el caso de las revistas, la búsqueda puede ser alfabética, por país o por área.

Una utilidad adicional es el acceso a través del mismo portal a las normas de publicación de estas revistas, para quienes pudiesen estar interesados en publicar sus artículos, señalando además los índices internacionales en los que están inscritas cada una de ellas y la conformación de sus comités científicos.

Página Web principal de REDALYC.

martes, 8 de marzo de 2011

Ex captivitate salus de Carl Schmitt

Varios años hace que decidí abrir por primera vez un libro de Carl Schmitt: El concepto de lo político (1927). Recuerdo haberme reido mucho al leerlo — a diferencia de otros que no lo leen pero reniegan de él. Y recuerdo haber revisado después fragmentos de su Romanticismo político (1919), que tiene una noción de lo romántico bastante decepcionante, y de El nomos de la tierra (1950). Con eso, que ya era bastante, me pareció que, más allá de algunos tópicos incitantes y de su afectado tono de "gran señor", leer a Schmitt era filosóficamente algo poco productivo por sus reiteradas simplificaciones de los símbolos y los conceptos de los que se servía, lo cual le restaba interés y lo hacía fácilmente rebatible (sin caer necesariamente dentro de las categorías de las que no aceptaría críticas por ser "esencialmente" enemigas suyas). Leer a Kelsen era bastante más cansino, pero sus argumentos jurídicos eran mucho más sólidos que los de Schmitt.

Esta mañana llegó a mí otro libro suyo titulado Ex captivitate salus, que consiste en una serie de notas breves escritas durante su encarcelamiento tras la derrota del nazismo, en Berlín primero (1945-1947) y luego en Nuremberg (1947). La traducción editada por Trotta tiene una fotografía de su rostro en toda la portada. Nunca me había interesado en buscar una fotografía suya, quizá porque me gustaba imaginármelo como un hombre solemne pero entrando en cólera cada vez que —conforme yo avanzaba en la lectura— se le aparecían sus fantasmales enemigos. De modo que hoy vi por primera vez esa solemnidad casi marcial pero también abatida que refleja su rostro en esa fotografía. Y a lo mejor por el recuerdo de las risas y bromas del pasado (algunos amigos filósofos incluso me identificaban como el estudiante de derecho que leía a Kant, Schmitt y Kierkegaard a la vez) se me antojó leerlo de nuevo. También porque este libro es muy corto —hay que admitirlo— y podía por lo tanto leerlo en una sola tarde.

He leido, pues, esta nueva edición y me animo a hacer algunos comentarios. En primer lugar, la Presentación de Julio A. Pardos está un tanto desordenada, se pierde innecesariamente en otros escritos de Schmitt y proporciona una muy vaga introducción a la obra que se tiene entre manos. Además, la rendida pleitesía no es el mejor modo de homenajear a un autor, ni siquiera respecto de una obra que, como ésta, fue escrita en condiciones adversas. Un efecto concreto de este no saber alejarse del autor admirado se aprecia precisamente en el uso excesivo que Pardos hace de los términos y conceptos schmittianos, perdiendo la consideración por el lector que no forma parte del mismo culto. La traducción de estos textos es la que en 1960 hizo Anima Schmitt de Otero, hija del autor, con un prólogo de su padre directamente escrito en castellano. Sin embargo, el editor ha modificado esa traducción cuando lo ha creído necesario, de modo que no es tampoco la misma. Por lo demás, la edición tiene la completud a la que nos tiene acostumbrados la editorial Trotta (notas críticas, bibliografía referencial, índice onomástico, etc.). Pasemos ahora al texto mismo de Schmitt, pero hagámoslo de un modo un poco distinto al convencional. El texto es tan breve que no vale la pena reseñar sus contenidos. Prefiero comentar algunas de las menciones que Schmitt hace de autores y figuras míticas. Veamos...

Adán y Eva: 
Difícilmente se encuentra en Schmitt una referencia mítica que sea por lo menos satisfactoria. Esta, en principio, lo es. Al comienzo de "Sabiduría de la celda" observa la desnudez objetiva en la que se encuentra y la compara con la de la pareja original tras la expulsión del paraíso. El texto conmueve por la imagen del hombre reducido en una celda, pero presenta un error de fondo al trasladar su particular condición a una suerte de estatuto ontológico de lo humano, olvidando intencionadamente las causas de dicha condición, tanto como que el mito en cuestión es un mito moral que busca explicar (y validar) el sentimiento de culpa, asociándolo al sentimiento de vergüenza. Schmitt no se arrepiente. Adán y Eva, sí. Ellos adquieren conciencia del mal y de su responsabilidad en éste. Schmitt, no. Para él, esta pareja sintió una desnudez como la que siente el hombre disminuido frente al hombre poderoso, pero el mito trata fundamentalmente de la desnudez ante Dios, y concretamente ante un conocimiento de lo divino que ahora saben que es absurdo y perjuicioso que el hombre pretenda. Más allá del uso descontextualizado del mito, algo que desde toda hermenéutica es un error, este uso nos permite observar que Schmitt recurre a los mitos, así como a los poemas y la música, para sentirse refugiado en otros que considera amigos suyos, pero que quizá no lo sean tanto, porque, estando junto a ellos, estos no dejan de señalar sus carencias, su desnudez, su falta de amigos.

Platón:
Schmitt no quiere dejar de ser desafiante ni justificarse, pero, una vez descubierto con la navaja en la mano, se justifica. Entre otros, apela al discípulo ilustre de Sócrates: "Platón fue colaborador del tirano de Siracusa, y enseñó que no se debe negar un consejo bueno ni siquiera al enemigo" (p. 34). Digamos que no quiere compararse con Platón, pero aun así el recurso es torpe. Platón no es una víctima de las circunstancias históricas; él viaja a Siracusa para intentar en la práctica lo que Atenas le negaba: el gobierno del filósofo o, mejor dicho, de la razón. Como se sabe, fracasó no una sino tres veces, y pasó no pocos percances hasta regresar por tercera y definitiva vez a Atenas. A pesar de ello y de la acusación de impiedad que recibió en su momento, como su maestro Sócrates y su discípulo Aristóteles, mantuvo intactas sus pretensiones, con la confianza de que la razón —y acaso también la historia— estaba de su lado. La fundación de la Academia fue también un acto político. A pesar de su carácter cerrado, lo que corresponde a una comprensión de que la filosofía no puede ser anunciada en las plazas, no al menos sin perder lo fundamental de su discurso, la Academia no era un convento para "científicos" desinteresados de la política. Platón fue siempre perfectamente consciente de la influencia que pretendía tener sobre la política ateniense. Schmitt, en cambio, lo alude en un contexto en que, según él, el científico es, como cualquier otro ciudadano, un súbdito leal, hasta que el terror interno se desencadena, lo amenaza y entonces sólo él puede determinar los márgenes de su lealtad. ¿Debe en esas condiciones denunciar al gobernante y rebelarse contra él? Schmitt responde a los estadounidenses que lo acusan de ser un teórico servil a Hitler: "El deber de desencadenar una guerra civil, de sabotear y de hacerse mártir tiene sus límites". Respuesta antológica. En el medio está el problema de la intelectualidad; aquella cuestión que abordaría Hannah Arendt a partir de su propio rechazo y autoexilio de los círculos de intelectuales de Alemania. Platón en ningún momento se victimiza. Ni siquiera victimiza a Sócrates. Por ello dirá Hegel (tan admirado por Schmitt) que Sócrates (como Jesús) efectivamente merecía morir.

Moro, Macrobio y Melville:
Para Schmitt, el intelectual es una víctima de las circunstancias. Cuando el enemigo tiene el poder, los sediciosos harán su revuelta mientras que el intelectual debe protegerse como sólo él sabe. Es que él es demasiado valioso para morir. ¿No se aprecia, acaso, la radical diferencia con Sócrates — y hasta con Jesús? Pero si Platón aconsejó al tirano, ¿por qué él no pudo "aconsejar" al Führer? Carl Schmitt no se retracta, es cierto, pero sí se esconde tras la moderna etiqueta de intelectual. Y cierra el pasaje de manera inmejorable aludiendo a Tomás Moro, no por su martirio sino por las "concesiones asombrosas" que le hizo al tirano antes del mismo (así, sin profundizar en lo más mínimo), y cita una frase de las Saturnales de Macrobio que considera como un argumento de validez imperecedera: "No puedo escribir contra quien puede proscribir". La cita es incorrecta porque lo que dice Macrobio es que no es fácil hacerlo, no que no puede. Schmitt la vuelve a utilizar en un interrogatorio escrito de Nuremberg, cuando se le pregunta: "¿En qué medida ha proporcionado usted la base teórica de la política hitleriana del 'gran espacio' (Grossraum)?". Incluso en su versión la cita de Macrobio es inadecuada, porque con ella sostendría que no puede exigirse al intelectual —jurídicamente, al menos— que escriba contra el tirano, cuando la acusación no es esa, sino que habría puesto su intelecto a favor del tirano. Un jurista que se respeta sabe distinguir entre omisión y acción, así como entre culpa y dolo. La denuncia es por una acción dolosa. Schmitt apela entonces a Benito Cereno, relato de Herman Melville en el que el personaje de ese nombre, capitán de un galeón español que transporta esclavos de Valparaíso al Callao, es hecho prisionero por los esclavos que se han amotinado y tomado el control de la nave. En el camino a Senegal, estos son interceptados por un barco americano. Babo, el jefe de los esclavos, obliga a Don Benito a actuar como si él siguiese al mando hasta que el capitán americano se marche. Éste accede pero se comporta de manera extraña y dice una serie de frases que son elocuentes para todos menos para el americano. Schmitt se presenta como un Don Benito verídico, al que, frente a la amenaza nazi, sólo le quedaba recurrir a frases enigmáticas que sus jueces americanos no podrían entender. Hay que admitir que el recurso es original y pasaría por eficaz, si no fuese —para variar— por los detalles. En primer lugar, en ningún momento pareció que Schmitt hubiese estado pidiendo ayuda frente al régimen de Hitler. En todo caso, en el relato, Don Benito sigue estando bajo amenaza; no así Schmitt que ya estaba fuera del régimen nazi y podía hablar claramente pero no lo hacía. En segundo lugar, al resto de los que estuvieron en la nave alemana no les resultaba tan evidente que Schmitt estuviese en contra de las políticas oficialistas. En tercer lugar, los intelectuales de renombre —salvo que fuesen judíos— no estuvieron especialmente amenazados si no ocupaban cargos importantes. Ese es por ejemplo el caso de Heidegger, que nunca alegó en su defensa algo similar a lo de Schmitt porque cuando no estuvo de acuerdo con las políticas del Führer simplemente renunció a su cargo como rector en Friburgo. Y, por último, efectivamente hay, por decir lo menos, un "aire de familia" entre la teología política de Schmitt y la ideología nacionalsocialista. Si alguien replicase que eso mismo pasa, por ejemplo, con Nietzsche, no es difícil refutar tal asociación con los propios textos de éste. Con los de Schmitt, en cambio, las cosas no son así de fáciles. Recuérdese además que hubo importantes nazis que se opusieron a la inclusión de Nietzsche dentro de su canon por considerar que su nihilismo era contrario a los principios del nacionalsocialismo (y también por los fragmentos donde es implacable contra el antisemitismo y el nacionalismo alemán). En el caso de Schmitt también hubo nazis en su contra, pero porque consideraban que su adhesión era oportunista y falsa, y no porque hubiese una contradicción teórica de fondo.

Epimeteo:
A diferencia de su hermano Prometeo, Epimeteo no es previsor, no puede anticiparse a los hechos y sólo comprende las consecuencias de sus actos una vez que estos se han consumado. Carl Schmitt lo convierte en su alter ego, pues ve en él la negación de las abstracciones, el apego a la experiencia y a la teoría realista. Soy un "Epimeteo cristiano" (p. 27), dice de sí, pero tal "cristianización" no le da derecho a torcer tanto al personaje como para santificarlo, dejando de lado la función original del mito griego, dentro del cual, en todas sus menciones, Epimeteo es la representación de la torpeza humana por no ser capaces de prever las consecuencias de nuestros actos. Sí, Epimeteo es torpe y le causa daño a la humanidad entera. Schmitt toma a Epimeteo para oponerlo a los modernos Prometeos y quedarse sólo con él. La sabiduría griega, en cambio, consiste sobre todo en evitar las simplificaciones; por eso conciben que tanto la previsión de Prometeo como el tardío reconocimiento de Epimeteo son aspectos mutuamente constitutivos de la naturaleza humana. Todo hombre tiene algo de ambos titanes, que son sus abuelos (Pirra, hija de Pandora y Epimeteo se une al hijo de Prometeo, Deucalión, y ambos fueron los padres del género humano). Schmitt personaliza a los opuestos de modo tal que un hombre puede ser el extremo opuesto de otro y en ese sentido uno necesita de su enemigo, pero "olvida", con ese burdo esencialismo, que el camino que siguieron los griegos encontró al peor enemigo dentro de uno mismo, y sólo entonces fue posible el pensamiento.

Tocqueville:
Como último punto quiero referirme a las breves cinco reflexiones que dedica el autor a Tocqueville bajo el título "Historiographia in nuce: Alexis de Tocqueville" (pp. 37-42). Primero hay que recordar el contexto: Schmitt está siendo procesado por los americanos. ¿Es ilógico entonces que abordase al principal promotor europeo de la democracia americana? La primera reflexión nos plantea el tema historiográfico de si las historias las escriben los vencedores o los vencidos. Al final de la misma menciona que ninguna guerra es tan grave como la guerra civil (aun si se pierde la esperanza, el orden interno no debiera perderse) y se lamenta de que quienes citan la frase de Heráclito —"La guerra es madre de todas las cosas"— no piensen en la guerra civil. A este respecto conviene aclarar que no por gusto a Heráclito se le llamaba "el oscuro". Las observaciones que Schmitt hace de la guerra están bastante lejos de la oscura identidad de los contrarios, según la cual, al decir "la Guerra es padre y rey de todo" —que esa es la frase de Heráclito—, se está afirmando que cuando se está en guerra también se está en paz.

La segunda reflexión empieza con un elogio de la capacidad de Tocqueville para ver, más allá de los cambios coyunturales y de las tendencias opuestas, "el camino hacia (...) una humanidad centralizada y democratizada" (p. 39). Estamos aquí ante un punto neurálgico de la posición schmittiana: la presunta configuración de la democracia como una suerte de "pensamiento único". Una vez que ganaron los aliados, Schmitt ve caer la única resistencia fuerte contra la confirmación de la tesis de Tocqueville del afianzamiento imparable de la democracia, sea a partir de las "formas liberales de organización" (América), o sea a partir de las formas dictatoriales (Rusia). De aquí van a ir surgiendo los principales rechazos reaccionarios de la democracia que llegan hasta nosotros. Parece extraño que se critique a un sistema deliberativo por su univocidad. Desde luego que podría argumentarse que esa diversidad inclusiva y libertad de elección son sólo aparentes. En el Perú, por ejemplo, la regla ha sido una democracia meramente electoral que encubre a una oligarquía controlando el país, pero eso no invalida en absoluto los presupuestos democráticos; tanto así, que precisamente aparecen discursos que demandan radicalizar la democracia. No corresponde ahondar aquí en esa discusión, pero sí señalarla en tanto que esta intuición de Schmitt tiene sus seguidores que preconizan una alternativa "políticamente incorrecta". En realidad, no hace falta demasiada sagacidad para advertir en esto también la abundancia de intencionadas simplificaciones y sobreinterpretaciones. Es fácil simplificar para sacar algún provecho. La tarea de la filosofía es exactamente la contraria.

La tercera reflexión continúa el elogio de la lectura histórica de Tocqueville, que colocaba los ejes del destino de Europa fuera de ella, en Estados Unidos y Rusia, aun antes de su desarrollo industrial. En las dos últimas reflexiones Schmitt tuerce sutilmente el elogio: "Tocqueville era un vencido. Se concentraron en él toda clase de derrotas..." (p. 40). Estaba naturalmente dispuesto para ser un "Epimeteo cristiano", pero ya había "sucumbido" al agnosticismo de su época y sobre todo carecía de un Kat-echon, concepto schmittiano tomado de la traducción griega de san Pablo para observar la misión que tendría el imperium cristiano de "retener" el advenimiento del Anticristo (léase: la democracia descrita por Tocqueville). Ya bastante problemático es encontrar un imperium cristiano en las cartas paulinas, pero dejemos eso también. Schmitt toma la caracterización de Tocqueville como "un vencido que acepta su derrota" de Guizot y Sainte-Beuve. A diferencia de estos, él pretende tomar la frase sin su mala intención, pero no lo logra porque no puede dejar de verlo como un aristócrata vencido por la irresistible ola democrática, cuando su biografía y sus obras nos muestran más bien a un hombre que ya no se considera miembro de su noble ascendencia, y no por estar ésta coyunturalmente derrotada —dejémosle ese oportunismo a Schmitt—, sino porque tenía un auténtico interés científico en busca de las mejores posibilidades políticas para Europa y para Francia en particular. La noción que Tocqueville tiene de la historia es mucho más plena precisamente porque no tiene un Kat-echon que le nuble la vista. Schmitt está demasiado marcado por su paranoica necesidad de enemigos. A este respecto habría que recordar las palabras de Heidegger: "Si hubiera en el pensar adversarios y no meros enemigos, más favorablemente le iría a la cosa del pensar" (Desde la experiencia del pensar).


Título: EX CAPTIVITATE SALUS. EXPERIENCIAS DE LA ÉPOCA 1945-1947
Autor: CARL SCHMITT
Formato: 12 x 20 cms.
Páginas: 104
Editorial: Trotta
Ciudad: Madrid
Año: 2010
Traducción: Anima Schmitt de Otero
Edición: Julio A. Pardos
ISBN: 978-84-9879-139-6

Reseña editorial:
Ex captivitate salus (1950), un puñado de textos compuestos fundamentalmente entre Berlín y Núremberg, entre 1945 y 1947, contiene una recapitulación, y un relanzamiento de la obra toda de Carl Schmitt. Siempre con firme anclaje en el derecho —en la jurisprudencia—, despliega la meditación acerca del enemigo hacia múltiples campos de la experiencia, la filosofía y la teología, la política y la poesía. Y además constituye un documento de acceso privilegiado a una «catástrofe» que no fue sólo «alemana».

Página Web de la Editorial Trotta.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ejercitación en el pensamiento filosófico de Martin Heidegger

La Editorial Herder acaba de publicar, en traducción de Alberto Ciria, las lecciones que Martin Heidegger impartió en el invierno de 1941/1942, correspondientes a la segunda parte del volumen 88 del plan de la Gesamtausgabe. Heidegger había planeado para dicho semestre dictar un seminario sobre Nietzsche, que fue incluso anunciado pero que no se llegó a realizar. En su lugar dictó uno sobre Hölderlin y éste que ahora se presenta en castellano.

El mencionado volumen de la Gesamtausgabe fue editado por Alfred Denker y publicado en el 2008. Los dos seminarios que lo componen fueron concebidos por Heidegger como "ejercicios" (Übungen). El segundo de ellos (Einübung in das philosophische Denken), que es el que aquí nos interesa, se centra en unas frases de Heráclito y Nietzsche que Heidegger convierte en representativas no sólo de sus respectivas filosofías, o de la suya propia, sino del pensamiento filosófico en general. Se trata, por lo tanto, de una introducción a la filosofía muy al estilo de su autor: pensar en estas frases y en el modo como ellas se nos manifiestan es el único modo de aprender a pensar.

Que la traducción al castellano haya visto la luz a tan sólo dos años de la edición alemana es un buen síntoma de lo activos que están los estudios sobre el más importante pensador alemán del siglo pasado. Por último, no deja de ser curioso y sugerente que la edición española observe con especial énfasis una afinidad entre el pensamiento heideggeriano -en el sentido en que éste se apropia del de sus interlocutores- y la mecánica cuántica.


Título: EJERCITACIÓN EN EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO
Autor: MARTIN HEIDEGGER
Formato: 14.1 x 21.6 cms.
Páginas: 192
Editorial: Herder
Ciudad: Barcelona
Año: 2011
Traducción: Alberto Ciria
ISBN: 978-84-254-2638-4

Reseña editorial:
La filosofía no se hace ni se aprende estudiando, sino pensando. Para ello Heidegger propone dos frases de Heráclito y de Nietzsche, y enseñando a pensar sobre ellas, hace ver hasta qué punto el pensamiento de estos filósofos está emparentado con la mecánica cuántica: “Todos los pensadores piensan lo mismo”, afirmará.

En este volumen se presentan por vez primera en castellano las lecciones que Heidegger dio a sus alumnos que comenzaban los estudios de filosofía en el invierno de 1941/1942.

Ejercitación en el pensamiento filosófico enseña cómo pensar filosóficamente por uno mismo.

Página Web de Herder Editorial.
Página Web de la editorial Vittorio Klostermann.

martes, 22 de febrero de 2011

Senilia de Arthur Schopenhauer

Decía Borges que ni Leibniz es tan optimista ni Schopenhauer es tan pesimista como comúnmente se les piensa. Efectivamente, el filósofo al que su madre consideraba personalmente insoportable y al que Nietzsche calificó como "maestro de la decadencia", prefería la compañía de su perro a la de los hombres, pero nunca llegó a afirmar, por ejemplo, que el infierno fuesen los otros, sino que siempre vio en la alteridad, en la renuncia a la voluntad individual y en la compasión, la posibilidad de una existencia feliz. No por mero sentimentalismo o por el exotismo oriental que se ha extendido entre nosotros bastante superficialmente, sino porque así se sostenía a partir de su concepción metafísica de la naturaleza y del conocimiento y la voluntad humana.

Frankfurt le ofreció a Schopenhauer el refugio para sus últimos 28 años de vida, luego de su fracaso académico en Berlín. Allí pudo publicar nuevas ediciones de sus obras pasadas, así como también varias otras nuevas. Allí escribió sus Parerga y paralipómena, la obra que le dio el renombre que hasta entonces se le había negado por enfrentarse al entusiasmo idealista en que estaba sumida la academia por causa de Fichte, Hegel y Schelling. Allí redactó también sus fragmentos póstumos, entre los que se encuentra este volumen intitulado Senilia. Gedanken im Alter.

En estos textos no se debe buscar demasiada originalidad. Si es cierto que todo filósofo es capturado a lo largo de su vida por una única idea, esto es especialmente evidente en el caso de Schopenhauer. Así como el último Cézanne pintaba el mismo paisaje varias veces, no para lograr el cuadro perfecto sino para resaltar la riqueza de la naturaleza y la variedad perceptiva, Schopenhauer nunca dejó de escribir variaciones y complementos de lo que sostuvo en El mundo como voluntad y representación. No obstante, ello no le quita originalidad a cada nueva página, pues lo mismo requiere expresarse siempre de modos diversos, y especialmente si son las reflexiones libres de quien se ve a sí mismo como alguien que ha llegado serenamente al final de su vida; no con las premuras kantianas por darle coherencia al sistema, sino dedicándose a encontrar los puntos que corroborarían su pensamiento en la ciencia y en la vida cotidiana, con la cual fue siempre muy cercano - como lo testimonia su propia Metafísica de las costumbres.

Tanto los estudiosos de Schopenhauer como sus lectores en nuestro idioma tienen en esta publicación una nueva oportunidad para aproximarse a sus pensamientos no exentos de polémica. Hay que saludar, por lo demás, la impecable edición de Herder.


Título: SENILIA. REFLEXIONES DE UN ANCIANO
Autor: ARTHUR SCHOPENHAUER
Formato: 14.1 x 21.6 cms.
Páginas: 472
Editorial: Herder
Ciudad: Barcelona
Año: 2010
Traducción: Roberto Bernet
ISBN: 978-84-254-2695-7

Reseña editorial:
Entre los papeles del legado póstumo de Schopenhauer se encontró un volumen de unas 150 páginas que el filósofo escribió durante sus últimos años de vida y que tituló Senilia. Día a día anotó en este »libro de pensamientos« el fruto de sus meditaciones cotidianas: citas, reflexiones, recuerdos, consideraciones científicas, observaciones psicológicas, improperios e invectivas, esbozos y planes, reglas de buenos modales y máximas para la vida. Eran las últimas gotas de sabiduría que le ofrecía el pensar filosófico, una medicina del espíritu que le hacía la vejez soportable e incluso agradable. Por primera vez aparece la publicación de este manuscrito transcrito y editado como el mismo Schopenhauer lo concibió.

Página Web de Herder Editorial.

jueves, 17 de febrero de 2011

Discusión sobre el pecado entre Bataille, Daniélou, Hyppolite, Klossowski y Sartre

París, 1944. La guerra no ha acabado aún, sino que recrudece, pero las discusiones filosóficas se mantienen en la capital francesa a la par que los actos de resistencia. En ese contexto, para bien o para mal, Georges Bataille era un escritor muy influyente. Curiosa época, aquella en la que los parisinos se entusiasmaban por un escritor que quería organizar un ritual de sacrificio humano. Hubo quienes se ofrecieron como víctimas; no se crea que no. Lo que no hubo fue alguien que aceptara ser el verdugo; ni siquiera el buen Bataille, con su pecado y su culpa. Por esos años había publicado también su Summa Ateológica, compuesta por tres libros (El culpable, La experiencia interior y Sobre Nietzsche), que más que un tratado de ateísmo era una confusa mezcladera de las alucinadas experiencias, lecturas y pensamientos del autor. Curiosa época, aquella en la que podían reunirse, a pesar de todo, Georges Bataille, Pierre Klossowski, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Maurice Merleau-Ponty, Jean Hyppolite, Maurice Blanchot, Gabriel Marcel, Maurice de Gandillac, el jesuita Jean Daniélou, entre otros, reunidos todos en la casa de Marcel Moré. En realidad, todos esperaban una confrontación entre Bataille y Sartre. Éste, unos meses antes, había escrito el artículo "Un nuevo místico" con duros comentarios sobre La experiencia interior de Bataille; en particular sobre su uso del lenguaje, calificándolo como meramente exhibicionista y carente de provecho alguno.

Sabemos que Sartre no es el menos dogmático de los filósofos en lo que se refiere a juicios literarios, pero esta vez sus críticas dan en el blanco y hasta resultan empáticas. En ellas no encontramos sólo a monsieur Sartre - es más, diría que éste se cuida de que no lo encontremos en absoluto. Allí tenemos más bien a todo filósofo -a la filosofía misma, si se quiere- exigiendo rigor intelectual frente a los sueños especulativos del visionario de moda. A Nietzsche inclusive, malgre Bataille, que lo reclama para sí en tanto "que Nietzsche advirtió: la falsedad de los predicadores que dicen haz esto o aquello" (Diario). Bataille piensa en el predicador Sartre, pero "olvida" que Nietzsche también dice haz esto o aquello, y que Zarathustra también es un poeta mentiroso. Ciertamente, uno lee a Bataille y encuentra una retórica hueca que hace agua por todas partes, inconsistente y a veces inentendible. Ante el arrinconamiento de Sartre, el escritor mismo lo admite: "Sólo hablé desde una posición insostenible". Pero el orgullo del autor místico es una objeción seria para el filósofo.

¿Por qué leer entonces este libro? En primer lugar, porque no es frecuente encontrar discusiones de este tipo editadas y menos en nuestro idioma. En segundo lugar, porque Bataille tiene una actitud respecto a Nietzsche que, aunque me parece que no la desarrolla bien, es mucho más honesta que la de aquellos que quieren cristianizar a Nietzsche. Esa actitud es la de no querer cambiar una sola de las líneas de éste contra el cristianismo, sino incluso acentuarlas, para que de esa negación radical espontáneamente surja un mejor cristianismo, un "hipercristianismo" sin cristianismo. Eso no es lo que Nietzsche quisiera de sí, dado que él sí propone dejar atrás el cristianismo, pero Bataille es libre en sus querencias. Y en tercer lugar, conviene leer esta discusión porque en ella uno puede ver, como he dicho antes, una actualizada defensa de la filosofía, encarnada por Sartre, similar a la de Platón contra los sofistas, la de Kant contra Swedenborg o la de Nietzsche contra la moral de esclavos del vulgo. La Discusión sobre el pecado, que empieza con una recensión hecha por Klossowski de las tesis principales del texto "La cima y la decadencia" (que Bataille colocaría después como capítulo de su Sobre Nietzsche) y un comentario del cura Daniélou, incluye también comentarios sobre la amistad, la risa, el tedio, la ambivalencia de lo sagrado, el ser y la nada, etc.

Me imagino a Camus. ¿Por qué estaba allí? El pecado no podía interesarle demasiado, pero sí que se discutiese sobre Nietzsche. La grabación sólo registra su silencio. Yo daría mi reino por saber lo que se dijo a sí mismo. A lo mejor no me equivoco y miraba -como yo- con una mirada amable al niño Bataille. Por otro lado, a su amigo Sartre, lo vería como alguien que se tomaba quizá demasiado en serio las travesuras literarias del pueril escritor, pero también como el filósofo que está en todo su derecho de denunciar la falta de coherencia y de integridad intelectual de esa "mística" que lo soporta todo y bajo cuya protección Bataille bien podía vender gato por liebre, como de hecho lo hacía. ¡Y vaya que lo hacía!


Título: DISCUSIÓN SOBRE EL PECADO
Autor: GEORGES BATAILLE (ET AL.)
Formato: 14 x 20 cms.
Páginas: 120
Editorial: Paradiso
Ciudad: Buenos Aires
Año: 2005
Traducción: Américo Cristófalo y Hugo Savino
ISBN: 978-987-940-949-3

Reseña editorial:
"Puesto que el hacha caía sobre la cabeza de la víctima, cuando el ejecutor del sacrificio se acercaba a ella no tenía la posibilidad de escapar al sentimiento de culpa que se le imponía sino por medio de una actuación muy grosera, y que no tenía ningún contenido. Me parece que el sacrificio antiguo era más entero, comparable al sacrificio asumido por un cristiano que se hundiera voluntariamente en el pecado y pensara que no puede evitar descender al abismo para que la redención se cumpla". Georges Bataille.

Página Web de Paradiso Editores.

domingo, 13 de febrero de 2011

Estética como fenomenología de Günter Figal

Günter Figal, reconocido fenomenólogo y profesor de la Universidad de Friburgo, ha publicado un muy prometedor tratado de fenomenología del arte. Si bien ha habido fenomenólogos que han dedicado algunos estudios al arte (por lo general a la pintura), ninguno del que tenga conocimiento había desarrollado toda una teoría estética, como lo hace ahora Figal.

La nota editorial señala que se trata de un conjunto sistemático a través del cual su autor considera a las artes visuales, la poesía y la música (que ya era una ausencia notable en la tradición fenomenológica), así como la danza, la horticultura (antes sólo considerada por Schopenhauer), la arquitectura y la cerámica (usualmente descartada por artesanal). Todo esto lo hace mediante referencias a obras de arte concretas y a sus propias experiencias.

Como si eso no fuese motivo suficiente para interesarse en la obra, se nos indica asimismo que a pesar de ser un estudio fenomenológico en sentido estricto (es decir, marcado decisivamente por Husserl), Figal parte de una reformulación de la estética kantiana, lo cual es un acierto teniendo en cuenta la importancia del criticismo para la fenomenología, para discutir luego con las concepciones del arte de Platón, Aristóteles, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Merleau-Ponty, Gadamer y Adorno. Además, frente a la impronta sociológica que domina en buena cuenta en los estudios estéticos, Figal aborda el tema de la cultura y la importancia de los medios de comunicación, remitiendo en última instancia a lo que la experiencia estética, analizada desde una perspectiva fenomenológica, puede decirnos sobre nuestras experiencias de la vida misma.


Título: ERSCHEINUNGSDINGE. ÄSTHETIK ALS PHÄNOMENOLOGIE
Autor: GÜNTER FIGAL
Formato: 16,4 x 24,4 cms.
Páginas: 304
Editorial: Mohr Siebeck
Ciudad: Tubinga
Año: 2010
ISBN: 978-316-150-515-7

Reseña editorial:
Mit diesem Buch legt Günter Figal eine systematisch ausgearbeitete Ästhetik vor. Er erörtert die Kunst als ganze; er berücksichtigt nicht nur bildende Kunst, Dichtung und Musik, sondern ebenso Künste wie Tanz, Keramik, Gartenkunst und Architektur. Das Buch ist phänomenologisch im strengen Sinne. Es nimmt die Grundlegung der Phänomenologie durch Husserl auf, um sie in der phänomenologischen Reformulierung der von Kant her verstandenen Ästhetik neu zu bedenken. Damit führt das Buch auf seine Weise die Forschungen des Autors weiter, wie sie mit Gegenständlichkeit (2006) und Verstehensfragen (2009) veröffentlicht worden sind. Um das Wesen der Kunst zu bestimmen, bezieht sich Figal immer wieder auf einzelne Kunstwerke. Aus deren Erfahrung und Beschreibung ergeben sich die für das Verständnis der Kunst leitenden Begriffe. Dabei ist Erscheinungsdinge eine Auseinandersetzung mit der Tradition der Kunstphilosophie, das die maßgeblichen Konzeptionen von Platon und Aristoteles, über Hegel und Nietzsche bis zu Heidegger, Merleau-Ponty, Gadamer und Adorno kritisch diskutiert. Das Buch richtet sich auch an die Kunst-, Kultur- und Medienwissenschaften; es lässt verstehen, was im Umgang mit Kunstwerken anders ist als im Umgang mit Texten, Bildern oder Musikstücken, die keine Kunstwerke sind, und macht dabei die besondere Erschließungskraft von Kunstwerken deutlich. So hat Figals Konzeption auch Konsequenzen für das alltägliche Selbstverständnis. Erscheinungsdinge zeigt, wie das menschliche Leben durch die Kunstwerke als bedingtes Leben inmitten der Dinge erfahrbar wird.

Página Web de Mohr Siebeck.

jueves, 10 de febrero de 2011

Estética del aparecer de Martin Seel

Me sucede con frecuencia, cuando converso con jóvenes estudiantes de filosofía y me refiero a la experiencia estética en relación con el arte, que me preguntan como esperando que me corrija: ¿experiencia estética o experiencia artística? Esta no es una pregunta trivial, sino que refleja una grave disociación en el ámbito académico entre estética (en el sentido de aisthesis) y filosofía del arte. Martin Seel, autor de este libro, considera que una comprensión cabal del arte, en tanto experiencia individual y cultural, no es posible si se mantiene dicha disociación. A partir de allí, Seel elude una aproximación metafísica para más bien dar paso a una consideración sobre el fenómeno mismo del aparecer. En lo fundamental, este es un estudio fenomenológico del arte que se erige también como una antropología filosófica. Se trata, por lo tanto, de una obra enteramente recomendable, sobre todo para quienes creemos que la filosofía del arte, perdida hoy entre las viejas especulaciones metafísicas y el sinsentido postmoderno desde el cual todo es arte, tiene todavía un terreno promisorio en la indagación que se ajusta a las experiencias sensibles.


Título: ESTÉTICA DEL APARECER
Autor: MARTIN SEEL
Formato: 13 x 20 cms.
Páginas: 310
Editorial: Katz Editores
Ciudad: Madrid
Año: 2011
Traducción: Sebastián Pereira Restrepo
ISBN: 978-849-294-614-3

Reseña editorial:
Dado que la capacidad para encontrar una realidad estética es la forma central de la percepción humana, el significado existencial y cultural de la experiencia estética sólo puede ser comprendido si se unifican la estética y la filosofía del arte, separadas en las últimas décadas tanto por la filosofía continental como por la filosofía analítica. Es ése el objeto de esta obra, en la que Martin Seel postula que la estética no comienza con los conceptos de ser o de apariencia sino con el de aparecer. El aparecer -señala- revela la realidad que comparten todos los objetos estéticos, por muy diferentes que puedan ser en otros aspectos. Desde esta perspectiva, percibir las cosas y los acontecimientos momentánea y simultáneamente, tal como aparecen ante nuestros sentidos, representa un medio genuino de experimentar el mundo. Y la conciencia que así emerge es una facultad antropológica central: al percibir la insondable particularidad de algo dado a los sentidos se obtiene una percepción del presente indomeñable de nuestra existencia. La atención al aparecer es por tanto al mismo tiempo una atención hacia nosotros mismos.

Página Web de Katz Editores.